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Miradas sobre la depresión

jueves 15 de enero de 2026 - 08:14 GMT+0000

Damián Enrique Jan, Imanol Nieto, Carlos de las Cuevas y Wenceslao Peñate, fotografiados en los jardines del Campus de Guajara.

La depresión es uno de los principales problemas de salud mental en la actualidad y una de las causas más frecuentes de malestar, discapacidad y pérdida de calidad de vida en todo el mundo. Es un trastorno complejo en el que interactúan factores psicológicos, biológicos, sociales y culturales. Más de 280 millones de personas viven con depresión en el mundo. A lo largo de la vida, entre un 10 y un 20% de la población puede experimentar un episodio depresivo.

Su impacto es tal que la depresión se sitúa como el cuarto trastorno que más discapacidad causa en el mundo, no tanto por su mortalidad, sino por la enorme pérdida de productividad y funcionamiento diario que acarrea. Desde la Psicología, la Psiquiatría y la Economía, la investigación ofrece claves para comprender mejor qué es la depresión, por qué aparece y cómo puede abordarse de forma más eficaz.

“La depresión es un estado mental caracterizado por una afectividad negativa que conlleva desinterés por las tareas cotidianas, incluidas aquellas que antes resultaban gratificantes”, afirma Wenceslao Peñate Castro, catedrático del área de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la Universidad de La Laguna. Además, aclara que suele acompañarse de una serie de síntomas somáticos, neurovegetativos y cognitivos.

Entre los síntomas somáticos destacan los problemas de sueño, los cambios en el apetito y la pérdida de interés sexual. Los síntomas cognitivos, por su parte, suelen manifestarse como quejas de mal funcionamiento mental: “Se identifica como queja, ya que a veces no es real. Hay personas que dicen que no pueden rendir, cuando en realidad sí pueden”, explica Peñate Castro.

Uno de los rasgos más característicos de la depresión es la anhedonia, es decir, la pérdida de interés por las actividades cotidianas. Además, estos síntomas pueden presentarse de manera disminuida o, en algunos casos, intensificada. “Lo habitual es el insomnio, pero algunas personas pueden experimentar hipersomnia”, ejemplifica Peñate Castro. “La intensidad y la duración de los síntomas son determinantes. Sentirse triste durante unos días es normal, pero cuando la tristeza persiste dos semanas o más, estamos ante un episodio depresivo que, en función de la intensidad, puede requerir atención profesional”, señala el experto.

La depresión también presenta una alta comorbilidad con la ansiedad. Tres de cada cuatro personas con síntomas de ansiedad presentan indicios de depresión, y viceversa. Por ello, las estrategias terapéuticas actuales tienden a abordar los trastornos emocionales de manera conjunta, centrándose en el desánimo, la preocupación excesiva y la elevada activación fisiológica.

Así, la depresión no es simplemente tristeza ni debilidad personal. “Es una enfermedad mental bien definida, reconocida por los principales sistemas diagnósticos internacionales, que afecta al estado de ánimo, al pensamiento, al sueño, a la energía y a la capacidad de disfrutar y funcionar en la vida diaria”, destaca Carlos de las Cuevas Castresana, catedrático del área de Psiquiatría de la Universidad de La Laguna.

Los factores de riesgo de la depresión son diversos. “Influyen la vulnerabilidad biológica, la historia personal y el contexto social. Factores como los antecedentes familiares, las experiencias adversas tempranas, las enfermedades crónicas, el aislamiento social, la precariedad económica o la exposición a acontecimientos vitales estresantes aumentan el riesgo”, explica de las Cuevas Castresana.

Según los especialistas, es fundamental distinguir entre la depresión y el sufrimiento normal de la vida. “El duelo, la frustración, la soledad o el malestar ante situaciones difíciles pueden ser muy dolorosos, pero no son necesariamente una enfermedad”, explica de las Cuevas Castresana. Y añade: “La buena práctica clínica consiste en respetar el sufrimiento humano sin convertirlo automáticamente en un diagnóstico”.

