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El comienzo de unas grandes carreras

martes 12 de julio de 2022 - 13:23 GMT+0000

De izquierda a derecha: Yoel Izquierdo Fonseca, Irene López Armas y Francisco Bethencourt Lana.

Un año más, miles de jóvenes realizaron en junio los exámenes que determinan la calificación de acceso para solicitar plaza en las universidades públicas. En la provincia de Santa Cruz de Tenerife, la Evaluación de Bachillerato para el Acceso a la Universidad (EBAU) ha sido coordinada, como suele ser habitual, por la Universidad de La Laguna en colaboración con la Consejería de Educación, Universidades, Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias y los diferentes centros educativos de las cuatro islas correspondientes, y se celebró en junio con una afluencia de 5.294 personas.

El tópico es decir que en esos días de exámenes el alumnado se juega su futuro, pero eso sería disminuir la importancia que la nota media del Bachillerato tiene en el cálculo de la calificación final. Los exámenes de la EBAU son, por supuesto, trascendentales y, sin duda, pueden determinar una mejor o peor posición en la elección de la titulación, pero lo cierto es que son solo el colofón a dos años de intenso trabajo por parte de los estudiantes. De este modo, las personas con mejores notas no son solo las que mostraron un desempeño excepcional en los días de las pruebas, sino quienes durante el Bachillerato mantuvieron una mayor regularidad.

Como ya es habitual, hemos hablado con los tres estudiantes que han obtenido las máximas calificaciones. Tanto para este artículo como para la también tradicional ceremonia de reconocimiento a las treinta mejores notas de acceso, se han tomado como referencia las calificaciones en la fase general, es decir, las que se puntúan con un máximo de 10 puntos, pues son las que realiza todo el alumnado; la fase específica, que permite sumar hasta cuatro puntos adicionales y que es generalmente la que se suele difundir más en medios de comunicación, hay estudiantes que no se presentan a ella por no ser obligatoria y, por ello, el reconocimiento por parte de la universidad está basado en las pruebas comunes.

Eso sí, nos resulta extraño comprobar que los tres estudiantes con mejores calificaciones en la fase general también se hallan entre las más altas en la específica. Ellos son Yoel Izquierdo Fonseca, que realizó el Bachillerato en el IES Los Cardones en la modalidad de Ciencias, con una nota de 9,975 en la fase general y 3,88 en la específica (13,85 total); Irene López Armas, estudiante en el IES Alcalde Bernabé Rodríguez que cursó la opción de Humanidades y Ciencias Sociales, itinerario de Ciencias Sociales, con una nota en fase general de 9,964 puntos, 4 en la específica (13,964 en total); y Francisco Bethencourt Lana, del Colegio La Salle San Ildefonso, también de la modalidad de Ciencias y una nota en la fase general de 9,955; de 3,96 en la específica y 13,915 global.

Yoel Izquierdo Fonseca

Yoel Izquierdo Fonseca.

Vocaciones difusas

En la elección de la titulación de grado que se va a cursar la vocación siempre tiene un papel muy importante, pues no en vano esa carrera va a determinar una parte muy importante de la vida futura y, por ello, siempre es aconsejable optar por alguna materia con la que se sienta cierta afinidad. Sin embargo, en el caso de los tres jóvenes entrevistados, solamente uno de ellos tiene una vocación definida desde que era niño. 

Y es que Yoel siempre tuvo claro que quería ser médico y, más concretamente, cirujano. “No tengo ningún cirujano cercano en la familia, pero siempre he querido ser médico por el ambiente de trabajo y en lo que consiste, que es ayudar a los demás de una manera más directa que otros trabajos. El cirujano, dentro del sector de la medicina, es el que a mi parecer presenta la ayuda más directa de cara al paciente, quizá en un momento de urgencia. Me gustaría ser de ayuda a las personas que estén en un apuro”. Por ello, ha elegido la Universidad de La Laguna para iniciar su carrera en el complejo, pero apasionante ámbito de las ciencias de la salud.

Francisco no tiene clara una profesión en el futuro, solo sabe que le gustan las matemáticas y, por ello, ha elegido como opción académica un doble grado en Matemáticas e Ingeniería Informática en la Universidad Complutense de Madrid. Pero ni mucho menos porque esa sea su profesión ideal. “Sigo sin tenerlo demasiado claro, pero sin miedo a equivocarme. Las matemáticas se me dan muy bien y me gustan, así que quiero explotar eso, pero como no tengo muy claro dónde quiero terminar, empiezo por ahí y si me equivoco, me cambio, y si no, para adelante”.

