El acompañamiento psicológico en el proceso final de la vida en pacientes de cáncer infantil y juvenil centró una de las ponencias del III Congreso de Cáncer Infantil en Canarias: Fortaleciendo Vidas, celebrado el pasado 24 de abril. La intervención corrió a cargo del doctor Anastasio Pablo González Báez, Máster en cuidados paliativos del final de la vida y profesor de la Universidad Europea de Canarias, quien abordó una realidad compleja y a menudo evitada: los casos en los que la enfermedad no se supera.
Durante su exposición, el especialista subrayó que, pese a los avances médicos, sigue existiendo un porcentaje significativo de menores que no logran sobrevivir al cáncer, lo que plantea la necesidad de reforzar el acompañamiento emocional tanto del paciente como de su entorno. En este sentido, insistió en que la respuesta como sociedad debe centrarse en garantizar un final de vida digno, acompañado y humanizado. El ponente defendió un enfoque interdisciplinar en la atención, destacando la importancia de que los distintos profesionales implicados trabajen de forma coordinada. Según explicó, la atención no debe limitarse a intervenciones aisladas, sino integrar a psicólogos, personal sanitario y otros especialistas en un mismo proceso de cuidado.
A lo largo de la conferencia, González Báez reflexionó sobre la dificultad de afrontar la muerte en edades tempranas, señalando que la pérdida de un hijo constituye una de las crisis existenciales más intensas para una familia. Además, planteó cómo este impacto no solo afecta a los progenitores, sino también a hermanos, amigos y profesionales que acompañan el proceso. Para ilustrar estas ideas, el experto compartió experiencias reales de su trayectoria profesional. En uno de los casos, relató el acompañamiento a una familia cuyo hijo padecía una enfermedad rara con una esperanza de vida limitada. Destacó la implicación de los padres y la importancia de permitir a la familia participar en el momento final, lo que contribuyó a que la despedida se viviera desde la calma y la conexión emocional.
En otro caso, centrado en una joven con cáncer avanzado, puso de manifiesto las dificultades de comunicación dentro del entorno familiar, así como el peso del miedo y la ansiedad ante la enfermedad. A través de la intervención psicológica, se trabajaron aspectos como la gestión emocional, la comunicación abierta y la necesidad de afrontar la realidad de forma compartida.
Uno de los puntos clave de la ponencia fue la crítica a la denominada “conspiración de silencio”, una práctica en la que se evita informar al paciente sobre la gravedad de su estado. Según el especialista, esta actitud, motivada por el temor a causar sufrimiento, puede generar mayor angustia e incertidumbre en el menor. Frente a ello, defendió la importancia de adaptar la comunicación a la edad y nivel de comprensión del paciente, facilitando la expresión de sus miedos y necesidades. Asimismo, explicó cómo la percepción de la muerte varía según la etapa evolutiva: en edades tempranas no existe una comprensión completa de su carácter irreversible, mientras que en la adolescencia puede aparecer una negación o sensación de invulnerabilidad. Estas diferencias, señaló, deben tenerse en cuenta a la hora de intervenir psicológicamente.
El experto también abordó el impacto del duelo en las familias, destacando que la pérdida de un hijo puede generar sentimientos de culpa, fracaso y aislamiento. En algunos casos, indicó, estas situaciones pueden derivar en la ruptura de la pareja debido a la dificultad para compartir el dolor. Además, advirtió sobre las consecuencias en los hermanos, quienes pueden experimentar sentimientos de abandono o soledad al quedar en segundo plano durante el proceso. En este contexto, González Báez insistió en la necesidad de acompañar a todo el entorno familiar, promoviendo espacios de comunicación y apoyo que permitan elaborar el duelo de manera saludable.
Como conclusión, el ponente subrayó que la psicología desempeña un papel fundamental en el final de la vida, no tanto para ofrecer respuestas ante la muerte, sino para ayudar a gestionar los miedos y facilitar un proceso más consciente y acompañado. La intervención, afirmó, debe centrarse en mejorar la calidad de vida hasta el final y en garantizar que tanto el paciente como su familia puedan afrontar este proceso con el mayor bienestar posible.
La conferencia remarcó la importancia de integrar el cuidado emocional dentro de la atención al cáncer infantil, destacando que, incluso en los casos en los que no es posible la curación, sigue siendo esencial cuidar, acompañar y humanizar cada etapa del proceso.

