Las enfermedades raras afectan a millones de personas en todo el mundo, aunque cada una de ellas tenga una baja prevalencia. En Canarias, los datos son especialmente llamativos. Se estima que entre 80.000 y 160.000 personas podrían padecer algunas de estas patologías, una cifra equivalente a casi toda la población de la isla de La Palma o de todo San Cristóbal de La Laguna. A pesar de que existen hasta 8.000 enfermedades poco frecuentes, más del 80% tiene un origen genético y, en más de la mitad de los casos, aparecen en la infancia.
Para los profesionales y personal investigador que trabajan con estas patologías, esta realidad contrasta con la escasez de medios. “Es necesario que haya muchísimos más recursos”, señala Felicitas Díaz Flores, doctora en Medicina y Cirugía por la Universidad de La Laguna (ULL). Además, declara que hacen falta más medios, especialmente en investigación y tratamientos, pero también en el diagnóstico: “Los hospitales requieren suficientes recursos para diagnosticar de una manera más precoz”, señala. Ocasiones como el Día Mundial de las Enfermedades Raras, que se conmemora el 28 de febrero, persiguen crear conciencia social sobre estas patologías e impulsar avances en su diagnóstico y tratamiento.
Uno de los principales problemas a los que se enfrentan las personas con estas patologías es precisamente el diagnóstico. Desde el primer momento, pacientes y familias se topan con el desconocimiento que rodea a estas patologías, la dificultad de acceso a la información especializada y la falta de profesionales o centros de referencia. De media, las personas afectadas reciben al menos una valoración médica errónea y el tiempo que se suele tardar hasta conocer la enfermedad concreta supera los cuatro años.
“Al ser la mayoría recesivas, hay casos en los que ambos progenitores no sospechan nada y de repente tienen un hijo con este tipo de patologías porque el padre y la madre eran portadores sin saberlo”, explica Eduardo Salido, catedrático de Anatomía Patológica en el Departamento de Ciencias Médicas Básicas de la ULL. Esta demora diagnóstica tiene consecuencias graves, provocando que en un 30% de los casos la enfermedad empeore.
Según Elena Ramos, co-investigadora principal en la Unidad de Investigación del Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria (HUNSC), cuando el diagnóstico finalmente llega, muchas veces ya es tarde: “las personas suelen estar en un estado bastante deteriorado y no hay soluciones para ofrecerles”. También, hay que añadir el factor de que los síntomas se confunden con enfermedades comunes, como sucede en las tubulopatías primarias.
El impacto emocional en las familias
Más allá del impacto clínico, las enfermedades de baja prevalencia tienen profundas consecuencias emocionales y sociales. Felicitas Díaz subraya que las familias viven el momento del diagnóstico con “mucha angustia”, sobre todo cuando solo el padre o la madre ha transmitido la alteración genética. “Existe un fuerte sentimiento de culpabilidad y de incertidumbre sobre lo que puede pasar”, explica la doctora. Sin embargo, insiste en que “una enfermedad genética no se puede decidir ni modificar, solo cuando se conoce se pueden tomar medidas”.
Ante la soledad inicial, las familias tienden a organizarse. “Cuando te diagnostican hay mucha soledad y no es fácil encontrar respuestas”, explica Elena Ramos. Las asociaciones de pacientes se convierten en un apoyo fundamental: “Las familias necesitan ayudarse entre ellas, pero también el respaldo a nivel científico y clínico”, añade.
El papel clave de la genética
Desde 2016, en el Hospital Universitario de Canarias (HUC), se ofrece asesoramiento genético para ayudar a las personas afectadas. “Desde entonces hemos estudiado a 3100 familias”, explica Felicitas Díaz. La Unidad Genética ha recibido en estos diez años principalmente pacientes derivados de pediatría (822), seguidos de cardiología (750), neurología (580), nefrología (194) y oftalmología (180).
