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Una tesis de la ULL estudia los factores de valoración y sostenibilidad del suelo agrícola insular en Tenerife

jueves 02 de julio de 2026 - 07:57 GMT+0000

Juan Carlos Santamarta Cerezal, director de la tesis; Santiago M. Barroso Castillo, doctorando, e Ignacio de Martín Pinilllos Castellanos, codirector de la tesis.

El Salón de Grados de la Facultad de Economía, Empresa y Turismo de la Universidad de La Laguna ha acogido recientemente la defensa de la tesis doctoral “Factores de Valoración y Sostenibilidad del Suelo Agrícola Insular: De Los Cultivos Representativos al Sistema Vitícola en Tacoronte-Acentejo Tenerife”, presentada por Santiago Manuel Barroso Castillo dentro del Programa de Doctorado en Desarrollo Regional de la institución académica.

El trabajo, que obtuvo la calificación de sobresaliente cum laude, ha sido dirigido por Juan Carlos Santamarta Cerezal y codirigido por Ignacio de Martín-Pinillos Castellanos y Pablo Alonso González. El tribunal estuvo presidido por Eduardo Rojas Briales, de la Universidad Politécnica de Valencia, y contó con Dirk Godenau, de la Universidad de La Laguna, como secretario, y María Mercedes Hernández González, del IPNA-CSIC, como vocal.

El análisis aborda la sostenibilidad del suelo agrícola en territorios insulares, donde este recurso es limitado y está sometido a la presión urbanística, la fragmentación de las explotaciones y los efectos del cambio climático. En Tenerife, estas condiciones inciden directamente en la viabilidad del sector primario, el acceso a la tierra de cultivo y la conservación del paisaje agrario.

Barroso Castillo explica que decidió centrarse en este ámbito por “la importancia histórica del sector primario para Canarias y, en concreto, para la isla de Tenerife”, así como por la falta de estudios que integren distintas dimensiones de la sostenibilidad agraria. Su planteamiento combina la perspectiva económica, ambiental y edáfica para estudiar cómo se forma el valor del suelo, qué impactos genera la actividad productiva y qué papel desempeña la calidad del terreno en la eficiencia de los cultivos.

El sistema vitícola de Tacoronte-Acentejo sirve como caso de referencia por su superficie, producción de vino y trayectoria histórica. Además, fue la primera zona de Tenerife en contar con una Denominación de Origen, creada en 1992. Entre las principales aportaciones figura la realización del primer Análisis de Ciclo de Vida aplicado a un cultivo concreto en Canarias y en Tenerife, centrado en la producción de uva y vino.

Santiago M. Barroso durante su exposición.

Santiago M. Barroso durante su exposición.

Una de las conclusiones señala que el precio del suelo agrícola no depende únicamente de su capacidad productiva, sino también de factores como la proximidad a zonas urbanas, la disponibilidad de riego o la presencia de construcciones. Para el nuevo doctor, esta realidad ayuda a explicar uno de los principales problemas del sector: la falta de relevo generacional, ya que el encarecimiento del suelo en territorios insulares genera “barreras de entrada” para potenciales jóvenes agricultores.

En el ámbito ambiental, se identifican como principales impactos del sistema vitivinícola el combustible utilizado en las labores de campo, la aplicación de productos fitosanitarios, el uso de botellas de vidrio y el consumo eléctrico en bodega. Según Barroso Castillo, estos resultados tienen una aplicación práctica directa para administraciones públicas, sector agrario y bodegas, al permitir detectar dónde se concentran los mayores impactos y plantear medidas como optimizar el uso de fitosanitarios, emplear botellas más ligeras o incorporar energías renovables al proceso de vinificación.

El análisis de quince parcelas vitícolas de la Denominación de Origen Tacoronte-Acentejo muestra, además, que la calidad edáfica influye directamente en la eficiencia productiva del viñedo. Un suelo más equilibrado puede favorecer mejores rendimientos y reducir la necesidad de insumos externos, lo que refuerza la importancia de conservar este recurso como base de la actividad agrícola.

La principal contribución reside en integrar en un mismo marco la valoración económica del suelo, la sostenibilidad ambiental del sistema productivo y las condiciones edáficas de los cultivos. Barroso Castillo defiende que este tipo de enfoques “se tornan clave” para tomar decisiones más adecuadas en el sector agrícola y vitivinícola, e insiste en la necesidad de que las instituciones competentes se apoyen en conclusiones científicas para incentivar la incorporación de jóvenes y favorecer modelos productivos sostenibles y duraderos.

El trabajo concluye que la sostenibilidad de la agricultura insular no depende únicamente de producir más, sino de conservar el suelo como recurso estratégico, mejorar la eficiencia ambiental de las explotaciones y garantizar la viabilidad económica y generacional del sector primario.


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