¿Cómo serán los océanos del futuro? En la segunda década del siglo XXI, científicos y científicas comenzaron a alertar sobre la acidificación oceánica, es decir, la disminución del pH del mar causada, principalmente, por la absorción de dióxido de carbono (CO₂) de la atmósfera.
En 2015, José Carlos Hernández Pérez, profesor titular del área de Zoología en la Universidad de La Laguna, y Celso Agustín Hernández Díaz, investigador de la misma institución, descubrieron que al sur de La Palma existían emanaciones naturales de CO₂ que acidifican las aguas. Este fenómeno ha creado un laboratorio natural único para estudiar los efectos de la acidificación sobre el medio marino, el Observatorio Marino para el Cambio Climático (OMACC). “Posteriormente nos dimos cuenta de que gran parte de la costa oeste de la isla está salpicada de estos enclaves de acidificación natural”, explica Hernández Pérez.
De este modo, se iniciaron varias líneas de investigación y colaboración entre instituciones científicas para desarrollar estudios preliminares sobre las características químicas del agua en esta zona y sus efectos en los organismos que las habitan. Esto culminó en 2023 con la apertura de la infraestructura de este Observatorio, tras un acuerdo histórico entre la Universidad de La Laguna, la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), el Ayuntamiento de Fuencaliente y la Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife. La instalación fue posible gracias a la rehabilitación de zonas comunes del Faro de Fuencaliente, que desde ahora alberga no solo un centro de interpretación con fines educativos, sino un laboratorio marino destinado a grupos de investigación nacionales e internacionales interesados en analizar in situ los efectos de estos procesos sobre el ecosistema marino de La Palma.
Desde el inicio de la investigación, las líneas desarrolladas en este centro de investigación han recibido financiación para cinco proyectos competitivos que han dado lugar a dos tesis doctorales, 22 artículos científicos de primer nivel y dos revisiones de alcance global sobre la acidificación oceánica.
En el trabajo desarrollado en el OMACC participa personal de dos grupos de la Universidad de La Laguna: por un lado, el grupo de Ecología Marina (ECOMAR), liderado por José Carlos Hernández Pérez, con la colaboración de Sara González Delgado —integrante permanente del observatorio— y Beatriz Alfonso Hernández; por otro lado, el grupo de Botánica Marina (BOTMAR-ULL), liderado por la catedrática Marta Sansón Acedo, que participa principalmente a través de Carlos Sangil Hernández —miembro permanente del OMACC— y Celso Agustín Hernández Díaz. Además, el proyecto cuenta con la colaboración de la catedrática de Fisiología Vegetal Águeda González Rodríguez.
Un enclave excepcional
La acidificación oceánica es un proceso químico que se caracteriza por la disminución progresiva del pH del agua, que en este caso se debe a filtraciones submarinas de aguas subterráneas alteradas por emisiones de CO₂ de origen volcánico en la isla. Los expertos señalan que este fenómeno reproduce, a escala local, un efecto similar al que el cambio climático provocará en los océanos como consecuencia del incremento de las concentraciones de CO₂ generado por la actividad humana. Esta alteración incide de manera determinante en los ecosistemas marinos, ya que transforma las condiciones de vida de los organismos que los habitan: puede conducir a la desaparición de algunas especies, pero también favorecer la proliferación de otras mejor adaptadas a las nuevas circunstancias.
Sin embargo, además de para estudiar la acidificación, “La Palma es un lugar excepcional por su ubicación, ya que hace frontera con ecosistemas más tropicales y funciona como un faro para observar las especies que van llegando, convirtiéndose en un vigía de la tropicalización de las aguas de Canarias”, explica Hernández Pérez. Al tratarse de un área bastante protegida, su biodiversidad se encuentra en un estado óptimo, lo que la convierte en un sitio modelo en comparación con otras zonas de Canarias. Asimismo, contar con una reserva marina es fundamental para estudiar cómo funcionan los ecosistemas sin la presión de la actividad humana.