El caso de Irene es más particular, pues su plan es estudiar Administración y Dirección de Empresas en la Universidad de La Laguna, luego opositar para convertirse en funcionaria de algún área económica (probablemente Hacienda, como sus progenitores) y, una vez estabilizada, estudiar Bellas Artes. En su decisión ha primado cierto pragmatismo: “No tengo claro que pueda encontrar salida fácilmente estudiando primero Bellas Artes, y como no quiero complicarme, prefiero ir a algo más seguro. Este año me gustó la asignatura de Economía y creo que tal vez me pueda llegar a gustar la titulación, aunque no sea mi vocación”. Explica que le gusta dibujar pero que no cree que las titulaciones artísticas estén enfocadas a las salidas profesionales. “Me da miedo meterme en Bellas Artes, lo haría si tuviese dinero y quisiera solamente fomentar mis conocimientos del tema”.

Irene López Armas

Irene López Armas.

Estudiar por devoción

Tanto la media de Yoel como la de Fernando en Bachillerato ha sido de 10, y la de Irene, de 9,94, lo cual supone un rendimiento excepcional y prolongado en el tiempo durante dos cursos. Ello incita a pensar a que han mantenido algún tipo de rutina de estudio especial, o han seguido alguna técnica específica. Sorprendentemente, los tres señalan que no se han guiado por ninguna metodología particular y que, básicamente, lo que les ha proporcionado tan buenos resultados ha sido el propio interés y la satisfacción por estudiar.

“En mi caso no tengo ninguna rutina especial”, explica Yoel. “Intento estudiar con tiempo. Uno nunca lo piensa y trato de disfrutar el hecho de estar en clase, así que supongo que termino prestando atención. De lo que se trata para mí es de disfrutar del proceso, si le he dedicado mucho tiempo, no me he dado cuenta. Hago lo que me gusta cuando me gusta, es importante tener tiempo para hacer las cosas. Cuando uno se siente motivado, el mejor momento para hacer las cosas termina llegando solo”.

Irene cree que ese proceso ideal de estudiar un poco todos los días, aunque “en la práctica nunca se va a cumplir del todo” por diversas razones. “Pero si tengo un examen, procuro estudiar con una semana de antelación como mínimo, porque si no, es imposible en segundo de Bachillerato”. Recuerda que en Secundaria no era una estudiante tan buena, pero que al llegar al Bachillerato y haber cambiado de itinerario, mejoró sustancialmente su rendimiento. “Creo que fue por el miedo a no poderme insertar bien en el mundo laboral si no tenía una buena nota, y también por mi propia auto exigencia, por ambas cosas”.

Francisco, por su parte, cree que la clave está en prestar atención en clase y estar al día con las tareas que marca el profesorado. “Es cierto que lo he llevado mal a veces porque me he confiado y no he estudiado con tiempo suficiente, pero creo que si vas a todas las clases y prestas atención, vas a tu casa sin dudas y, si la tienes, al día siguiente las preguntas… si haces todo eso, al final el método de estudio no es tan importante”. En su caso, además, prefiere estudiar fuera de casa para no caer en todas las distracciones que tienen en su cuarto.

Además, tanto Yoel como Francisco aprecian estudiar en grupo, para poder preguntar a sus compañeros o ser ellos quienes expliquen. De hecho, creen que contestar dudas de sus amigos puede ser beneficioso porque les ayuda a reflexionar mejor los temas. “Cuando uno explica las cosas a los demás, requiere un entendimiento más profundo del que tendrías cuando estás estudiado solo. Rodearse de personas que estén interesadas en la materia de verdad y poder ayudarnos entre nosotros creo que es lo más beneficioso”, reflexiona Yoel.

Compaginar los estudios con otras aficiones y la vida personal puede resultar un desafío cuando se pretende tener buenos resultados académicos. Pero, en general, estos tres estudiantes han podido combinar bien el esfuerzo académico con otras actividades. Quizá sea Irene la que más condicionantes pone, pues explica que solamente puede dar rienda suelta a su afición al dibujo en periodos de menos carga de trabajo. “Si estoy en una época de exámenes muy dura, incluso si tuviera tiempo libre, no sería capaz de disfrutarlo porque seguiría pensando en los exámenes, así que realmente no puedo disfrutar al máximo otras cosas si no termino de hacer lo que estoy haciendo. Pero en épocas más relajadas, sí puedo disfrutar”.

Francisco practica fútbol sala en un equipo federado, y cree que esas horas de deporte le ayudan a desconectar de los estudios. “Procuro no perder ningún entreno por estudiar, porque al final esa horita o horita y media de despejarte siempre viene bien. Creo que cuando estás haciendo deporte, desconectas totalmente de los estudios. No me imagino qué sería de mí si hubiera estado estudiado todo el rato”.

Yoel, por su parte, reconoce que hasta llegar a Bachillerato no era muy proclive a hacer vida social. “Sobre todo en estos dos últimos años de Bachillerato, he cambiado radicalmente en esa cuestión y, pese a que quizá no es lo más recomendable, casi he dedicado más tiempo estos años a salir y desconectarme un poco más que en el resto de mi vida”. También cultiva otras aficiones, como hacer deporte por su cuenta, tocar el teclado, jugar al ajedrez y programar en Arduino. “Pequeñas cosas pero que me van descubriendo distintas facetas de mí mismo”.

