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Enrique Echeburúa, de la Universidad del País Vasco, analizó en la ULL las consecuencias psicopatológicas de la violencia de pareja en las víctimas

viernes 06 de marzo de 2009 - 00:00 GMT+0000

El pasado miércoles, 4 de marzo de 2009, el docente e investigador de la Universidad del País Vasco  Enrique Echeburúa disertó en la Facultad de Psicología de la Universidad de La Laguna sobre las consecuencias psicopatológicas en las persoans que han sido víctimas de violencia de pareja. Esta intervención, subvencionada por la Fundación La Caixa, se enmarcó dentro de los actos de celebración del patrón del centro organizador, Juan Huarte de San Juan.

La violencia de pareja tiene unos efectos muy negativos sobre las víctimas directas y las víctimas indirectas: los hijos. En la ponencia se abordaron las consecuencias en las víctimas, así como los factores implicados en el mantenimiento de una relación de pareja violenta. También se abordó el tratamiento psicológico de las víctimas.

    La prioridad en la terapia de la violencia familiar ha sido el tratamiento de las víctimas. Sin embargo, la intervención sobre éstas resulta insuficiente si no se aborda al mismo tiempo el tratamiento de los maltratadores, al menos en aquellos casos -más de la tercera parte- en que la mujer desea mantener -o, al menos, mantiene- la relación de pareja.

Empieza a haber programas de tratamiento para hombres violentos en el hogar, bien en un régimen comunitario, bien en prisión o bajo control judicial. Tratar a un maltratador no significa verlo como enfermo y considerarle no responsable. Pero no se debe considerar el maltrato como inmodificable. No se trata de estigmatizar a estas personas, sino de ayudarles a superar sus carencias psicológicas. El tratamiento resulta un instrumento útil sólo en aquellos casos en los que el agresor es consciente de su problema, asume su responsabilidad en los episodios de violencia y se muestra motivado para modificar su comportamiento agresivo. Sólo con un enfoque amplio, en donde se integren medidas judiciales, sociales y psicológicas o médicas, se puede hacer frente de forma eficaz a la violencia familiar.

    El enfoque judicial del maltratador suele ser insuficiente. El tratamiento psicológico del hombre violento parece la intervención más adecuada en la actualidad. No obstante, la escasa motivación para el tratamiento, así como la heterogeneidad de los programas y la variedad de las técnicas utilizadas hasta la fecha, impiden obtener conclusiones definitivas.

    En el estudio presentado se pone a prueba un programa terapéutico cognitivo-conductual breve y estructurado para el tratamiento de los hombres violentos en el hogar. La modalidad terapéutica puesta a prueba en esta investigación y diseñada con una estructura modular es un programa amplio de intervención, que incluye técnicas muy variadas. Los aspectos psicopatológicos tratados han sido los siguientes: ira descontrolada, celos patológicos, abuso de alcohol, déficits en la resolución de problemas, falta de habilidades sociales, déficits de autoestima e ideas distorsionadas sobre los roles sexuales y sobre la violencia como forma de solución de problemas.

    La tasa de éxitos obtenida ha sido del 69% de los casos tratados. No obstante, ha habido un 48% de sujetos de la muestra inicial que rechazaron el tratamiento porque negaban la existencia del problema, lo minimizaban o lo atribuían a la conducta de la víctima. En resumen, el tratamiento es útil en pacientes motivados para modificar su comportamiento agresivo, pero hay un grupo importante de pacientes que no comienzan el tratamiento o lo abandonan prematuramente.

(Nota cedida)


Archivado en: Investigación