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Los directores de los parques nacionales canarios alertan de los efectos adversos del cambio climático 

jueves 25 de febrero de 2021 - 14:38 GMT+0000

La presidenta del Consejo Social, Dolores Pelayo, durante la inauguración de foro.

El Consejo Social de la Universidad de La Laguna ha celebrado hoy, jueves 25 de febrero, una nueva sesión de su ciclo divulgativo “Encuentros con el futuro” que, en esta ocasión, ha abordado los efectos del cambio climático en el medio ambiente. En el evento han participado, entre otros ponentes, los directores de los cuatro Parques Nacionales canarios, para hablar sobre cómo gestionan estos espacios protegidos y cómo les está afectando el calentamiento global. Los cuatro manifestaron una gran preocupación por el deterioro que están experimentando esas zonas especialmente sensibles a causa de factores como el descenso de las precipitaciones, el incremento de la temperatura que aumenta el riesgo de incendios, la presencia de especies invasores y la acción de los herbívoros sobre la fauna.

El primero en intervenir fue Pascual Gil Muñoz, director del Parque Nacional de Timanfaya, en Lanzarote, quien no habló sobre cuestiones medioambientales sino sobre el esfuerzo que conlleva administrar un espacio de estas características, en el que es necesario que el personal asuma varias tareas para las que, en ocasiones, no está preparado. Por ello, al finalizar su intervención recalcó la necesidad de contar con más personal especializado y estable para mejorar la gestión.

Señaló la gran dificultad y los recursos necesarios para hacerse cargo de los equipamientos, senderos, infraestructuras varias como los centros de visitantes o el sistema de gestión ambiental para deshacerse de los residuos, sin olvidar la relación con otras instituciones y el mantenimiento y reparación de todo lo que sea necesario. También manifestó su esperanza de que un proyecto de innovación en el que están trabajando les permita sustituir la energía generada mediante motores de combustible por la procedente de la geotermia, es decir, el intercambio de temperatura entre el subsuelo de ese paraje volcánico y la superficie. 

Ángel Palomares Martín, director del Parque Nacional de La Caldera de Taburiente (La Palma) presentó brevemente las principales características geográficas de ese espacio, que consideró que posee un grado de conservación “medio”, ya que algunas zonas han experimentado un gran deterioro, en parte ocasionado por las plantas invasoras y, sobre todo, los herbívoros exóticos invasores. 

Un problema que experimenta este parque es la disminución de los manantiales naturales a causa de la construcción de galerías de explotación de agua, lo cual está provocando que se seque la flora de las zonas en donde antes se daban esos reservorios de humedad. La situación se agrava por la sequía que se ha experimentado en la última década, que ha provocado una gran mortandad en pinos y herbáceas. Para gestionar el parque, se toman medidas que tratan de compatibilizar el uso público con su impacto, y se acometen acciones de recuperación de flora amenazadas y de restauración de zonas erosionadas por la afluencia de público.

En tercer lugar, el director del Parque Nacional de Garajonay (La Gomera), Ángel Fernández López, resumió el impacto del cambio climático en dicho espacio, señalando que está afectando alarmantemente a la laurisilva, en parte por la reducción de precipitaciones, que él calcula de un 3,5% menos cada década, de igual modo que cifra el aumento de temperatura en 0’1 grados cada diez años. A todo ello se suman las consecuencias del incendio de 2012, que devastó un 20% de todo el parque, incluyendo zonas de pinar que habían sido recuperadas tras años de trabajo. También alertó de problemas en el ciclo hidrológico, con reducción de caudales de riachuelos, algunos de los cuales han desparecido por primera vez en 2020.

Ante esta situación, explicó que algunas especies serán capaces de adaptarse para sobrevivir, ya sea reduciendo su tamaño o migrando a zonas más frescas y húmedas, pero a otras habrá que ayudarlas mediante translocaciones a otras zonas. En contrapartida, las especies naturalmente de ambientes secos aumentarán su distribución. Por ello cree que es fundamental invertir en conservación ya que está demostrado su efecto positivo, pues puede favorecer, incluso, el aumento de precipitaciones y una mayor captación del agua de niebla. 

Finalmente, Manuel Durbán Villalonga, director del Parque Nacional de El Teide, explicó que, gracias a la existencia de seis estaciones meteorológicas dispuestas por todo el espacio, a las que se suman las del Observatorio de Izaña y las del Parador, han podido saber que el aumento de temperatura en esa zona es el doble que en el resto de Canarias, de 0,2 grados por década, ya que el parque se sitúa por encima del mar de nubes.

Esas condiciones climáticas extremas habían mantenido a raya naturalmente a las especies invasoras vegetales, pero ya es un problema que se está dando en la actualidad, al que hay que sumar el de los vertebrados como conejos y muflones. La fauna autóctona también es problemática: el aumento de temperatura ha hecho que el periodo de invernada del lagarto del Teide disminuya, por lo que está más activo y se alimenta de especies protegidas como la violeta del Teide o la violeta de Guajara. 

Tras esta mesa redonda, intervino el catedrático jubilado de Botánica de la Universidad de La Laguna Pedro Luis Pérez de Paz, con un currículo investigador y gestor muy relacionado con los espacios de conservación, ya que, por ejemplo, fue director del proyecto de la Red Natura 2000 para Canarias o formó parte de la Comisión de Parques Naturales de Canarias, de la cual dimitió poco después al considerarla un “fiasco” instrumentalizado políticamente.

Sobre el desarrollo sostenible y medio ambiente, habló de una aproximación mediante cinco “E”: ética, estética, economía, ecología y educación. Reflexionó que la humanidad ha sobrevivido a muchas desgracias, pero si hay algo que nunca perdonarán las generaciones futuras es la pérdida de biodiversidad actual. Reclamó un concepto de la conservación “integral”, que considere desde los genes hasta los ecosistemas complejos, sin olvidar el suelo, “que también es un elemento vivo”. Y en cuanto al calentamiento global fue contundente: “Las tendencias mandan, las gráficas están ahí. Y lo peor es que no solo es una realidad, sino que va más deprisa de lo que se pensaba hace quince años”.

Previamente, tras la apertura del encuentro a cargo de la presidenta del Consejo Social de la Universidad de La Laguna, Dolores Pelayo, intervino como la joven Victoria Ballesteros, estudiante de Bachillerato y miembro de la asociación Girls in Sciencia 4 SDGs, quien manifestó su preocupación por problemas futuros que el cambio climático puede traer y que no se están considerando, como los virus y bacterias que pueden aflorar con el deshielo de los polos. En su intervención pidió paso para que los más jóvenes puedan cambiar el actual modo de vida y sistema socioeconómico: “Tenemos muchos recursos y una juventud comprometida, pero hay miedo al cambio”.


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