Las medidas de conservación más sencillas, como los vallados para la protección de plantas en peligro de extinción, pueden impactar positivamente en ecosistemas enteros si son planificadas adecuadamente. Un estudio publicado en Conservation Science and Practice, en el que participa Zebensui Morales Reyes, investigador del Departamento de Biología Animal, Edafología y Geología de la Universidad de La Laguna, demuestra que la eficacia de los vallados de conservación está íntimamente ligada a la adecuación de su diseño al entorno y a su posterior mantenimiento, más que a su cierre absoluto.
La investigación, realizada en colaboración con científicos de la Universidad Miguel Hernández de Elche y de Granada, se apoya en un trabajo de campo desarrollado durante dos años. En este periodo, el equipo recorrió zonas escarpadas y de difícil acceso del Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas (Jaén) para analizar 90 vallados de exclusión de grandes herbívoros distribuidos a lo largo de este extenso espacio protegido.
El estudio no se limitó a evaluar el estado de los vallados. Los investigadores llevaron a cabo un seguimiento directo sobre el terreno, buscando huellas, excrementos y señales de ramoneo de especies como el ciervo, el muflón o el ganado doméstico. Este minucioso trabajo permitió comprobar que las vallas semipermeables, con pequeñas aberturas o cierres temporales, mantienen una eficacia cercana al 60%, un rendimiento comparable al de las vallas completamente cerradas.
Este hecho tiene importantes implicaciones para la conservación de la biodiversidad, ya que permite proteger la flora amenazada sin fragmentar en exceso el hábitat ni impedir totalmente el movimiento de la fauna. Según el estudio, este tipo de diseño más flexible puede favorecer procesos ecológicos clave, como la dispersión de semillas, contribuyendo a la salud general del ecosistema.
El trabajo también pone de relieve la relevancia del contexto dentro del paisaje. Los investigadores observaron que los intentos de entrada de herbívoros son más frecuentes en zonas de alta montaña y en pastizales abiertos, mientras que disminuyen en áreas forestales. Por ello, los autores señalan que las estrategias de protección deben adaptarse a las características del entorno, reforzándose especialmente en los espacios más expuestos.
El diseño físico de los vallados es otro factor determinante. Las vallas de menor tamaño y con formas irregulares, adaptadas a la orografía natural del terreno, resultaron más eficaces que los grandes vallados de trazado geométrico. Estas formas complejas dificultan que los animales localicen puntos débiles y accedan al interior.
Finalmente, el estudio subraya que la clave es el mantenimiento y seguimiento de estas medidas de conservación. Una atención continuada y coordinada al conjunto de vallados de un territorio puede mejorar su eficacia y aportar información muy valiosa acerca de sus ecosistemas. La propuesta de los investigadores es avanzar hacia una gestión estratégica que combine el rigor técnico con el respeto a los movimientos naturales de la fauna silvestre.

