Las investigadoras de la Universidad de La Laguna Ascensión Camero Arranz, del Departamento de Didácticas Específicas, y Noemí Peña Sánchez, del Departamento de Bellas Artes, han analizado el uso de la cámara oscura como herramienta educativa low-tech para la enseñanza conjunta de arte, ciencia y tecnología en educación secundaria. El estudio, publicado en la revista Artnodes, concluye que la incorporación de recursos analógicos, combinados con metodologías basadas en la indagación, favorece un aprendizaje significativo, crítico e interdisciplinar en un contexto educativo cada vez más digitalizado.
La cámara oscura es un dispositivo óptico que permite la observación directa de la formación de imágenes basada en la propagación rectilínea de la luz que, al atravesar un pequeño orificio en una caja oscura, proyecta una imagen invertida en la pared opuesta. Este fenómeno, documentado desde la antigüedad y perfeccionado en el Renacimiento, se convirtió en una herramienta utilizada por pintores para representar la realidad y, al llegar al siglo XIX, permitió también el desarrollo de la fotografía y el cine.
El trabajo, titulado From simplicity to innovation: the camera obscura as a low-tech tool in modern education, se basa en una experiencia educativa desarrollada con alumnado de bachillerato en la que la cámara oscura se convierte en el eje de un proceso de aprendizaje experiencial. A través de la manipulación directa de este dispositivo, el estudiantado explora los principios básicos de la formación de la imagen y los conceptos fundamentales de la óptica geométrica, integrando al mismo tiempo conocimientos propios del ámbito artístico.
El proyecto se inscribe en una línea de investigación interdisciplinar consolidada desarrollada por ambas investigadoras a lo largo de varios años. En palabras de Noemí Peña, “no se trata de volver al pasado, sino de llevar herramientas clásicas a nuevos territorios educativos y explorar su potencial a través de la experiencia”.
Según explica Ascensión Camero, “la cámara oscura permite comprender fenómenos físicos complejos desde la experiencia directa. El alumnado no memoriza contenidos, sino que los observa, los experimenta y los construye progresivamente, siguiendo un proceso muy cercano al método científico”. Este enfoque facilita una asimilación más profunda de los contenidos curriculares y refuerza la motivación del alumnado, al situarlo en el centro del proceso educativo.
Aprender a mirar en la era digital
Uno de los aportes más relevantes del estudio es la reflexión crítica que plantea sobre la producción y el consumo de imágenes en la era digital. Frente a la inmediatez y la velocidad que caracterizan a las tecnologías actuales, la cámara oscura introduce una experiencia basada en el “tiempo lento”, que favorece la observación atenta, la presencia y la percepción consciente. En este sentido, Camero subraya que “la cámara oscura obliga a parar, observar y construir el conocimiento poco a poco. No se trata de teorizar sobre la luz, sino de vivirla, experimentarla y comprenderla desde dentro”.
Desde el ámbito artístico, Peña añade que trabajar con este dispositivo “es aprender a mirar de nuevo. La imagen analógica exige tiempo, paciencia y atención, y permite tomar conciencia de cómo se forma una imagen, algo que la fotografía digital tiende a invisibilizar”. Esta experiencia inmersiva contribuye al desarrollo de la creatividad y fomenta el pensamiento crítico del alumnado, al reflexionar sobre el uso de la tecnología y su impacto en la percepción de la realidad.
El estudio destaca que la cámara oscura, pese a su simplicidad, constituye un recurso didáctico innovador, accesible y sostenible por ser de bajo coste, fácilmente replicable y adaptable a distintos niveles educativos y contextos socioculturales. “Lo verdaderamente innovador no es el uso de la tecnología en sí, sino la manera en que se integra en el proceso de aprendizaje”, señala Peña, defendiendo un uso complementario de lo analógico y lo digital.
La experiencia tuvo también un impacto más allá del aula, al favorecer la implicación de la comunidad educativa: la cámara oscura despertó el interés de profesorado de distintas áreas, familias y personal del centro, convirtiéndose en una experiencia compartida que reforzó los vínculos educativos y sociales.
La trayectoria de esta investigación ha tenido asimismo proyección internacional, con la presentación del proyecto en congresos y encuentros académicos celebrados en ciudades como Atenas, y próximamente en Zadar (Croacia), donde ha suscitado interés por su enfoque híbrido entre investigación educativa y práctica artística.
El estudio concluye que el uso de la cámara oscura facilita la comprensión de contenidos científicos y promueve un aprendizaje significativo basado en la experiencia, la colaboración y la motivación del alumnado. Este tipo de propuestas favorecen una participación activa en el proceso educativo y una comprensión más profunda de los fenómenos físicos y visuales, al tiempo que invitan a desarrollar una mirada crítica sobre la imagen en el contexto digital contemporáneo.
Más allá de los resultados académicos, el estudio pone de relieve el papel de la universidad como agente activo en la transformación educativa y social. La recuperación y resignificación de herramientas y experiencias del pasado se plantea, en este sentido, como una vía para repensar los modelos educativos contemporáneos y promover una relación más crítica, consciente y humana con la tecnología.