El proceso de diagnóstico sigue una serie de fases muy concretas. En primer lugar, se selecciona el llamado caso índice, es decir, la persona que realmente presenta la enfermedad. A partir de ahí, se realiza una primera consulta para elaborar un árbol genealógico detallado. “Hay cinco tipos de herencia y muchas veces, solo viendo el árbol, ya podemos presuponer el tipo de herencia”, señala la doctora.
En esta primera visita se informa al paciente de las probabilidades de padecer la enfermedad, si existe tratamiento y se realiza una extracción de sangre. En una segunda consulta, se entregan los resultados y un informe genético completo, en el que se explica la mutación detectada, el modelo de herencia y cómo podría afectar a la descendencia.
Un ejemplo histórico en Canarias
Canarias constituye un caso paradigmático en el estudio de las patologías de este tipo, particularmente aquellas que tienen un componente genético ligado a la historia y al aislamiento poblacional. Un ejemplo destacado es la hiperoxaluria primaria, una enfermedad hepática poco frecuente que se caracteriza por la producción excesiva de oxalato, una sustancia que puede dañar gravemente los riñones y otros órganos. Esta condición es significativamente más prevalente en las islas en comparación con otras regiones, un fenómeno llamado efecto fundador.
Esto se produce cuando una población muy pequeña se encuentra aislada geográficamente y genéticamente, de manera que ciertos genes, incluyendo mutaciones que causan enfermedades, se vuelven más comunes porque quienes portan la mutación se reproducen dentro del mismo grupo. Eduardo Salido explica que esto fue lo que sucedió entre los siglos XVIII y XIX, “cuando las comunidades eran reducidas y existía un alto grado de consanguinidad debido a matrimonios entre familias cercanas”.
Además, los estudios genéticos han revelado que la mutación responsable de la hiperoxaluria primaria en Canarias es muy antigua y presenta paralelismos con variantes encontradas en poblaciones del norte de África. “Esto sugiere que ya estaba presente en personas que vivían en el archipiélago antes de que llegara la población peninsular a las islas”, declara el catedrático.
Investigar sin rentabilidad
La investigación en enfermedades raras es fundamental, pero también especialmente compleja. Elena Ramos señala que “por su rareza y menor frecuencia, hay muy pocos casos en el mundo y no despierta interés por parte de las grandes empresas farmacéuticas”. Además, añade que el estudio de estas patologías “no solo es importante para buscar estrategias terapéuticas, sino para comprender los mecanismos básicos”.
Desde el punto de vista científico, el trabajo suele hacerse sin reconocimiento ni impacto mediático. “La repercusión de las publicaciones no es comparable a la de otras enfermedades”, afirma Ramos, que destaca la necesidad de colaboración ante la falta de información: “Cualquier mínimo estudio es superrelevante”, sostiene la investigadora.
Además, Eduardo Salido coincide en que la colaboración es clave: “Son muchas enfermedades y es imposible estar especializado en todas, por lo que se requiere que haya grupos que profundicen en cada una y que trabajemos de manera coordinada y en red”. manifiesta.
Respecto al tema económico, la falta de rentabilidad es otro gran freno en la investigación. “Muchas veces no sale rentable hacer estudios, por eso se habla de medicamentos huérfanos de sponsor”, explica el catedrático. La industria farmacéutica suele implicarse solo cuando ya existe una prueba de concepto sólida: “Cuando está demostrado que el tratamiento funciona en ratones, entonces sí aparecen”.
Cribado neonatal: detectar antes de que aparezcan los síntomas
Una de las herramientas más eficaces para la detección precoz es el cribado neonatal, conocido como la prueba del talón. Canarias se sitúa actualmente entre las tres comunidades autónomas más avanzadas. “Empezamos cribando siete enfermedades en 2023 y ahora estamos en 45”, destaca Felicitas Díaz.
