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Emprendimiento para el desarrollo social

miércoles 07 de marzo de 2018 - 11:06 UTC

Francisco Polo

La Universidad de Invierno de Arona 2018 dedicó uno de sus cursos al talento emprendedor, contando con un invitado de excepción: Francisco Polo, creador de la plataforma de peticiones digitales Actuable, cuyo éxito en menos de un año condujo a su adquisición por parte de Change.org, empresa a la que Polo estuvo vinculado hasta principios de 2017. Ahora retoma su actividad de promoción del emprendimiento, entendido como un recurso para lograr el desarrollo social, desde otra posición diferente: la política activa.

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¿Nos puede comentar en qué consistió su conferencia?

Se titula “España: Paraíso del talento”, y viene de una reflexión íntima que tuve en mi última etapa como director de Change.org, cuando ya tenía la sensación de que mi papel estaba completo, que me sentía realizado porque habíamos ayudado a mucha gente y me planteaba qué era lo siguiente que podía hacer.

En la vida de cualquier emprendedor tecnológico, lo siguiente siempre es crear otra empresa tecnológica más grande y con más impacto. Y realmente estaba en esa posición, porque tenía acceso a ingenieros y diseñadores de alrededor del mundo, tenía un conocimiento y una madurez que no tenía hace siete años y tenía acceso a la financiación.

Sin embargo, me di cuenta de que no podía hacer en España ese tipo de emprendimiento, tenía que irme a algún centro donde pudiera atraer ese talento y financiación, como Londres, Nueva York o San Francisco. Y no estaba dispuesto, porque ese siempre ha sido un dilema al que me he tenido que enfrentar muchas veces en mi vida: optar por una carrera con muchas renuncias o hacer lo que realmente uno quiere. Y a mí lo que me gusta es emprender, vivir y ayudar a mi país y a su gente.

Así que, en lugar de irme fuera, empecé a pensar en convertir España en una plataforma para que cualquier persona pueda crear una empresa tecnológica, investigar o innovar y tener un éxito como el que yo he tenido la suerte de vivir con Change.org.

 

¿Y qué haría falta para lograrlo? Porque ahora la legislación y la política no parecen estar creando el ecosistema adecuado.

Lo primer es una cuestión que parece muy básica, que es la necesidad de que haya una visión política. Necesitamos saber qué país queremos ser. A mí me gustaría construir un país emprendedor, donde cualquier chaval o cualquier chica pudiera crear su emprendimiento, hacerlo crecer, tener conocimiento cercano porque hay una red de emprendedores que los ayudan, encontrar la financiación, expandirse, convertirse en una empresa que se desarrolle alrededor del mundo pero mantenga su sede en España, y que ayude con sus impuestos a contribuir a hacer una economía mejor aquí.

O que un científico pueda desarrollar su carrera, marcharse fuera y volver y, con el conocimiento adquirido, participar en grandes centros de investigación que sean referentes en el mundo y que den lugar a descubrimientos e invenciones que luego puedan ser aplicados por innovadores para convertirlos en nuevas empresas y conseguir generar un nuevo círculo virtuoso de la economía.

Esto que acabo de describir es algo que he echado en falta en muchos políticos de nuestro país. Y cuando hablé con el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, me dijo que en lugar de hacer lo que iba a hacer yo, que era escribir un libro o hacer un documental, diera un paso para convertirlo en políticas reales para llegar al gobierno y cambiar el país. Y esa es la diferencia: esa visión.

Y luego, cuando uno tiene esa visión, otro elemento es el trabajo, que siempre ha sido lo que me ha acompañado en mi vida: visión y trabajo. Y eso es lo que estoy haciendo ahora: tenía esa visión, y en el Partido Socialista estamos realizando una serie de planes, de grades acuerdos de país, para llegar del punto en el que estamos ahora a esa visión.

 

En ese plan, imagino que una parte importante será convencer a la iniciativa privada, que suele ser conservadora a la hora de apoyar la innovación y el riesgo.

Claro. Ahí es muy importante porque no todos somos iguales. Existe una visión socialdemócrata de cómo gestionar el emprendimiento, la ciencia y la innovación.

Pensemos en el ejemplo del iPhone. Es el gran paradigma del emprendimiento que comienza con tres chicos en un garaje que crearon el Macintosh; tuvieron un tremendo éxito en los 80 y 90; echaron a Steve Jobs; cuando la empresa empezó a ir mal lo llamaron de nuevo; Jobs lanzó el iPod, que fue un gran éxito para Apple; y, finalmente, uniendo una serie de tecnologías, anunció el iPhone, que ha convertido a Apple en la gran empresa tecnológica del mundo.