Francisco Bethencourt Lana

Francisco Bethencourt Lana.

La EBAU

Llegada la hora de la verdad, los exámenes de la EBAU suponen varias jornadas intensivas de exámenes, realizados en un entorno desconocido por los estudiantes, por lo que sería comprensible que hubiera algo de nervios. En el caso de Yoel, la máxima preocupación provenía del hecho de que él es de Granadilla y debía llegar hasta Adeje para hacer las pruebas. “Me causaba preocupación tener que despertarse temprano y a lo mejor no poder dormir bien o lo que sea. Pero cuando llegué al examen, me sentí más relajado de lo que creía”.

Francisco comparte experiencias similares: “Me ocurrió lo mismo, igual los días de antes sí estaba más nervioso, pero cuado llegas allí, sabes lo que te juegas, sabes que no puedes ponerte nervioso porque eso te puede perjudicar el futuro y, cuando llegas al examen, lo ves y sabes que puedes hacerlo… se te van los nervios y va todo rodando”.

Irene recuerda que su profesor de Lengua y Literatura les dijo que en la EBAU saca mejor nota quien más trabaja y quien menos nervioso está, por lo que intentó seguir ese consejo y controlar su ánimo. Pero, finalmente, a su juicio la EBAU “no es tan dura como la gente dice que es”, pues depende en gran medida del trabajo previo. “Mi consejo es que hay que ir con mentalidad de tiburón, durante las dos semanas previas no puedes pensar en lo duro que puede ser ni llorar o agobiarte, porque al final eso te quita tiempo. Yo me agobio muchísimo y soy la primera que se pone nerviosa e insegura. Pero intenté seguir ese ideal y me ha ido bien”.

Sobre qué exámenes fueron los más fáciles y los más difíciles, resulta muy curioso que a los dos estudiantes de Ciencias el comentario de texto les pareciera especialmente desafiante. Para Yoel, es el examen que más “incertidumbre” le provocaba porque, a su juicio, ni “se practica tanto como matemáticas” ni es “algo tan concreto como Historia”. En el caso de Francisco, cree que en el análisis de un texto no depende solo de quien lo comenta y eso le generaba incertidumbre, por lo que se sintió afortunado al ver que el texto periodístico elegido “era de los relativamente fáciles”. Aún así, cree que su examen de Matemáticas fue aún más duro.

En el caso de Irene, que es de la opción de Ciencias Sociales, también consideró especialmente complejo el examen de Lengua y el de Historia de España, y tuyo un recuerdo no muy cariñoso para el ejercicio de integrales de la prueba de Matemáticas, cuya dificultad le hizo optar finalmente por el de derivadas. 

El futuro

A priori, todo parece indicar que estos tres jóvenes van a tener una carrera universitaria relativamente cómoda para cumplir sus objetivos académicos. Pese a ello, los tres son bastante abiertos ante la posibilidad de cambios eventuales durante ese periodo y, por ello, no se atreven a visualizarse dentro de cinco años, un ejercicio que para todos parece excesivamente difuso.

“No sé dónde estaré dentro de cuatro años, pero confío bastante en mí mismo y en que cualquier cosa que haga me va a salir bien”, explica con apabullante seguridad Francisco. “No tengo el futuro claro ni me gusta tenerlo, porque eso me parece estructurar algo muy lejano y, si al final te arrepientes, no te queda otra. A mí, más que planificar el futuro, me gusta más darme las herramientas para que cuando me lo encuentre pueda afrontarlo de la mejor forma posible”.

Irene se ve terminando el grado y abierta tanto a comenzar a estudiar las oposiciones como a tomarse un año libre. “Es una pregunta difícil, depende de cómo me vaya. Si me va mal, podría plantearme cambiar de estudios, pero me costaría encontrar una alternativa, porque como no tengo muchas vocaciones de estudios o profesiones, me resultaría complicado tener que replantearme qué hacer”.

Yoel sí tiene clara su vocación por la cirugía y, en principio, es ahí donde ve su futuro, si bien reconoce que “en esta edad, es muy común equivocarse, probar cosas. Y la prueba y el error también es muy acorde a lo que es el pensamiento científico. Intento afrontar la universidad con ilusión, supongo que tenerle miedo a algo que no conoces, como es el futuro, es un poco irracional”.

Con incertidumbres o sin ella, tanto por sus propias capacidades como por el apoyo familiar que han recibido (el cual todos ellos reconocen como un factor muy positivo para su rendimiento), el futuro de estos tres jóvenes excelentes no está ni mucho menos escrito, pero van a ser ellos mismos quienes lo redacten a su gusto y con muy buena letra.

Gabinete de Comunicación


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