Casi 190 millones de mujeres y niñas en edad reproductiva en el mundo viven con un dolor considerado “normal”, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este dolor puede ir desde menstruaciones molestas hasta limitaciones en la vida diaria, el trabajo, los estudios o la vida social. Se estima que una de cada diez mujeres en edad reproductiva padece endometriosis, una enfermedad crónica que durante años ha permanecido silenciada y cuyo diagnóstico, en muchos casos, se retrasa entre siete y ocho años, o incluso más.
Cada 14 de marzo se celebra el Día Mundial de la Endometriosis, una fecha que busca visibilizar esta enfermedad poco conocida y concienciar sobre sus síntomas, su impacto en la calidad de vida y la importancia de un diagnóstico precoz.
Para Aythamy González Darias, profesora contratada doctora del área de Enfermería de la Universidad de La Laguna, este día resulta fundamental para dar visibilidad a una patología que durante décadas ha permanecido en segundo plano pese a afectar al bienestar de millones de mujeres.
Por su parte, Rubí Rodríguez Díaz, profesora titular del área de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de La Laguna, destaca que la efeméride también puede contribuir a impulsar la investigación y favorecer la creación de unidades hospitalarias especializadas en endometriosis, mejorando así la atención a las pacientes.
Una patología aún muy desconocida
“La endometriosis es una enfermedad benigna en la que tejido similar al que recubre el interior del útero aparece fuera de la cavidad uterina”, explica Rodríguez Díaz. Y añade: “Este tejido, conocido como endometrio, experimenta cambios durante el ciclo menstrual en respuesta a las hormonas femeninas —estrógenos y progesterona— y se descama durante la menstruación”.
Cuando este tejido se encuentra fuera del útero, continúa respondiendo a los cambios hormonales del ciclo menstrual e incluso a los tratamientos hormonales. Por ello, la endometriosis se considera una enfermedad estrógeno-dependiente. “Puede presentarse desde el inicio de la menstruación hasta la menopausia”, apunta la especialista. Sus causas son complejas y todavía no se conocen completamente. Las especialistas consideran que en su desarrollo intervienen factores genéticos, inmunológicos, hormonales y ambientales.
Entre las teorías más aceptadas se encuentra la menstruación retrógrada. Rodríguez Díaz explica: “Es posible que las células endometriales que se descaman durante la menstruación asciendan por las trompas de Falopio hacia la cavidad peritoneal, en lugar de ser expulsadas por la vía vaginal”.
También se ha observado que algunas mujeres presentan una predisposición genética que las hace más vulnerables. A ello se suma el posible papel del sistema inmunitario. Cuando este no elimina adecuadamente las células endometriales fuera del útero, estas pueden implantarse y proliferar. Este factor podría explicar que muchas pacientes presenten también otras enfermedades autoinmunes, como lupus, esclerosis múltiple o enfermedad inflamatoria intestinal.
A estos elementos se añaden los factores ambientales. “Se ha descubierto que diversos contaminantes, que actúan como disruptores endocrinos, como los bifenilos policlorados (PCB), los plaguicidas organoclorados y las dioxinas, se acumulan en nuestros organismos y pueden provocar endometriosis en las mujeres”, afirma la ginecóloga. Según estudios recientes, el riesgo de desarrollar la enfermedad aumenta hasta un 70% con los PCB, un 65% con las dioxinas y un 23% con los plaguicidas.
Los síntomas de la endometriosis pueden variar ampliamente. Algunas mujeres no presentan molestias claras, mientras que otras experimentan síntomas que afectan de forma importante a su calidad de vida.
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran el dolor pélvico cíclico coincidente con la menstruación —dismenorrea—, que en ciertos casos puede ser intenso o limitante. También puede aparecer dolor durante las relaciones sexuales —dispareunia— o dolor pélvico persistente.
Dependiendo de la localización de las lesiones, algunas pacientes pueden notar molestias al orinar o al evacuar durante la menstruación, así como dolor que se irradia hacia la zona lumbar, los flancos o los muslos. En otras ocasiones se presentan síntomas más generales, como distensión abdominal, náuseas, fatiga o una mayor sensibilidad al dolor.
