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“La filosofía del futuro será un libro de instrucciones”

lunes 23 de abril de 2018 - 11:57 UTC

“Para ser escritor hay que leer a Shakespeare y abrir la ventana”, asegura el escritor valenciano Manuel Vicent, como recurso para aquellas personas que le preguntan cuál es la clave para convertirse en contador de historias. El columnista, que atesora más de cuarenta años de profesión periodística y más de cuarenta publicaciones, ha sido galardonado, a lo largo de su carrera, con, entre otros, los importantes premios de novela Nadal y Alfaguara, este último en dos ocasiones. Recientemente, ha visitado la Universidad de La Laguna para la presentación de la inauguración Aprendiendo de otros, de homenaje a Juan Cruz, y en la que tiene un papel protagonista.

Hay que leer para poder escribir, es la conclusión que Vicent preconiza, pero la incertidumbre de una nueva realidad social y cultural le hace dudar de si estos presupuestos intelectuales aún son válidos hoy en día. Antes, recuerda, “la lectura era una afición que se engendraba de niño. Un largo camino, de amplio recorrido. Costumbre que nacía con los tebeos y los cómics, después las novelas de aventuras y luego lecturas más serias, y cuando uno ya estaba infectado de la literatura, cuando uno a través de ella descubría mundos, navegaba por mares, descubría continentes, islas… cuando uno percibía, sobre todo en la adolescencia, que leer es una forma de volar entonces”. Sin embargo, añade que “hoy ya no te podría decir porque los niños, que nacen ya digitales, reciben tal cantidad de impactos que hacen que se alimenten solamente de imágenes”.

Pero el escritor incide que esta sobrealimentación gráfica es contraproducente para el pensamiento actual. “Leer es adentrarse, navegar entre las líneas y las palabras tienen una armonía que flota en los espacios en blanco que tienen las páginas de los libros”, comenta, es un esfuerzo intelectual necesario que se pide a quienes deben alimentar la cultura del futuro, “hoy en día, a los niños se les da todo dado. Se sientan pasivamente y contemplan. Media humanidad está ahora mismo sentada esperando recibir información de manera pasiva”, afirma, “en este momento no sé exactamente qué pasará con la literatura”.

¿Cómo se ha llegado a esta situación?, el autor de Pascua y naranjas apunta a las tecnologías y la velocidad del mercado. “Los instrumentos, cada día, se renuevan exponencialmente y te dan más ventajas, cualidades, salidas”, esa urgencia en nuevas posibilidades técnicas hace, según Vicent que en un mañana próximo “la filosofía del futuro será el libro de instrucciones: desentrañar todas las ventajas que te puede dar una máquina. Y ese discurso del método va a ser la forma como se llega al pensamiento”. El panorama que plantea quizá tienda al pesimismo, “es como en la economía, en la que nada es verdad si no es rentable”, afirma con cierta incomodad en sus gestos. Por eso, en la actualidad la imagen gráfica es la que ordena la realidad: “Todo esto ha cambiado el pensamiento. Hoy las imágenes son la sangre del pensamiento. Nada vale si no es imagen”, asegura.

Ese superávit de iconos podría hacer que el trabajo del periodista, del que tanta experiencia atesora, se revalorice, sin embargo, Vicent afirma que es imposible sustraerse a ese panorama actual tan diferente al que estábamos acostumbrados. “El problema es que mandan los aparatos y los instrumentos de comunicación, por encima de la interpretación del ser humano. Las redes, los aparatos, fuerzan una forma de pensamiento. Es decir, pensamos impulsados por la técnica de los aparatos. No es lo mismo el antiguo periodista que iba a una fuente para investigar que las contrastaba, que lo escribía, que lo mandaba al periódico, que hoy los sistemas de las redes en las que cualquiera es un corresponsal de guerra. Siempre hay alguien que es un enviado especial porque estaba allí”.

“Cualquiera lanza en la red un artículo, una opinión, y ésta trasciende, entra en las redes y se distribuye sin análisis previo, mandan las máquinas; ya el pensamiento no fermenta a la máquina sino es ésta la que te obliga a pensar de una determinada forma”.

Pero esta nueva perspectiva no es el resultado último futo de una inmediatez relacionada solo con los últimos cambios sociales. Esta nueva representación de la realidad nace “con un simple gesto de aquel Zapruder, un señor de Dallas que sin darse cuenta filmó el magnicidio de Kennedy. Con su Súper-8 vino la historia y pasó por delante de su objetivo. Él no fue a buscar la historia sino que ésta pasó por delante. A partir de ahí ninguna cámara ya es inocente”, aclara Vicent, y es la imagen la que toma el protagonismo del devenir histórico.

Este cambio cultural aporta mucho a las posibilidades de los escritores, “en la observación de la vida está la esencia de un escritor. Un escritor está trabajando mientras vive, mientras duerme, las cosas que nos pasan en el día, fermentan y se convierten en sueños por la noche y al día siguiente el mundo se reconstruye. Todo lo que sientes, ves, admiras, sufres, amas, eso es un material de trabajo. La vida es el trabajo de un escritor”.

Desde su experiencia y solera, desde sus años de profesión consolidados, el escritor valenciano llega a afirmar que “vivimos cabalgando un tigre, pero esa es la esencia del ahora que nos ha tocado presenciar” y concluye asegurando que “esa sensación de provisionalidad, de urgencia, hace que la gente viva al día, que la eternidad sea el fin de semana. El viaje al más allá es el viaje a una discoteca el fin de semana. Y el lunes comienza un nuevo viaje a Ítaca”.

Gabinete de comunicación

 


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