No obstante, solo se incluyen enfermedades que tienen tratamiento. “Nunca se va a cribar una enfermedad genética para la que no hay”, subraya la especialista. La mayoría de las pruebas son bioquímicas, ya que deben ser rápidas y económicas para aplicarse a los más de 12.000 bebés que nacen cada año en el archipiélago. Sin embargo, hay patologías cuyo cribado es exclusivamente genético, como la fibrosis quística, la atrofia muscular espinal o las inmunodeficiencias.
Por otra parte, más del 50% de las enfermedades de baja prevalencia aparecen en la población infantil. “Detectarlas antes de que aparezcan los síntomas es clave, porque una vez instauradas, provocan daños irreversibles”, manifiesta Díaz.
De cara al futuro, ya se está planteando un cribado genético aún más amplio. “Sería un escenario muy alentador poder analizar de inicio todas las enfermedades genéticas”, apunta la doctora, que también aborda la cuestión de los estudios de compatibilidad genética entre parejas antes de tener hijos.
La reproducción en personas portadoras de enfermedades poco frecuentes plantea desafíos éticos y médicos complejos, especialmente cuando se trata de prevenir la transmisión de mutaciones graves a la descendencia. Según Felicitas Díaz, “en todos aquellos casos con patologías graves que quieran tener hijos libres de esa patología, se les lleva a un comité y se utiliza el método DGP (diagnóstico genético preimplantacional). “Varios óvulos y varios espermatozoides se juntan fuera del óvulo materno para generar una serie de embriones y se le extrae una célula a cada uno para estudiarlos y saber si tienen o no la mutación que causa la enfermedad rara”, explica la doctora.
Solo aquellos que no portan la mutación se implantan posteriormente en el útero materno, asegurando que el bebé nacido tenga menos riesgo de desarrollar la patología. Este método no solo ofrece a las familias la posibilidad de tener hijos sanos, sino que también permite “cortar la línea sucesoria” de mutaciones graves que, de otra manera, podrían perpetuarse a la descendencia.
Avances y retos en los tratamientos
La mayoría de las enfermedades raras continúan sin un tratamiento eficaz, lo que representa un desafío importante tanto para los pacientes como para los profesionales de la salud. “Por lo general, no hay un tratamiento específico disponible”, reconoce Elena Ramos. Aun así, subraya que los avances científicos registrados en las últimas décadas han abierto nuevas posibilidades terapéuticas.
Entre los casos que ofrecen mayor esperanza se encuentra la hiperoxaluria primaria. “Hasta hace pocos años, los pacientes necesitaban un trasplante de hígado y riñón, un procedimiento con una mortalidad cercana al 10%”, explica Eduardo Salido. Gracias a los avances recientes en medicina genética y terapias dirigidas, hoy algunos pacientes pueden controlar la enfermedad con estrategias menos invasivas. Entre ellas, se incluyen cambios en el estilo de vida, como mantener una ingesta diaria de entre dos y tres litros de agua, y tratamientos específicos, reduciendo la producción de oxalato y, por tanto, disminuyendo el daño renal y sistemático.
“Me considero una persona afortunada, porque he podido ver el final del túnel”, confiesa Salido, refiriéndose a los progresos que han mejorado notablemente la calidad de vida de los pacientes con hiperoxaluria primaria. Sin embargo, el investigador enfatiza que esta situación es todavía la excepción y no la regla. “No creo que más del 10% de las enfermedades raras cuenten con un tratamiento eficaz”, advierte.
Este panorama pone de relieve la necesidad de continuar impulsando la investigación científica, no solo para encontrar nuevas terapias, sino también para comprender mejor la diversidad genética y los mecanismos subyacentes a estas patologías, con la esperanza de que cada vez más pacientes puedan beneficiarse de tratamientos personalizados y efectivos.
Este reportaje es una iniciativa enmarcada en el Calendario de Conmemoraciones InvestigaULL, proyecto de divulgación científica promovido por la Universidad de La Laguna.
Unidad de Cultura Científica y de la Innovación (Cienci@ULL)