Es una gran historia de un emprendimiento de un sector privado. Sin embargo, hay una parte que no nos han contado. Y es que el iPhone está compuesto, entre muchas otras, por doce tecnologías fundamentales financiadas directamente o indirectamente por el gobierno de Estados Unidos: la pantalla táctil, la pantalla por gestos, el GPS, la wifi, los protocolos de Internet y toda la nanotecnología que reúne el iPhone. Todo es fruto de la investigación directa del Estado, que se produjo porque hubo una serie de presidentes que tenían una visión e hicieron que el país diera grandes saltos adelante. Eso es lo que queremos hacer nosotros.

Cuando el Estado tenga, primero, una visión, y luego unos planes de impulsos y misiones para colocar a España a la cabeza en sectores determinados, como podrían ser la biomedicina o la energía, será la empresa privada la que también quiera acompañar a esa aventura. Porque, honestamente, la empresa privada o los fondos de capital riesgo van a financiar aquello cuyo riesgo puedan llegar a asumir y aquellas empresas de las que puedan recuperar el dinero al cabo de unos años.

Pero, ¿qué pasa con esas apuestas a muchos más años vista, que tienen que llevar a cabo los países en cuestiones energéticas o de seguridad? Esas tienen más incertidumbre y las tiene que afrontar el Estado, que debe ser emprendedor e innovador para llegar a esos lugares que la empresa privada jamás va alcanzar. Y luego, en otros terrenos donde el riesgo está ya más medido, ahí se podrá trabajar de manera conjunta con partenariados público-privados.

 

¿Qué cualidades cree que debe tener una persona emprendedora?

Lo primero: no todo el mundo tiene que ser emprendedor. Cuando hablo de un estado emprendedor, no me refiero a forzar a todo el mundo a emprender; eso es una visión muy de la derecha que, como no crea empleo, dice: “Pues emprende”. Yo lo que quiero es que, aquel que realmente quiere ser emprendedor, pueda realmente triunfar desde España.

Se necesita, en primer lugar, una buena idea, la cual se compone de entender muy bien un problema, encontrar una buena solución y hacerla sostenible económicamente para tener un modelo de negocio viable. Por otro lado, en lo personal es necesario poseer lo que se llama una buena “calidad emprendedora”: ser una persona que sienta pasión por lo que hace, que tenga la inteligencia de saber rodearse de los mejores o, de hecho, de gente mejor que uno mismo porque es la única manera de poder avanzar.

Y, sobre todo, que tenga una visión social, que entienda que esto no trata de enriquecerse, sino de crear empresas, que son instituciones al servicio de las personas para darles un proyecto de vida feliz, bien remunerado, y que tenga un impacto en la sociedad positivo.

 

Me interesa eso que acaba de decir, porque siempre se ofrece una visión del emprendedor como la de una figura muy individualista.

Claro, es que esa es la visión de la derecha. Y yo cuando le digo que existe una visión socialdemócrata de lo que es un Estado emprendedor, es porque hay unos valores que podemos empezar a inculcar e incluso favorecer dentro del terreno del emprendimiento.

Podemos fomentar un entorno del emprendimiento donde sea una cultura del pelotazo, de fiestas y de espacios de misoginia, de discriminación. O podemos crear un entorno como el que yo viví, donde teníamos políticas de igualdad para que no se discriminara a las mujeres en las entrevistas; donde había programas de coaching para mujeres, para que jamás en un proceso de selección se quedaran sin presentarse a un puesto para el que estaban preparadas o dejaran de pedir un incremento de sueldo cuando todos los hombres lo pedían de manera automática.

También podemos generar políticas para que estas nuevas empresas incorporen a toda esa generación de más de 55 años que se ha quedado sin empleo y que no tiene perspectivas de trabajar, porque tiene un conocimiento que es extremadamente valioso para todos estos jóvenes que empiezan a emprender en nuestro país y pueden trabajar de manera conjunta.

Y, sobre todo, estas empresas tecnológicas pueden generar una nueva esperanza para los jóvenes de nuestro país que, a día de hoy, ni siquiera tienen la perspectiva de tener un empleo o de salir del empleo precario que tienen. Con este nuevo sector del emprendimiento, la ciencia y la innovación, podemos crear una nueva economía donde no solamente aspirar a un trabajo, sino a una carrera que les lleve al final de sus días con un trabajo que les guste con un sueldo digno y con la capacidad de haber contribuido al país para generar la riqueza que permita tener una educación, una sanidad, un sistema de dependencia y un sistema de pensiones, que es lo que queremos: un sistema solidario con todo el mundo.

 

Usted se convirtió en emprendedor a raíz del éxito obtenido por una publicación en su blog sobre las bombas de racimo, que llevó a la movilización social y le hizo abandonar su plan de vida inicial, que iba orientado hacia la diplomacia. ¿Qué paso en ese momento por su mente para plantearse un cambio tan radical?