La isla también presenta vulcanismo subacuático, no limitado a las emisiones de CO₂. “Se ha comprobado que algunas coladas del Tajogaite llegaron al mar y, actualmente, varios equipos investigan la colonización de estos nuevos espacios y ambientes”, explica Hernández Pérez. Y agrega: “Este proceso se asemeja a la formación inicial de una isla, similar a cómo se originaron los ecosistemas de Canarias, y nos permite analizar la evolución de la zona en detalle”.
Actualmente, el equipo investigador analiza cómo algunos organismos marinos evolucionan y se adaptan a la acidificación oceánica. “A través de estudios de epigenética y genética de poblaciones, se investiga qué genes se activan o se desactivan en función de las condiciones de estrés ambiental”, cuenta Hernández Pérez. “Incluso en espacios muy próximos, con menos de 50 metros de distancia entre zonas acidificadas y zonas control, se observan organismos con adaptaciones diferenciadas, lo que permite redefinir la concepción de los procesos evolutivos en estos entornos naturales”, señala el biólogo.
Diferentes estrategias de adaptación
Esta línea de investigación se enmarca en uno de los proyectos más potentes que se desarrollan actualmente en el OMACC y está estrechamente relacionada con el trabajo de la investigadora, Sara González Delgado. Su tesis doctoral se desarrolló a partir de estudios realizados en este espacio como miembro del grupo ECOMAR de la Universidad de La Laguna.
En la actualidad, González Delgado realiza una estancia postdoctoral Juan de la Cierva en la Universidad de Barcelona, institución que participa junto a la Universidad de La Laguna en un proyecto nacional de investigación centrado en el estudio de las capacidades de adaptación de erizos de mar y vertebrados marinos que habitan estas aguas bajo condiciones de estrés ambiental. La investigadora señala que, a pesar de este contexto, algunas especies presentan mecanismos específicos de adaptación, cuyo análisis permite comprender qué factores contribuyen, de forma directa o indirecta, a su supervivencia.
Durante su tesis doctoral, la investigadora abordó inicialmente la caracterización química de las aguas del área de estudio, en colaboración con la ULPGC. Posteriormente, el trabajo se orientó al análisis de las comunidades marinas, tales como invertebrados, peces y algas, para finalmente profundizar en el estudio genético de las estrategias de adaptación de estas especies.
Investigación puntera en Química y Botánica Marina
Desde el ámbito de la Botánica Marina, el grupo de BOTMAR-ULL desarrolla investigaciones orientadas a caracterizar las comunidades de algas que lo habitan y a comprender los mecanismos que emplean para hacer frente al impacto de la acidificación oceánica. De manera más específica, estos estudios, que se enmarcan en el proyecto Gradientes ambientales como laboratorios naturales para conocer el futuro y dinámicas de las comunidades bentónicas marinas, analizan cómo los procesos de acidificación afectan a los ciclos de vida de las macroalgas y a sus fases de calcificación, una innovación evolutiva que, según explica Carlos Sangil Hernández, está estrechamente vinculada a la acidificación de las aguas.
El investigador destaca que un laboratorio natural como el que ofrece este enclave de investigación constituye una oportunidad excepcional para avanzar en estas líneas de trabajo, al reproducir condiciones similares a las que se prevén en los océanos del futuro. Esto permite obtener evidencias observacionales que posteriormente pueden ser replicadas en el laboratorio, con el fin de reproducir, confirmar y contrastar las conclusiones alcanzadas.
Asimismo, el investigador en Botánica Marina subraya que este nuevo laboratorio representa un enclave de gran relevancia para la investigación in situ, gracias a la accesibilidad, durante gran parte del año, a estas zonas de afloramientos de CO₂. “Desde el punto de vista científico, la repercusión de un observatorio como este es enorme”, señala Sangil Hernández, ya que la acidificación oceánica constituye probablemente uno de los impactos más perniciosos del cambio climático y ha sido la causa de algunas de las mayores extinciones registradas en la historia del planeta. En este contexto, este espacio se configura como una oportunidad clave para abordar un reto de enorme magnitud de cara al futuro.
Además del personal investigador de la Universidad de La Laguna, el Observatorio Marino para el Cambio Climático cuenta con la participación de especialistas en Oceanografía Química de la ULPGC. Entre ellos destacan Magdalena Santana Casiano, codirectora del centro, Melchor González Dávila y David González Santana, integrantes del grupo de investigación QUIMA-ULPGC.
