Skip to main content

La brecha que persiste

martes 03 de febrero de 2026 - 10:48 GMT+0000

El autor de este estudio, José Enrique Rodríguez Hernández, en su despacho de la Facultad de Economía, Empresa y Turismo.

La pandemia de la COVID-19 puso a prueba no solo los sistemas sanitarios y económicos, sino también el equilibrio interno de los hogares. Con escuelas cerradas, teletrabajo forzoso y una reorganización abrupta de la vida cotidiana, surgió una pregunta clave: ¿reforzó el confinamiento las desigualdades de género en el empleo y en el reparto del trabajo doméstico?

A esta cuestión responde el investigador del Departamento de Economía Aplicada y Métodos Cuantitativos de la Universidad de La Laguna José Enrique Rodríguez Hernández en su reciente estudio publicado en 2025 en Journal for Labour Market Research y que ha titulado “How has the partner influenced the spouse’s employment situation in Spain before and during Covid-19?”. Este trabajo, que ha despertado interés académico internacional, ha sido nominado a varios premios por su enfoque innovador y su relevancia social.

Durante las últimas décadas, la participación laboral femenina en España ha aumentado de forma notable, impulsada por un mayor nivel educativo y aspiraciones profesionales más elevadas. Este proceso ha dado lugar a un crecimiento de los hogares con doble ingreso y ha debilitado el modelo tradicional del hombre como único proveedor económico.

Sin embargo, como señala Rodríguez Hernández, este avance no siempre ha ido acompañado de una redistribución equitativa del trabajo doméstico y del cuidado de los hijos. “La gran pregunta”, explica, “es si ese aumento del empleo femenino ha venido acompañado de un reparto más justo de las responsabilidades dentro del hogar”.

El confinamiento de 2020 ofreció un escenario excepcional para analizar esta cuestión. El cierre de colegios y guarderías, junto con el auge del teletrabajo y los expedientes de regulación temporal de empleo, alteró profundamente tanto el mercado laboral como la vida familiar.

Jose Enrique RodríguezEducación y pareja

Lo que distingue a este estudio de investigaciones previas es su análisis conjunto de dos factores claves: la situación laboral de la pareja y el nivel educativo relativo entre ambos miembros del hogar

Hasta ahora, la mayoría de los trabajos analizaban estos elementos por separado, mientras que Rodríguez Hernández los estudia simultáneamente mediante modelos econométricos multinomiales aplicados a datos de la Encuesta de Población Activa de 2019, 2020 y 2021. Además, el estudio no se limita a distinguir entre empleo y desempleo, sino que diferencia entre trabajo a jornada completa, trabajo a tiempo parcial voluntario, tiempo parcial involuntario (subempleo) y desempleo. Este enfoque permite captar con mayor precisión las desigualdades reales del mercado laboral.

Así, uno de los aspectos más relevantes del trabajo es el análisis del subempleo femenino, una realidad aún poco estudiada a pesar de su gran extensión. Según datos del Instituto Nacional de Estadística citados en la investigación, en 2020 el 74 % del empleo a tiempo parcial en España estaba ocupado por mujeres y más de la mitad de ellas trabajaban a tiempo parcial de forma involuntaria; es decir, no por elección, sino porque no encontraban un empleo a tiempo completo compatible con sus circunstancias.

“Estamos hablando de una infrautilización de talento”, subraya el investigador. “Tiene costes económicos, sociales y psicológicos, afecta al bienestar y a la motivación de las personas y también repercute en la productividad y en la actitud con la que se enfrentan al trabajo, lo que impacta directamente en el desempeño de las empresas”.

En términos generales, el subempleo afecta a más del 11 % de las mujeres ocupadas en España, un porcentaje considerable que evidencia que esta es una problemática estructural y no solo un fenómeno individual o circunstancial. La combinación de jornadas parciales involuntarias y cargas domésticas desiguales refuerza la brecha de género en el mercado laboral, manteniendo a muchas mujeres en posiciones con menos proyección profesional, menor remuneración y limitadas oportunidades de desarrollo. Así, el subempleo femenino no solo es un indicador de desigualdad económica, sino también de desigualdad de poder y oportunidades dentro de los hogares y de la sociedad en general.

Los resultados del estudio muestran que, en términos generales, los patrones de empleo de hombres y mujeres no cambiaron de forma drástica como consecuencia de la pandemia. No obstante, sí se detecta un fenómeno relevante: entre 2019 y 2020 se produjo un ligero refuerzo de la división tradicional del trabajo: durante el primer año del confinamiento, los hombres reforzaron su posición en el empleo a jornada completa mientras que las mujeres asumieron una mayor carga de trabajo doméstico y aumentaron su probabilidad de trabajar a tiempo parcial.

