El libro ‘Vulnerabilidad y estrategias de adaptación al cambio climático en la isla de Tenerife’ es el resultado de un trabajo técnico, fruto del convenio de colaboración entre la Universidad de La Laguna y la Consejería de Transición Ecológica y Energía del Gobierno de Canarias. El volumen fue presentado ayer 8 de octubre en el Museo de Naturaleza y Arqueología de Santa Cruz de Tenerife.
La obra, dirigida pro la catedrática de Botánica Juna María González Mancebo, con al colaboración de un nutrido grupo de expertos y expertas, analiza la respuesta de la flora endémica y de diferentes comunidades vegetales frente a las variaciones de las condiciones climáticas en la isla, identificando especies y áreas territoriales expuestas a estos fenómenos. Entre los ecosistemas examinados se incluyen la vegetación de cumbre, el pinar húmedo y el monteverde.
El director general de Calidad Ambiental, Ángel Montañés, explicó que el documento aporta un diagnóstico técnico e indicadores científicos sobre el grado de exposición de las diferentes especies vegetales en Tenerife ante las variaciones climáticas. “El texto recopila datos específicos orientados a la planificación de actuaciones de conservación y gestión del medio natural”.
Por su parte, el director de Institutos Universitarios y Publicaciones de la Universidad de La Laguna, Roberto González Zalacaín, señaló en la presentación que la publicación aborda la vulnerabilidad de la flora insular ante distintos escenarios de cambio climático y muestra cómo la investigación universitaria aporta conocimiento científico sobre el territorio y evidencias útiles para el trabajo técnico. Además, destacó que “el trabajo combina la metodología científica con el trabajo de campo en el territorio para detallar la situación de las especies e instalaciones analizadas”.
Un diagnóstico por especies y territorios
El estudio analiza amenazas como el aumento de las temperaturas, la reducción de las precipitaciones, los periodos de sequía y calor más prolongados, las intrusiones de aire sahariano y los cambios en los alisios. Factores que pueden favorecer, entre otros efectos, un mayor riesgo de incendios, la expansión de especies exóticas y plagas, la degradación de los suelos y la pérdida de capacidad de los ecosistemas como sumideros de CO₂.
El proyecto establece un índice de vulnerabilidad con cuatro niveles y una ficha de diagnóstico para las especies estudiadas, que incorpora datos sobre su desarrollo y productividad reproductora, como el número de flores y semillas observado en campo. El análisis tiene en cuenta también los obstáculos para la adaptación y desplazamiento de las especies, entre ellos la presión de herbívoros como el conejo, el muflón y el ganado asilvestrado. A partir de los resultados se plantean medidas como vallados de exclusión, control de herbívoros, restauración de hábitats o traslocación de ejemplares.
El estudio incorpora además una valoración territorial de las siete islas, con mapas de refugios climáticos, sumideros de carbono y corredores climáticos, así como modelos sobre la evolución de los pisos bioclimáticos y de las comunidades vegetales bajo diferentes escenarios climáticos. También se han realizado diagnósticos sobre el grado de degradación y naturalidad de las comunidades y vallados experimentales de 20 por 20 metros en Tenerife para estudiar la respuesta de la vegetación ante la presión de los herbívoros.