Cuando realicé la campaña de las bombas de racimo, efectivamente estaba opositando para convertirme en diplomático, llevaba ya dos años. Quería ser diplomático para tener un impacto positivo en el mundo, trabajar en Naciones Unidas, ayudar a la gente. Cuando llevamos a cabo esta campaña, en quince días conseguimos movilizar a la gente y lograr un tremendo cambio en nuestro país, que fue terminar con las bombas de racimo. En ese momento me di cuenta de que no necesitaba pasarme años encerrado en una habitación para provocar ese tipo de cambios, que lo podía hacer directamente.

Y al haberlo vivido, ya no era una cuestión de que creyera que se podía hacer, sino que sabía que se podía hacer. Y decidí afrontarlo de manera profesional. Decidí crear una plataforma para que la gente lo pudiera hacer y de nuevo me dijeron que era idealista. Y de nuevo les demostré que estaban equivocados. Ahora, cuando hablo de convertir a España en un país del talento también me dicen que es muy difícil. Y, precisamente porque es difícil, estoy absolutamente determinado a cambiarlo.

 

Este tipo de plataformas, como lo fue Actuable y lo es ahora Change, ¿no pueden tener algún tipo de peligro, al dar la posibilidad de que una persona promueva una iniciativa que dé eco a ideas cuestionables?

Las herramientas son contenedores vacíos y los llenamos nosotros de lo queremos. Por eso, siempre he insistido en que lo más importante es el sentido crítico cuando se vaya a dar un paso para terminar con una injustica. Este tipo de herramientas, y cualquier planteamiento que nos hagamos en la vida, nos pone en la tesitura de tener que elegir. Y por eso es importante que desarrollemos un sentido crítico y sepamos escoger.

Por ello insisto que en cuestiones de emprendimiento, ciencia e innovación hay una visión liberal, que es la que tenemos y nos lleva a la destrucción, al no apostar, a suponer que esto tiene que avanzar solo… y no avanza. Una visión socialdemócrata es en la que el estado apuesta por las cosas. La gente tiene que tener el sentido crítico para escoger una o la otra.

 

Ese sentido crítico y esa mentalidad emprendedora, ¿le debería incorporar a la educación?

Por supuesto. A mí me gustaría una educación donde los docentes ayuden a los niños a descubrir sus pasiones y a desarrollarlas. Y que les den herramientas para enfrentarse a la vida, sea cual sea su empleo del futuro: trabajar en equipo, enfrentarse a problemas, dar con soluciones, cómo encontrar asistencia para hacerlo. Es decir, una serie de competencias que, a día de hoy, desafortunadamente, no se dan en nuestro sistema educativo y nos ayudaría para prepararnos para el fututo, que no sabemos cuál es, pero con este tipo de habilidades siempre estaríamos preparados para cualquier reto que viniera.

 

¿Qué le llevó a volver a incorporarse al mundo de la política activa, sobre todo viniendo del activismo cibernético, el cual se podría considerar una alternativa crítica a lo que es la política habitual?

Decidí crear esa plataforma tecnológica porque había ganado una campaña de activismo que yo había montado por mi cuenta. Para mí, lo importante no era haberla ganado, sino el demostrar a la gente que lo podían hacer ellos mismos. Ahora, lo que me gustaría es convertir España en una plataforma para que cualquier persona pueda crear un emprendimiento de este tipo y tener un futuro en nuestro país. Para hacerlo, hay que articular una visión política. Y para llevar a término una visión política, hay que dar un paso adelante y participar en política.

Se han dado una serie de circunstancias que han hecho que decida decirle que sí a Pedro Sánchez: su liderazgo, el hecho de que comparta esta visión y realmente crea que se puede realizar, y de que el Partico Socialista se ha transformado de una manera radical. Ha sido un partido donde las bases han restituido una situación que les parecía mal, y esto en otros partidos parece difícil que pueda ocurrir, es una cosa que incluso a mí me sorprendió y me hizo reconectar absolutamente con el partido.

Y más ahora que en un comité federal aprobamos unas normas que cambian completamente el funcionamiento del partido para que cualquier persona pueda presentarse a unas primarias. Ahora, un independiente puede ser cabeza de lista en un municipio o en una comunidad autónoma. Esto es lo que hace que el partido pueda ser mucho más permeable y la gente con ideales o que realmente está preocupada por los ciudadanos pueda ocupar puestos de responsabilidad. Para cambiar las cosas hay que dar ejemplo y es necesario dar un paso. Y yo, en este momento de mi vida, creí que era importante darlo.

 

Y reivindicar la política clásica, que parce que está un poco en duda…

La hemos denostado a un nivel tal que gran parte de la ciudadanía que podría estar ayudando a cambiar las cosas decide quedarse en su casa. Si realmente queremos modificar las cosas, tenemos que hacer de la política un espacio admirable y respetable donde queramos participar. Necesitamos a los mejores en la política y, por eso, hay que empezar a cambiar su discurso. Porque la política será lo que queramos nosotros que sea, tanto de los que decidimos participar en política como de los que no.

 

Gabinete de Comunicación


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