Afortunadamente, la percepción social sobre la depresión ha mejorado en los últimos años. “El estigma no ha desaparecido del todo, pero se ha reducido notablemente. Uno de los factores que pueden haber influido en estos años ha sido la pandemia por la COVID-19. Muchas personas han vivido la experiencia de la depresión en primera persona o a través de alguien cercano, y acudir a un profesional de la psicología o la psiquiatría se percibe cada vez más como algo normal y pueden darse cuenta que la depresión es reversible”, señala Peñate Castro. En este sentido, el 13 de enero se ha celebrado el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, una fecha que busca visibilizar un problema de salud mental frecuente, real y potencialmente grave.

Wenceslao Peñate.

Wenceslao Peñate.

Jóvenes universitarios y postpandemia

Aunque la depresión puede afectar a cualquier persona, ciertos grupos presentan un riesgo mayor, como los jóvenes universitarios. Según Peñate Castro, la pandemia causada por la COVID-19 provocó un aumento significativo de la ansiedad y la depresión en este grupo, aunque en los últimos años la situación ha ido volviendo progresivamente a la media. “No se ha logrado revertir completamente los niveles previos a la pandemia, que ya eran altos, pero el porcentaje de personas con síntomas compatibles con depresión o ansiedad ha disminuido bastante”, explica.

“Actualmente, alrededor del 20% del alumnado universitario presenta síntomas de depresión, frente al 12-13% registrado antes de la pandemia”, afirma el psicólogo. Un fenómeno especialmente preocupante es la ideación suicida, que, aunque no es lo mismo que depresión, está estrechamente asociada a ella. Muchas de las personas que intentan suicidarse o se suicidan cuentan con un diagnóstico de depresión. Si bien el número de intentos ha descendido en los últimos años, el hecho de pensar en el suicidio se mantiene estable.

Peñate Castro subraya la importancia de detectar y atender estos casos de forma temprana, especialmente durante el primer curso universitario, cuando el proceso de adaptación suele resultar más complejo y aumenta el riesgo de abandono académico por dificultades emocionales. En este sentido, la Universidad de La Laguna cuenta con la Unidad de Servicios Psicológicos y Logopédicos, que en sus tres años de funcionamiento ha atendido a más de 600 personas, cuya demanda procede principalmente del alumnado. “El seguimiento temprano y la intervención profesional pueden marcar una gran diferencia. Muchas veces, el estudiantado no abandona por falta de capacidad, sino por creencias erróneas sobre sí mismo”, explica el investigador.

Desde la psicología clínica, Peñate Castro explica que el abordaje terapéutico de la depresión ha evolucionado en distintas etapas. “Podemos hablar de tres grandes generaciones de terapias”, señala. Las de primera generación son las terapias conductuales, como las técnicas de exposición, muy utilizadas en el tratamiento de las fobias.

Las de segunda generación corresponden a las terapias cognitivo-conductuales, que constituyen en la actualidad el núcleo principal de la intervención psicológica y han demostrado una gran eficacia. “Su fundamento es que la forma en que interpretamos la realidad influye directamente en cómo nos sentimos, y que cambiar la interpretación puede cambiar la emoción y el comportamiento”, explica.

No obstante, existen situaciones en las que reinterpretar la realidad resulta especialmente difícil, como ocurre en procesos de duelo. De ahí surgen las terapias de tercera generación, basadas en procesos de aceptación. “Estas terapias son especialmente útiles en problemas crónicos. La idea no es eliminar los síntomas, sino aceptar la complejidad personal y evitar que la ansiedad o la depresión dirijan la vida del individuo”, afirma. Según el psicólogo, cuando la persona deja de definirse por su trastorno y orienta su vida hacia otras áreas vitales, los síntomas pierden su función reguladora del comportamiento y, de forma indirecta, disminuyen.

Damián Enrique Jan.

Damián Enrique Jan.

