En el primero de los apartados, se incide en que las perspectivas de futuro de la inmigración en Europa “son inciertas”. Como explica el texto, mientras que se intenta atraer trabajadores cualificados mediante las políticas de inmigración, en la práctica se evitan las estancias permanentes. Las políticas de integración tiene una cualidad “coercitiva”, ya que proponen la superación de pruebas obligatorias de lengua o cultura del país receptor, “que va más destinada a limitar la presencia de inmigrantes que a favorecer la cohesión social”.
El apartado dedicado a la OIT señala que el “trabajo decente” es la expresión que resume de manera más clara y contundente las aspiraciones de este organismo en el mundo actual. Ello implica “un trabajo productivo en condiciones de seguridad, libertad, dignidad, respeto de los derechos humanos y protegido socialmente”.
En el ámbito laboral, las acciones de este organismo están resumidas en la “Declaración de la OIT relativa a los principios y Derechos Fundamentales en el trabajo de 1998”, en la cual se recogen cuatro grandes objetivos estratégicos: los Derechos Fundamentales en el trabajo, el empleo, la protección social y el diálogo social.
Sobre el tercer módulo, referido a las políticas europeas de migración, las conclusiones apuntan a que en Europa crece la oferta de empleo de baja remuneración y cualificación, la cual está relacionada con los cambios en la función de producción y la posición de la UE en el orden económico internacional. Los retos futuros se resumen en el difícil control de las emigraciones en los países de origen, una mayor contribución a la reducción de las desigualdades internacionales y la integración social de los millones de inmigrantes que la UE necesitará en las próximas décadas, la cual conlleva el reconocimiento de derechos sociales, económicos y políticos.
