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La contaminación aérea se consolida como segundo factor de riesgo de mortalidad y eleva el peligro cardiovascular

jueves 30 de abril de 2026 - 12:00 GMT+0000

Infografía que acompaña el editorial sobre los principales factores de mortalidad.

La contaminación del aire se ha convertido en un riesgo sanitario global de gran relevancia, según un editorial reciente publicado en la Revista Española de Cardiología. Los investigadores destacan que la exposición a aire contaminado se ha consolidado como uno de los principales factores de riesgo de mortalidad a nivel mundial, situándose entre los primeros puestos junto a factores clásicos como la hipertensión arterial, el tabaquismo o la obesidad.

El editorial fue realizado por un equipo liderado por el profesor e investigador Alberto Domínguez, del área de Cardiología de la Universidad de La Laguna, con la colaboración de Daniel Hernández, del Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias, y Néstor Baéz, del servicio de Cardiología del Hospital Universitario de Canarias.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el informe Estado del Aire Global del Instituto de Efectos sobre la Salud de Estados Unidos, la contaminación atmosférica es responsable de alrededor de 8,1 millones de muertes al año, equivalente a más de una de cada ocho muertes en todo el mundo. Gran parte de estos contaminantes se encuentran en zonas urbanas, donde vive más de la mitad de la población mundial, y proviene principalmente de la quema y uso de combustibles fósiles, biomasa y procesos industriales.

Además de las emisiones humanas, fenómenos naturales como tormentas de polvo, incendios forestales y olas de calor extremas aumentan la presencia de partículas en suspensión y gases nocivos. Entre los contaminantes más peligrosos se encuentran las partículas PM2.5 y PM10, el monóxido de carbono (CO), los óxidos de nitrógeno (NOx), el dióxido de azufre (SO2) y el ozono troposférico (O3). Estas partículas son capaces de penetrar profundamente en los pulmones, alcanzando incluso los alvéolos, y desencadenar problemas respiratorios y cardiovasculares graves.

La evidencia científica demuestra que estos contaminantes incrementan significativamente el riesgo de infarto agudo de miocardio (IAM) y otras enfermedades cardiovasculares. Por ejemplo, en Madrid, un aumento de PM2.5 se relacionó con un incremento del 6,6% en la mortalidad por IAM. Estudios recientes en toda España muestran que niveles elevados de PM2.5 durante los tres días previos a un ingreso hospitalario aumentan un 7,1% la probabilidad de muerte intrahospitalaria tras un infarto.

El editorial también subraya la importancia de factores ambientales como temperatura y humedad, que pueden amplificar la respuesta fisiológica del organismo al estrés ambiental, aumentando el riesgo cardiovascular durante olas de calor, frío extremo o alta humedad.

Los expertos destacan que la contaminación del aire no puede considerarse un riesgo secundario. De hecho, se estima que es responsable de 28% de las muertes por cardiopatía isquémica, afectando especialmente a poblaciones urbanas y vulnerables. Por ello, las estrategias de prevención cardiovascular deben incorporar explícitamente medidas contra la contaminación ambiental, al mismo nivel que se hace con la hipertensión, la diabetes, la obesidad o el tabaquismo.


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