Sus líneas de trabajo se centran en el estudio del sistema de CO₂ y la acidificación oceánica, así como en la química de metales traza, como el hierro y el cobre. Estas investigaciones permiten evaluar el impacto de dichos procesos en el cambio climático y el calentamiento global, con especial atención a sus efectos en los ecosistemas marinos. La localización del OMACC, en aguas oceánicas con influencia volcánica y en una posición estratégica del Atlántico subtropical, lo convierte en un enclave privilegiado para la monitorización de estos procesos y para comprender cómo el cambio global está transformando la química del océano.
Nuevo laboratorio
El 7 de febrero de 2026 el Faro de Fuencaliente acogió la inauguración del nuevo laboratorio del OMACC, una infraestructura impulsada por la Consejería de Transición Ecológica y Energía con una inversión de 137.500 euros. El acto reunió a representantes del Gobierno de Canarias, de las universidades públicas y de las instituciones insulares y locales, que coincidieron en señalar el valor estratégico de este enclave único marcado por emanaciones naturales de CO₂ para estudiar la acidificación oceánica.
Tras el acto institucional, la atención se trasladó al interior del laboratorio, donde se presentó la maquinaria que permite desarrollar el trabajo científico, adquirida gracias a la financiación concedida y a la gestión del proyecto DELTA por parte de la Plataforma Oceánica de Canarias (PLOCAN). El espacio cuenta con un valorador automático para medir parámetros como el oxígeno disuelto, la capacidad del agua para neutralizar el exceso de CO₂ y el pH.
También dispone de sensores de alta precisión que registran en tiempo real las condiciones del entorno marino, lupas para el análisis biológico, frigoríficos para la conservación de muestras y una pequeña embarcación que facilita el desplazamiento a distintos puntos de muestreo. Por último, cabe señalar que los trabajos de carpintería y la habilitación de la toma de agua repercutieron positivamente en la economía local.
De esta manera, el observatorio cuenta con un laboratorio de investigación y una sala de exposiciones, con paneles que explican la acidificación oceánica, La Palma como laboratorio natural, los afloramientos de CO₂ en Fuencaliente y los distintos organismos que habitan estos ecosistemas, como estrellas de mar, anémonas, algas y otros invertebrados marinos. Además, los visitantes pueden usar un microscopio para observar de cerca algunas de estas especies y comprender cómo podrían transformarse en un océano más acidificado.
Ciencia canaria de vanguardia
El rector de la Universidad de La Laguna, Francisco García, subraya que el OMACC representa una oportunidad excepcional para situar a la ciencia canaria en la vanguardia internacional, poniendo en valor la colaboración entre las dos universidades públicas del archipiélago. “Es una auténtica ventana al futuro: nos permite anticipar cómo serán nuestros océanos y contamos con el apoyo institucional, el soporte tecnológico y el capital humano necesarios para aprovechar esta oportunidad estratégica”, señala.
Más allá de su potencial investigador, García destaca el papel del centro como polo de atracción de talento internacional que trabaja en el desafío global del impacto del cambio climático en los océanos. Asimismo, resalta su relevancia en el ámbito docente, ya que funciona como un laboratorio natural en el que el estudiantado de máster realiza jornadas de trabajo de campo, con la posibilidad de experimentar de primera mano en un enclave científico privilegiado.
El rector también pone de relieve que el OMACC constituye un elemento clave del campus de La Palma de la Universidad de La Laguna, que integra las iniciativas de docencia, extensión universitaria y colaboración con las administraciones locales impulsadas desde este polo científico. En este contexto, la implicación de la institución académica es plena, con el objetivo de reforzar la presencia de la universidad pública en la isla, consolidar las infraestructuras existentes y ampliar nuevas líneas de actuación en los ámbitos docente, investigador y de transferencia del conocimiento.
Con la apertura de sus últimas instalaciones, el Observatorio Marino para el Cambio Climático inaugura una forma de mirar al océano, de entender el cambio climático y de convertir un desafío global en una oportunidad para el conocimiento, la formación y el futuro de Canarias.
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