Neurociencia

La depresión no solo se manifiesta en emociones y comportamiento, sino también en la actividad del cerebro. “Estudios con neuroimagen han mostrado que los principios activos de las terapias psicológicas no siempre se reflejan de la manera esperada a nivel cerebral”, afirma Peñate Castro. Según el investigador, aunque las terapias psicológicas clásicas, como la terapia cognitivo-conductual, buscan cambiar la interpretación de la realidad, su eficacia también depende de la activación de regiones cerebrales clave. Entre ellas destacan el precuneo, relacionado con la identidad y la memoria autobiográfica, y el giro cingulado, vinculado a la motivación. “El éxito terapéutico se basa en que la persona recupere una identidad de competencia (‘soy capaz’) y se motive para actuar. Estos procesos suelen ser incluso más importantes que la simple reevaluación cognitiva”, explica.

Otras investigaciones en neurociencia, en las que participan Joana López Pigüi, investigadora de la Universidad de La Laguna (quien no pudo conceder entrevista para este reportaje por coincidir con una jornada de experimentos) y Damián Enrique Jan Cordón, investigador de la misma institución, han profundizado en el estudio de la depresión mediante técnicas de electroencefalografía (EEG) y el análisis de biomarcadores fisiológicos, como la dilatación pupilar.

Estos trabajos muestran que las personas con depresión presentan alteraciones en la conectividad cerebral, especialmente en regiones implicadas en el control emocional y cognitivo, como el cíngulo anterior y la corteza orbitofrontal. “Estas áreas están relacionadas con el control de las emociones y del pensamiento, y su funcionamiento se ve alterado en los estados depresivos”, explica Jan Cordón.

Además, cuando las personas con depresión se enfrentan a tareas que requieren un mayor esfuerzo cognitivo, como la inhibición semántica, muestran una mayor carga mental, reflejada en una mayor dilatación pupilar. “A la persona con depresión le cuesta mucho más cualquier tarea relacionada con el control ejecutivo superior”, señala.

Estos resultados refuerzan la idea de que la depresión no es únicamente un desequilibrio químico, tradicionalmente asociado a la serotonina, sino un trastorno de redes cerebrales relacionadas con los circuitos de excitación e inhibición, donde juegan un papel clave neurotransmisores como el glutamato y el GABA.

En este sentido, tratamientos innovadores como la ketamina o la esketamina, que actúan sobre estos sistemas, han demostrado un efecto rápido en casos de depresión resistente a los tratamientos tradicionales. “El hecho de que la mejoría pueda producirse en cuestión de horas refuerza la idea de que estamos actuando sobre redes de control cerebral y no únicamente sobre la serotonina”, agrega.

Igualmente, el desarrollo de modelos basados en inteligencia artificial y aprendizaje automático permite avanzar hacia herramientas de detección temprana, cuyo objetivo no es el diagnóstico clínico, sino apoyar el triaje en atención primaria. “La idea es disponer de una herramienta que ayude a decidir a quién derivar a un especialista y a quién no, evitando sobrecargar el sistema de salud”, explica Jan Cordón.

Carlos de las Cuevas.

Carlos de las Cuevas.

Tratamiento y práctica clínica

Desde la psiquiatría, Carlos de las Cuevas Castresana subraya que la depresión es una enfermedad altamente prevalente y con un elevado impacto social y económico, aunque cuenta con tratamientos muy eficaces.

Pese a ello, uno de los retos en la práctica clínica es la adherencia a los tratamientos. “La adherencia es baja en general”, afirma de las Cuevas Castresana. En el caso de la depresión, muchos pacientes toman la medicación de forma irregular, lo que reduce su eficacia. En determinados casos de malestar emocional no patológico, agrega, esta baja adherencia puede ser incluso una respuesta adaptativa, lo que refuerza la necesidad de un uso prudente y bien indicado de los tratamientos.

Junto a Peñate Castro y de las Cuevas Castresana, en esta línea de investigación también ha formado parte Ascensión Ángeles Fumero Hernández, profesora titular de universidad del área de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la Universidad de La Laguna, quien no pudo estar presente en la entrevista por compromisos previamente agendados.

