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La ULL participa en una publicación multidisciplinar que analiza la experiencia española en refugios climáticos

viernes 20 de marzo de 2026 - 11:57 GMT+0000

Refugio climático.

Un equipo científico multidisciplinar liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) a través de la Misión Biológica de Galicia (MBG) firma un “Comentario” de la revista “Nature Climate Change”, en cómo proteger a la población del calor extremo a través de los refugios climáticos, prestando especial atención al caso español

En la publicación ha participado personal del CSIC en la MBG y en el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA), el grupo GEORIESGOS de la Universidad de la Laguna, Basque Centre for Climate Change (BC3,), Centro de Investigación en Transformación Digital y Gobernanza de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC-DIGIT), el Grupo de Climatología de la Universidad de Barcelona y Observatorio Fabra- Reial Acadèmia de Ciències i Arts de Barcelona (RACAB).

“El calor provoca alrededor de 500.000 muertes al año en todo el mundo, lo que lo convierte en el peligro ambiental más letal. Así, a medida que los eventos de temperaturas extremas se vuelven más frecuentes, intensos y prolongados debido al cambio climático, garantizar el confort térmico se ha vuelto imperativo para los gobiernos locales, particularmente en las áreas y para las poblaciones más vulnerables. En este contexto, los refugios climáticos se están convirtiendo en componentes críticos de las estrategias de adaptación urbana”, explica Dominc Roye, investigador Ramón y Cajal en la MBG, donde dirige el grupo Bioclimatología y cambio global.

“Consideramos necesario ofrecer una reflexión fundamentada sobre este asunto, cuyo interés científico y relevancia social resultan particularmente significativos. Para ello, elaboramos un comentario destinado a aportar una perspectiva científica rigurosa que contribuya a clarificar el debate y a contextualizar el tema dentro del marco actual de la investigación”, explica el investigador, coautor de la publicación, disponible desde hoy en acceso abierto  y donde se analiza cómo la experiencia española en refugios climáticos puede contribuir a un debate global sobre la manera de proteger a la población frente al calor extremo.

“España, donde Barcelona fue pionera en la adopción de esta práctica, ha desarrollado una de las redes más avanzadas del mundo en refugios climáticos, y los principios identificados son extrapolables a distintas regiones y contextos al demostrar que los refugios climáticos pueden ser una herramienta poderosa para reducir la exposición térmica, pero solo si se consolidan como servicios estables, accesibles y diseñados para cubrir necesidades reales, no como medidas puntuales”, explican los autores, quienes consideran que “al diseñarlos es fundamental considerar factores ambientales como la temperatura, la humedad, la radiación solar y la velocidad del viento en los espacios exteriores, así como la capacidad de refrigeración pasiva de los edificios en los refugios interiores”.

“En España, el verano de 2025 fue el más cálido registrado y el segundo con mayor mortalidad atribuible al calor, con un estimado de 15.711 muertes relacionadas con el calor. Es crucial destacar que 10.831 de estas muertes estuvieron vinculada a la exposición prolongada a temperaturas moderadamente altas, cuyos efectos se acumulan incluso en ausencia de alertas por calor. Esto subraya la necesidad de redes de refugios que brinden protección confiable durante el estrés térmico prolongado, y no solo durante episodios de calor intenso”, consideran.

Los autores analizan en el texto ejemplos de redes de refugios climáticos en evolución en España, incluyendo buenas prácticas y áreas de mejora en las dimensiones de clima, personas y salud, y gobernanza: Oficina Española de Cambio Climático (OECC) y Red Española de Ciudades por el Clima, Gobierno de la Comunidad Valenciana, Gobierno de Canarias y Ayuntamiento de Barcelona.

“Los refugios pueden albergar actividades culturales, recreativas y sociales, servir como espacios para trabajar, estudiar o descansar durante fenómenos climáticos extremos y actuar como centros de resiliencia comunitaria, más allá de ser meras instalaciones de emergencia. Los estándares de accesibilidad, la entrada gratuita, los horarios de apertura extendidos y las condiciones dignas son cruciales. El éxito operativo depende de la integración entre las alertas de calor, la gestión de la salud pública y la activación de refugios”, señalan.

Tal y como se apunta en el texto, en España, los gobiernos locales suelen ser los principales responsables de la creación y el mantenimiento de redes de refugios climáticos, pero su éxito depende de una red de actores comprometidos, coordinados y empoderados.

“Lo que observamos en España puede inspirar a otros países, pero cada territorio debe adaptar los refugios climáticos a su clima, a sus patrones de vulnerabilidad y a su cultura del espacio público. No existe un modelo único; lo esencial es garantizar justicia climática y participación ciudadana”, añade Marta Olazabal (Ikerbasque–BC3) coautora de la publicación, quien apunta que “muchos países están comenzando a explorar iniciativas similares, aunque la implementación requiere adaptar estrategias a vulnerabilidades locales, capacidades institucionales y condiciones socioeconómicas diversas”.

El equipo resalta tres elementos que deben guiar el diseño y la expansión de estas redes: el conocimiento climático local, la integración operativa con sistemas de salud pública y la consolidación de modelos de gobernanza que prioricen la equidad y la colaboración institucional.

“Las administraciones deben fortalecer el apoyo técnico y económico a estas redes. La respuesta actual al calor extremo suele ser reactiva y ad hoc, pero debe transformarse mediante una planificación continua que integre dimensiones climáticas, sociales, sanitarias y de gobernanza. Solo así los refugios climáticos podrán consolidarse como infraestructuras de protección, cuidado y resiliencia urbana a largo plazo”, concluyen.

“Se requiere mayor exploración y práctica. En primer lugar, el intercambio de conocimientos sigue fragmentado, la adopción de las directrices es limitada y existe poca evidencia empírica sobre la efectividad real de los refugios climáticos en España, lo que dificulta la ampliación de los proyectos piloto españoles a gran escala. En segundo lugar, aún es necesario transferir lecciones específicas de cada contexto a diferentes entornos, teniendo en cuenta las necesidades locales, los recursos y las tradiciones de uso del espacio público y privado. La efectividad de las redes de refugios climáticos depende de la gobernanza local, el apoyo regulatorio e institucional, así como de la participación comunitaria, la financiación sostenible y una gestión adecuada de los recursos. En tercer lugar, es fundamental comprender quiénes son vulnerables, a qué y por qué”, avanzan de cara al futuro.

(Nota cedida por el CSIC)


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