“Aunque muchas mujeres padecen dolor durante la menstruación, en la mayoría de los casos se trata de algo benigno”, afirma Rodríguez Díaz. “Sin embargo, cuando el dolor es muy intenso, aparece desde edades tempranas, aumenta con el tiempo o interfiere con la vida diaria, puede ser un indicio de endometriosis”, aclara.
Más allá de las molestias físicas, la enfermedad puede tener un impacto importante en la salud mental y en la vida diaria. Según Aythamy González Darias, esta patología a menudo pasa desapercibida incluso para algunos profesionales sanitarios, lo que hace que muchas mujeres convivan con el dolor durante años sin recibir orientación adecuada. Por ello, la investigadora subraya la importancia de reforzar la formación de los futuros profesionales sanitarios desde una perspectiva de género y de promover la educación en salud menstrual. Conocer mejor el propio cuerpo y reconocer signos diferenciales, como el dolor menstrual limitante, puede facilitar una consulta temprana.
Un diagnóstico complejo
Desde el punto de vista clínico, el diagnóstico de la endometriosis sigue siendo un reto. Rubí Rodríguez Díaz explica que esta enfermedad puede pasar inadvertida durante años, con retrasos diagnósticos que en muchos casos superan los siete u ocho años.
Parte de este retraso se debe a la normalización del dolor menstrual. En ocasiones, los síntomas se atribuyen a causas psicológicas o se restan importancia a las molestias que describen las pacientes. “Incluso se las ha tachado de exageradas o depresivas sin valorar una posible causa médica”, señala la especialista.
“El diagnóstico suele basarse en la combinación de historia clínica, exploración física y pruebas de imagen”, señala la ginecóloga. Una anamnesis detallada sobre los síntomas menstruales y el dolor pélvico crónico puede orientar la sospecha de endometriosis.
La ecografía transvaginal se ha consolidado como la herramienta de primera elección cuando existe sospecha de la enfermedad. En los casos en que los hallazgos no son concluyentes, puede recurrirse a la resonancia magnética, especialmente para evaluar afectaciones en determinadas zonas.
“La laparoscopia, que durante años fue considerada el ‘estándar de oro’ para identificar visualmente los focos de endometriosis, ya no es imprescindible para el diagnóstico”, explica la ginecóloga. Sin embargo, sigue siendo útil para estadificar la enfermedad, tomar biopsias y realizar tratamientos quirúrgicos cuando es necesario.
El tratamiento de la endometriosis se adapta a los síntomas de cada paciente, su edad y sus deseos reproductivos. Las opciones pueden ser médicas, mediante analgésicos para controlar el dolor, o hormonales, con el objetivo de reducir la actividad hormonal y frenar temporalmente la progresión de la enfermedad.
Cuando los síntomas son más graves o existe afectación de otros órganos, puede ser necesaria la cirugía para eliminar quistes endometriósicos —endometriomas—, así como lesiones o adherencias entre órganos. Estas intervenciones suelen realizarse mediante técnicas mínimamente invasivas. También existen tratamientos alternativos, como la escleroterapia con etanol, que permite tratar los endometriomas de forma localizada.
La endometriosis también puede afectar a la fertilidad. En muchos casos, el diagnóstico llega cuando una mujer consulta tras varios intentos fallidos de embarazo. Según explica Rodríguez Díaz, hasta el 50% de las pacientes con endometriosis pueden presentar problemas de fertilidad.
En este proceso, las matronas desempeñan un papel importante en la detección y derivación temprana. Tal y como explica Aythamy González Darias, estas profesionales suelen estar en primera línea de contacto con las pacientes.
“Muchas mujeres llegan a consulta cuando el embarazo no llega. En ese momento, las matronas tenemos un papel clave en la derivación a unidades más especializadas como las unidades de fertilidad”, explica. Las dificultades para concebir pueden tener además un alto impacto emocional, generando ansiedad, estrés o depresión en algunas pacientes.