De las Cuevas Castresana señala que tanto la psicoterapia como el tratamiento farmacológico han demostrado su eficacia. “La psicoterapia puede ser tan eficaz como los antidepresivos en muchos casos, especialmente en depresiones leves y moderadas”, afirma. Sin embargo, en la práctica asistencial el acceso a la psicoterapia sigue siendo limitado. Solo alrededor del 10% de los pacientes la recibe de forma exclusiva, mientras que un 30% accede a tratamientos combinados y el resto únicamente a psicofármacos. Esta situación, explica, responde a limitaciones estructurales, ya que la psicoterapia requiere tiempo, formación específica y una frecuencia de seguimiento que no siempre es viable en los sistemas de salud públicos.

El psiquiatra también advierte sobre el uso indiscriminado de antidepresivos. “Los antidepresivos no ‘curan’ la depresión en un sentido etiológico, pero pueden ser decisivos para la remisión clínica y la prevención de recaídas”, señala, por lo que deben mantenerse el tiempo recomendado y retirarse de forma gradual y supervisada. De lo contrario, pueden favorecer tratamientos innecesariamente prolongados, con consecuencias clínicas y económicas.

Un aspecto trascendental del abordaje terapéutico es la relación entre el profesional y el paciente. “La relación médico-paciente es la clave del éxito terapéutico en psiquiatría”, afirma. Según explica, una relación basada en el respeto, la confianza, la comunicación clara y la toma de decisiones compartida mejora de forma notable la adherencia y los resultados del tratamiento.

Por último, de las Cuevas Castresana recuerda que, aunque la depresión puede ser grave y potencialmente mortal si no se trata, especialmente por el riesgo de suicidio, bien diagnosticada y tratada tiene muy buen pronóstico.

Imanol Nieto.

Imanol Nieto.

Contexto socioeconómico y riesgo de depresión

Desde la economía aplicada, Imanol Lorenzo Nieto González, profesor ayudante doctor del área de Métodos cuantitativos para la economía y la empresa de la Universidad de La Laguna, y María Carolina Rodríguez Donate, profesora titular de universidad de la misma área (quien no pudo asistir a la entrevista por motivos de agenda), estudian la depresión desde una perspectiva no clínica, centrada en la relación entre las condiciones socioeconómicas y el riesgo de padecer síntomas depresivos.

“Nosotros no intentamos establecer causalidad, sino hacer un análisis de correspondencia entre ciertas características socioeconómicas y riesgo de depresión”, explica. Para ello, el grupo de investigación Análisis Microeconométrico Aplicado trabaja con los micro datos de la Encuesta Europea de Salud, que incluye información de alrededor de 300.000 personas de 28 países europeos.

La medición de la depresión se realiza mediante el cuestionario PHQ-8, incorporado en la encuesta, lo que permite clasificar a la población según ausencia de depresión o síntomas leves, moderados o severos. A partir de modelos de probabilidad, el análisis muestra que el contexto socioeconómico tiene un papel preponderante en el riesgo de depresión, en línea con la literatura previa.

Entre los factores más importantes destaca el género. “De forma sistemática encontramos que las mujeres tienen una mayor probabilidad, un mayor riesgo de padecer depresión”, señala Nieto, tanto en España como en el conjunto europeo. La renta y la educación también resultan determinantes. Una menor renta aumenta el riesgo, mientras que la educación actúa como factor protector. El apoyo social y familiar aparece igualmente como un elemento fundamental para reducir la vulnerabilidad.

Las condiciones laborales ocupan un lugar central en el análisis. Los contratos temporales, la jornada parcial y algunos sectores económicos están relacionados con un mayor riesgo de depresión. En uno de los estudios, la administración pública aparece como el sector de mayor riesgo, un resultado que, según su grupo de investigación, podría estar vinculado con factores como la dependencia de ciclos políticos o los cambios frecuentes en los equipos directivos.

Nieto González subraya que el riesgo de depresión es el resultado de una amalgama de características que actúan conjuntamente y defiende que las políticas de salud mental deben ser focalizadas, con perspectiva de género y adaptadas a los contextos laborales y sociales. “No existen soluciones homogéneas para un problema tan complejo”, afirma.

(Este reportaje es una iniciativa enmarcada en el Calendario de Conmemoraciones InvestigaULL, proyecto de divulgación científica promovido por la Universidad de La Laguna).

Unidad de Cultura Científica y de la Innovación (Cienci@ULL)


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