Un estudio ha analizado los desenlaces fatales asociados al uso del antipsicótico clozapina en pacientes con esquizofrenia. El trabajo comparó 7.874 casos de adultos de mediana edad (entre 45 y 64 años) con 4.380 adultos jóvenes (entre 18 y 44 años), a partir de datos procedentes de informes de reacciones adversas a medicamentos recogidos en VigiBase, la base mundial de farmacovigilancia de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
La investigación, publicada en la revista Psychiatry Research, fue realizada por Carlos de las Cuevas y Emilio J. Sanz, investigadores de la Universidad de La Laguna, y por José de León, miembro del Centro de Investigación de Salud Mental del Eastern State Hospital (EEUU) y el Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (Universidad del País Vasco).
Entre los efectos causados por la clozapina se encuentran la sedación, hipersalivación o alteraciones en la deglución que “pueden favorecer la aspiración y aumentar el riesgo de infecciones respiratorias”, señala el investigador De las Cuevas. El análisis permitió identificar qué tipo de complicaciones mortales padecen las personas usuarias de este medicamento, con mayor o menor frecuencia según la edad. Los resultados muestran que algunas dificultades respiratorias, especialmente aquellas relacionadas con problemas de deglución (proceso de llevar alimentos y saliva de la boca al estómago sin bloquear la respiración), están sobrerrepresentadas en los pacientes de mediana edad. En este grupo suponen el 12,5% de los casos frente al 5,6% observado en adultos jóvenes.
Según explica Carlos De las Cuevas, estos datos reflejan la interacción entre el tratamiento y la evaluación clínica de la enfermedad. “La neumonía es uno de los problemas médicos que con más frecuencia se asocian al tratamiento con clozapina, nuestro análisis confirma que puede convertirse en una causa relevante de mortalidad en determinados grupos de edad”, señala el investigador. Además, añade que, en el caso de los pacientes de mediana edad, suelen coincidir varios factores de riesgo. “Muchos llevan años de enfermedad y tratamiento, lo que se asocia con mayor carga de problemas médicos”, apunta.
A estas circunstancias se suman otros factores frecuentes en las personas con esquizofrenia. “En estos pacientes es habitual encontrar tabaquismo, trastornos metabólicos o una menor atención a la salud física, lo que también puede contribuir al desarrollo de complicaciones médicas graves”, añade De las Cuevas.
El estudio también detectó otras causas de fallecimiento sobrerrepresentados en los pacientes de mediana edad. Entre ellas se encuentran las asociadas con leucocitosis, que aparecen en el 7,5% de los casos frente al 3,7% en los adultos jóvenes, así como la neoplasia y el infarto de miocardio, cuya frecuencia aumenta progresivamente con la edad.
En cambio, algunos desenlaces aparecen con menor frecuencia relativa en este grupo de edad. Entre ellos se encuentra el suicidio consumado, la embolia pulmonar o la miocarditis. El investigador subraya que esta menor proporción no implica necesariamente que estos problemas sean menos importantes, sino que otras causas de fallecimiento adquieren mayor peso relativo en los pacientes de mayor edad.
Por otra parte, en el caso del suicidio, los resultados muestran una mayor incidencia en pacientes jóvenes. De las Cuevas explica que este fenómeno está relacionado con la fragilidad propia de las primeras fases de la enfermedad. “Los adultos jóvenes con esquizofrenia constituyen un grupo especialmente vulnerable, muchas veces con síntomas intensos y con un fuerte impacto en su vida privada, académica o laboral”, indica. Esta combinación de factores puede generar “un gran sufrimiento psicológico y una sensación de pérdida de proyectos vitales”, recalca.
El investigador recuerda que la clozapina es, hasta donde se conoce actualmente, el único antipsicótico que ha demostrado reducir de forma significativa el riesgo de conducta suicida: “durante décadas hemos tenido en nuestras manos el tratamiento más eficaz para los pacientes más graves, pero el miedo a sus riesgos ha hecho que se utilice menos de los que se debería”.
Es debido a esto, declara De las Cuevas, que uno de los principales objetivos de estos estudios es analizar con mayor precisión los efectos adversos del medicamento y mejorar su manejo clínico, ya que, a pesar de su elevada eficacia, la clozapina continúa infrautilizándose en muchos países debido al temor a sus posibles efectos adversos. “Nuestro trabajo busca precisamente identificar con mayor precisión cuáles son esos riesgos reales y cómo pueden prevenirse o detectarse precozmente”, concluye.
Conocer mejor estos riesgos no busca desalentar el uso de la clozapina, sino facilitar un manejo más seguro del tratamiento más eficaz y disponible para la esquizofrenia resistente