Este efecto fue moderado y temporal. En 2021 los indicadores volvieron a niveles similares a los previos a la pandemia. Aun así, el pico de 2020 revela que, en contextos de crisis, las desigualdades de género tienden a reactivarse.

Jose Enrique RodríguezLa situación laboral

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es que la situación laboral y educativa de la pareja influye mucho más en las mujeres que en los hombres: cuando la pareja está empleada, los hombres incrementan su probabilidad de trabajar a jornada completa, con independencia del nivel educativo de su pareja. En cambio, en esa misma situación, las mujeres tienden a aumentar su probabilidad de trabajar a tiempo parcial, incluso cuando cuentan con un nivel de formación superior al de su pareja.

Este resultado contradice parcialmente la teoría del capital humano, según la cual la persona con mayor nivel educativo debería concentrarse en el empleo remunerado. En la práctica, esa lógica no se aplica de la misma manera a hombres y mujeres.

El estudio identifica un escenario clave en el que las mujeres obtienen mejores resultados laborales, cuando existe homogamia educativa en niveles altos, es decir, cuando ambos miembros de la pareja tienen estudios universitarios y están empleados. En estos hogares, las mujeres tienen mayor probabilidad de trabajar a jornada completa, se reduce el subempleo y el desempleo femenino, incluso con hijos menores, y por lo tanto, la penalización laboral es mucho menor.

Según Rodríguez Hernández, esto se explica porque la educación favorece ideologías de género más igualitarias y un reparto más justo del trabajo doméstico. “La evidencia empírica muestra que la educación es el principal mecanismo para revertir estas desigualdades”, afirma.

El trabajo tiene importantes implicaciones para el diseño de políticas públicas. Medidas como la ampliación de los permisos de paternidad, el fomento del teletrabajo o la flexibilidad horaria pueden contribuir a mejorar la conciliación y reducir las brechas de género.

Sin embargo, el investigador insiste en que estas políticas deben ir acompañadas de un cambio cultural profundo. “Se ha avanzado en igualdad de género, pero en España persisten ideologías tradicionales que siguen influyendo en las decisiones dentro del hogar”, señala. Por ello, subraya la necesidad de invertir en educación desde edades tempranas, promoviendo valores de igualdad que tengan un impacto real y duradero en el mercado laboral y en la sociedad.

Jose Enrique Rodríguez.La segregación laboral y el techo de cristal

Más allá del subempleo y las jornadas parciales, el estudio también evidencia que persisten barreras estructurales que limitan la proyección profesional de las mujeres: la segregación laboral y el conocido techo de cristal. Aunque la participación femenina en el mercado laboral ha crecido, su presencia sigue concentrada en ciertos sectores y roles tradicionalmente femeninos, como educación, sanidad y administración. Al mismo tiempo, el acceso a cargos de decisión, gestión y dirección continúa siendo desigual, incluso cuando las mujeres cuentan con mayor formación.

Este fenómeno, conocido como techo de cristal, evidencia que la desigualdad no es solo económica, sino también estructural y cultural. Según el investigador, “la diferencia en oportunidades de promoción y acceso a roles de liderazgo sigue siendo significativa y constituye un reflejo de las persistentes ideologías tradicionales que condicionan la organización del trabajo”.

En conjunto, la segregación de los puestos y las barreras de ascenso refuerzan la desigualdad de género en el mercado laboral. Aunque las políticas de conciliación y la educación pueden aliviar parte del subempleo femenino, la lucha por la igualdad real requiere también transformar las estructuras organizativas y culturales que limitan el acceso de las mujeres a posiciones de poder.

La pandemia no transformó radicalmente el mercado laboral español, pero sí dejó al descubierto una realidad persistente: en momentos de crisis, las desigualdades de género siguen reapareciendo. El estudio de José Enrique Rodríguez Hernández aporta evidencia sólida de que la educación y la corresponsabilidad dentro de la pareja son claves para avanzar hacia una igualdad real. Como concluye el investigador, “la única forma de revertir esta situación es seguir apostando por la educación y por políticas que faciliten la conciliación. Sin eso, las brechas de género seguirán reproduciéndose”.

Gabinete de Comunicación


Archivado en: Economía Aplicada y Métodos Cuantitativos, Investigación, Protagonistas

Etiquetas: , , , ,