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Un estudio revela que no todos los comportamientos proambientales tienen el mismo impacto psicológico

lunes 22 de junio de 2026 - 10:24 GMT+0000

Una investigación de la Universidad de La Laguna y la Universidad Complutense de Madrid (UCM) señala que adoptar buenos hábitos para el medio ambiente no siempre significa una mayor sostenibilidad a largo plazo. El trabajo, publicado en la revista Ecopsychology, analiza cómo diferentes tipos de comportamientos proambientales afectan las decisiones posteriores de las personas.

Las psicólogas sociales Laura Pasca (UCM) y Sofía Moreno Gata (ULL), autoras del estudio, diferencian entre dos tipos de conductas. Por un lado, las acciones de reducción o curtailment, que implican ajustes cotidianos de bajo coste, como reciclar y apagar las luces. Por otro, las conductas de eficiencia ambiental, que requieren un mayor compromiso y suelen adoptarse como una decisión puntual pero asociada a cambios estables en el estilo de vida, como seguir una dieta vegetariana o vegana.

Los resultados indican que ambas formas de actuar tienen efectos diferentes en cómo los individuos ven su propio impacto ambiental y regulan sus decisiones futuras. Mientras las acciones de reducción pueden provocar una percepción de “deber cumplido”, las conductas de eficiencia ambiental tienden a reforzar una identidad ecológica más estable y coherente en el tiempo.

El estudio analiza el efecto de la licencia moral, un mecanismo psicológico por el cual hacer una acción positiva puede, de manera paradójica, justificar comportamientos menos responsables en el futuro. Los resultados muestran que este efecto no se produce por igual en todos los casos, sino que dependen de la dieta que siguen las personas.

Según señala la investigación, en el caso de las personas omnívoras, recordar acciones como reciclar puede reforzar la percepción de haber actuado de forma responsable y reducir el sentimiento de culpa por realizar actividades poco sostenibles, como comprar productos envasados. Esta compensación psicológica podría debilitar la continuidad de hábitos más respetuosos con el medio ambiente.

Sin embargo, en personas que también realizan los comportamientos que requieren un mayor compromiso, como seguir una dieta vegetariana o vegana, no se produce este efecto compensatorio. Este tipo de acciones tienden a hacer que la percepción del impacto ambiental y el sentido de la responsabilidad ecológica sean más estables.

La investigación, que cuenta con una muestra de 514 personas, señala además dos elementos importantes que promueven las conductas sostenibles: el sentimiento de culpa y la percepción del impacto ambiental. Cuanto mayor es la conciencia sobre el daño ambiental y la percepción de responsabilidad, más probable es que una persona adopte acciones a favor del medio ambiente. Los resultados sugieren que no solo importa lo que hacemos, sino también cómo interpretamos nuestras propias acciones.

Asimismo, las psicólogas señalan que muchas campañas ambientales se centran en promover hábitos sencillos y cotidianos, como el reciclaje. Sin embargo, subrayan que este tipo de comportamientos, si se perciben como suficientes por sí solos, podrían reducir la motivación para impulsar cambios más significativos.

Por ello, las investigadoras recomiendan diseñar estrategias de sensibilización que no solo fomenten hábitos sostenibles, sino que también refuercen el compromiso a largo plazo. De esta manera, las personas pueden entender que la sostenibilidad no depende de acciones aisladas, sino de cambios mantenidos en el tiempo.


Archivado en: Destacado, Investigación, Portada ULL