Un protocolo específico en Canarias
Precisamente, Aythamy González Darias señala que la endometriosis tiene un gran impacto no solo a nivel físico, sino también en la salud mental y el bienestar psicosocial. La investigadora pudo constatarlo al analizar los testimonios de mujeres que participaron en entrevistas para un Trabajo de Fin de Grado. Sus experiencias evidenciaban las dificultades del recorrido asistencial y la necesidad de mejorar la coordinación sanitaria.
Estos hallazgos se incorporaron posteriormente al Protocolo para el manejo de la endometriosis en Canarias, publicado en 2022 y fruto de la colaboración entre la Universidad de La Laguna y el Servicio Canario de Salud. La participación de la Asociación Canaria de Endometriosis fue fundamental para incorporar la perspectiva de las pacientes y reflejar mejor sus necesidades reales.
El objetivo de este protocolo fue integrar las visiones de profesionales sanitarios y las pacientes, con el fin de mejorar la atención y adaptarla a la realidad de quienes conviven con la enfermedad. Una de las mejoras propuestas es la incorporación de la Escuela de Pacientes, una demanda que han reivindicado las propias mujeres. Este espacio permite compartir experiencias, hablar sobre los síntomas, recibir formación e información, así como intercambiar consejos de salud. Todo ello bajo la supervisión y orientación de profesionales sanitarios, que gestionan la escuela, pero dando un papel protagonista a las pacientes. Otro de los objetivos es impulsar la creación de unidades específicas de endometriosis.
Uno de los tres pilares fundamentales del protocolo es homogeneizar los circuitos asistenciales y reducir el retraso en el diagnóstico, que en Europa puede tardar entre siete y diez años. Además, el documento apuesta por un enfoque multidisciplinar que reúne las diferentes miradas de los profesionales implicados en la patología. “Las distintas especialidades están contempladas en el protocolo, lo que lo hace más rico”, señala.
“Muchas mujeres inician un recorrido que se convierte en un verdadero peregrinaje: pasan de un profesional a otro y por distintos servicios sanitarios. A menudo incluso se les dice que están sanas. Si existiera una unidad que coordinara todas estas especialidades, el diagnóstico y el tratamiento llegarían mucho antes”, explica González Darias.
Así, las enfermeras y matronas ocupan un lugar central en la detección temprana de la endometriosis. Su cercanía con la población joven, tanto a través de la enfermería escolar como de los programas de educación sanitaria, permite identificar síntomas diferenciales y orientar a las pacientes desde edades tempranas. Además, su labor educativa contribuye a desmontar algunos mitos en torno a la menstruación. “La regla puede doler, pero no debería impedir la vida diaria”, afirma la investigadora.
Los avances en diagnóstico y tratamiento están cambiando progresivamente la forma de abordar la endometriosis, permitiendo identificarla antes y ofrecer terapias más personalizadas. La ginecóloga de la Universidad de La Laguna, Rubí Rodríguez Díaz, destaca que se están desarrollando biomarcadores en sangre y saliva que podrían facilitar un diagnóstico más rápido y menos invasivo.
En el ámbito terapéutico también se investigan nuevos fármacos hormonales, como elagolix o relugolix, que actúan reduciendo los niveles hormonales implicados en la progresión de la enfermedad. Asimismo, se estudian tratamientos basados en anticuerpos monoclonales y el uso de cirugía robótica, que permite intervenciones más precisas y menos agresivas.
Aun así, Aythamy González Darias recuerda que todavía queda mucho por hacer: “Quizás debamos unas disculpas a las mujeres con endometriosis, que durante años han pasado desapercibidas y han sufrido retrasos en su diagnóstico y tratamiento”, concluye.
Este reportaje es una iniciativa enmarcada en el Calendario de Conmemoraciones InvestigaULL, proyecto de divulgación científica promovido por la Universidad de La Laguna.
Unidad de Cultura Científica y de la Innovación (Cienci@ULL


