El Aula Magna Blas Cabrera Felipe de la Sección de Física de la Universidad de La Laguna fue el escenario, el pasado 6 de marzo, de la lectura de la tesis doctoral titulada “Contaminación por microplásticos en sedimentos costeros sublitorales y organismos marinos”, presentada por Cristina Villanova Solano. La investigación, desarrollada a lo largo de los últimos cinco años, ofrece un análisis exhaustivo sobre la presencia de microplásticos en el ecosistema marino, con especial atención a los sedimentos costeros y diversos organismos del archipiélago canario y las Azores.
Una de las conclusiones más destacadas de este estudio es que el principal contaminante detectado en todos los compartimentos ambientales analizados son las fibras textiles procedentes del lavado doméstico de ropa, principalmente de naturaleza celulósica. Según los datos aportados por la autora, un solo ciclo de lavado de seis kilogramos de ropa puede liberar al medio unas 700.000 fibras que las estaciones depuradoras actuales no logran retener en su totalidad, terminando finalmente en el mar.
Este trabajo, que ha sido dirigido por los doctores Javier Hernández Borges y Cintia Hernández Sánchez, ha permitido documentar la transferencia de estos contaminantes a través de la cadena trófica, analizando desde invertebrados bentónicos, como los pepinos de mar y los erizos, hasta organismos pelágicos como el krill. En el caso de los pepinos de mar, se ha identificado por primera vez que la ingesta no es la única vía de entrada, sino que estas partículas también pueden quedar retenidas en sus sistemas de defensa a través del agua que succionan para respirar. Asimismo, el análisis de casi un millar de individuos de krill en las Azores confirmó que este crustáceo, base de la alimentación de grandes cetáceos, está incorporando microplásticos, lo que supone un riesgo de bioacumulación para especies superiores como las ballenas.
A nivel geográfico, la tesis revela que, tras analizar 30 localidades de todo el archipiélago canario, las mayores concentraciones de microplásticos en sedimentos se localizaron en puntos específicos como La Graciosa y La Restinga, en El Hierro, lo que apunta a la influencia de las actividades portuarias locales y la dinámica de corrientes en la acumulación de estos residuos. Para garantizar la fiabilidad de estos hallazgos, la investigadora desarrolló un protocolo de trabajo extremadamente riguroso en salas limpias con aire filtrado, llegando a emplear batas de color naranja para identificar y descartar cualquier posible contaminación accidental durante el proceso de laboratorio,.
Finalmente, el trabajo de Villanova Solano, que fue evaluado por un tribunal integrado por Francisco Javier Bayo, de la Universidad Politécnica de Cartagena; María Clemente Martín, de la Universidad de La Laguna; y Maria Cristina Cocca, del Institute of Polymers, Composites and Biomaterials del National Research Council de Italia, subraya la necesidad urgente de establecer políticas y metodologías estandarizadas a nivel internacional que permitan comparar datos de diferentes partes del mundo de forma eficaz,. La investigadora insiste en que, si bien se han dado pasos legislativos en la prohibición de microplásticos en cosméticos, es fundamental seguir avanzando en la regulación de las aguas residuales y en el monitoreo constante de estos contaminantes para mitigar una problemática que ya afecta globalmente a la biodiversidad marina.


