La Cueva de Los Cabezazos, situada en el Barranco de Agua de Dios, en el municipio de Tegueste, conserva un registro excepcional para conocer la vida de las poblaciones guanches. Una investigación publicada en Journal of Archaeological Science: Reports reconstruye su utilización durante aproximadamente nueve siglos, desde los siglos VI-VII hasta el siglo XV, y aporta nuevas evidencias sobre los cambios en los usos de este enclave a lo largo del tiempo.
El trabajo, firmado por un equipo de las universidades de La Laguna, Valencia, Basilea, Milán y Autónoma de Barcelona, presenta 24 nuevas dataciones por radiocarbono obtenidas a partir de restos de animales domésticos. Estos resultados convierten a la Cueva de Los Cabezazos en “el yacimiento aborigen de Tenerife con la secuencia arqueológica más ampliamente datada hasta el momento”, según Salvador Pardo, primer firmante del artículo e investigador de la Universidad de La Laguna.
La investigación se enmarca en los trabajos retomados en 2023 por el grupo de iInvestigación de la ULL “Sociedades Insulares y su Interacción con el Medio” en una cavidad conocida por la arqueología canaria desde las excavaciones de Luis Diego Cuscoy en los años 70. Las nuevas intervenciones, financiadas por la Dirección General de Cultura y Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias y el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, permiten revisar aquel legado con técnicas actuales y reconstruir con mayor precisión cuándo y cómo se utilizó la cueva.
Para establecer esta cronología, el equipo analizó restos óseos de ovejas, cabras y cerdos mediante datación por radiocarbono. Después integró las fechas en modelos estadísticos que tienen en cuenta la posición de las muestras en las distintas capas del yacimiento. Esta combinación permite precisar la sucesión de las ocupaciones y evaluar la coherencia de los resultados.
La evidencia más antigua apunta a un posible inicio del uso de la cavidad a finales del siglo VI, mientras que los depósitos más recientes alcanzan el siglo XV con el contacto con la población europea. En conjunto, el registro permite seguir una prolongada historia de uso anterior a la conquista castellana de la isla.
Uno de los principales resultados es la identificación de cambios en la función de la cueva. Los niveles más antiguos, localizados en el sector interior, contienen abundantes cerámicas, herramientas de piedra y utensilios de hueso vinculados a actividades domésticas. En fases posteriores, especialmente a partir del siglo XIII, los depósitos próximos a la entrada presentan indicios compatibles con su utilización como espacio de estabulación.
Esta interpretación se apoya en la composición de los materiales arqueológicos y en la presencia de depósitos de tipo fumier, asociados a la acumulación y quema de residuos del ganado. Sin embargo, la ausencia de una conexión estratigráfica conservada entre los dos sectores excavados impide determinar si las actividades domésticas y ganaderas llegaron a coexistir.
El estudio también compara los resultados con las dataciones disponibles para otros yacimientos de Tenerife. “Este análisis refuerza la importancia del Barranco de Agua de Dios como uno de los focos de asentamiento estables documentados en la isla desde los siglos VI-VII y ofrece una base más sólida para investigar la organización territorial de las comunidades guanches” indica Paloma Vidal, co-directora del proyecto.
Los trabajos en curso sobre los materiales recuperados permitirán profundizar en su alimentación, las prácticas ganaderas, el aprovechamiento de las plantas y la relación con el entorno. Las nuevas dataciones de Carbono 14 realizadas sobre la secuencia proporcionan el marco necesario para estudiar cómo estas prácticas se transformaron a lo largo de los siglos.

