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La ULL y el CSIC patentan un producto que permite el crecimiento de especies agrícolas con un 30% menos de riego

viernes 19 de octubre de 2018 - 10:01 UTC

patente

Dos Grupos de investigación de la Universidad de La Laguna y del Instituto de Productos Naturales y Agrobiología (IPNA) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han licenciado a una empresa del sector agrícola la patente de un producto que permite en condiciones de campo el crecimiento y desarrollo de especies agrícolas con un 30% menos de agua de riego.

En este proyecto han participado, por parte del IPNA-CSIC, David Jiménez-Arias, Alicia Boto Castro y Andrés Borges, mientras por parte de la Universidad de La Laguna, lo han hecho Francisco Valdés y Juan Cristo Luis Jorge, del Departamento de Botánica, Ecología y Fisiología Vegetal, y el José Antonio Pérez, del Departamento de Bioquímica, Microbiología, Biología Celular y Genética.

Jiménez-Arias explica que el tratamiento patentado permite reducir el agua empleada durante el cultivo sin que por ello se vea mermada la productividad. Este tratamiento está basado en el empleo de aminoácidos cíclicos no prolínicos, los cuales fueron estudiados en condiciones laboratorio, sometiendo a plantas previamente tratadas con este tipo de moléculas a un estrés hídrico.

En esta fase, se descubrió que ese tipo de aminoácidos aumentaba su tolerancia a estas condiciones adversas. De hecho, los resultados de estos ensayos fueron lo suficientemente concluyentes como para solicitar y obtener una patente en España. En la siguiente fase, y ya en condiciones de campo, se estudió la aplicación de estas sustancias en el crecimiento, desarrollo y sobre todo productividad en diversas especies agrícolas, obteniendo notables resultados que han llevado a licenciar esta patente.

“Lo interesante de esta patente”, explica Jiménez-Arias, “es que se trata de una estructura base a la que podemos seguir modificando químicamente, buscando nuevas moléculas que mejoren los efectos ya estudiados o descubriendo efectos nuevos”. El proyecto, que comenzó en 2014 con la finalización de la lectura de la tesis del propio Jiménez-Arias, dio un salto adelante en 2016, ya que los grupos de investigación (Grupo de Biología Vegetal Aplicada, GBVa-ULL y Activadores Químicos de las defensas de las plantas, IPNA-CSIC) fueron premiados en un concurso de CajaSiete para iniciativas emprendedoras que les permitió realizar un estudio de patentabilidad.

Dicho estudio desembocó en la solicitud de la patente española. Posteriormente, y tras las pruebas en campo, la patente ha sido licenciada a la empresa Kweek Agro, con la que ya se ha colaborado anteriormente licenciando otras patentes, la cual actualmente se encuentra desarrollando un formulado para maximizar los efectos en condiciones de campo.

La relación con la empresa es crucial para poder acceder a las patentes internacionales, que están actualmente tramitándose para la Unión Europea, Turquía, Marruecos, además de Brasil, México, Perú, Chile y Estados Unidos. El coste de toda esa operación sería inasumible para instituciones públicas como la Universidad de La Laguna o el CSIC, de ahí que sea imprescindible la participación empresarial.

En la comunidad investigadora sigue habiendo cierta reticencia a patentar sus descubrimientos, aunque no es el caso de este grupo, que cuenta con siete patentes, cuatro de ellas licenciadas a empresa y dos de ellas en conjunto con el GBVa de la ULL. Jiménez-Arias señala que “es verdad que, desde el punto de vista del currículo clásico, patentar puede lastrar al investigador, ya que supone un tiempo en el que no se puede divulgar el trabajo”. Pero una vez superado el proceso, es posible publicar y acudir a congresos sin problemas y, además, si se logra licenciar a una empresa y el producto se comercializa, puede suponer la entrada de fondos para el grupo de investigación y las instituciones que lo mantienen.

Otro de los investigadores del IPNA-CSIC implicados en el proyecto, Andrés Borges, aclara que el grupo de investigación en el que se enmarca esta patente, denominado “Activadores Químicos de las Defensas Naturales de las Plantas”, lleva trabajando en esta línea de investigación desde el año 1993. De hecho, Borges también explica que este proyecto es un perfecto ejemplo del trabajo realizado por el grupo, cuyo propósito es buscar sustancias químicas capaces de estimular las defensas naturales de la planta “siendo así más tolerante a estreses de tipo abiótico y biótico”.

En este caso concreto, “son moléculas no tóxicas, aminoácidos poco conocidos pero naturales, que se pueden comercializar no como un fitosanitario, sino como bio-estimulantes, con lo cual el registro es más sencillo y barato para la empresa y con menos problemas medioambientales”. Además, es muy útil para abordar un problema que, con el cambio climático, es cada vez más acuciante internacionalmente, la sequía.

Por ello, para otra de las integrantes del equipo, la subdirectora del IPNA-CSIC, Alicia Boto, la colaboración entre instituciones es muy positiva: “acelera los procesos, divide los costes, quedan beneficios y se crean redes que pueden seguir sacando nuevos productos innovadores. A este respecto, lo que han conseguido el GBVa-ULL y IPNA-CSIC es realmente muy prometedor”.


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