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Las historias tras las mejores notas de acceso

miércoles 17 de junio de 2026 - 11:02 GMT+0000

La pantalla del ordenador tardó apenas unos segundos en mostrar unas cifras que resumían dos años de esfuerzo, muchas horas de estudio y no pocos momentos de incertidumbre. Lucía Cabrera Aparicio rompió a llorar. David Marrero Remedios, en cambio, se puso a gritar de alegría. Ninguno de los dos esperaba que aquellas notas fueran tan altas. Tampoco imaginaban que, unas horas después, sus nombres se convertirían en los de los estudiantes con las mejores calificaciones de acceso a la universidad en la convocatoria de junio de 2026 en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, basándose para ello en la media entre la nota final del Bachillerato y la propia PAU, en su fase general.

Detrás del 9,96 obtenido por el estudiante del IES Mencey Acaymo de Güímar y del 9,92 conseguido por la alumna del Colegio La Salle San Ildefonso hay mucho más que dos expedientes brillantes. Hay tardes de entrenamiento, libros, videojuegos, largas jornadas frente a los apuntes y una red de apoyo formada por familiares y amistades que ha sido fundamental durante estos dos años. Y hay también una coincidencia que llama la atención: ambos tienen un hermano mellizo que también se presentó a la PAU y ambos señalan a sus respectivas madres como el principal referente de sus vidas.

La noticia llegó el pasado viernes, cuando se publicaron las calificaciones. Aunque ambos confiaban en haber realizado unos buenos exámenes, ninguno esperaba alcanzar puntuaciones tan elevadas. “No me lo creo todavía”, reconoce David, quien admite que el resultado le sorprendió mucho más de lo que había imaginado. Lucía comparte esa misma sensación. Sabía que las pruebas habían salido bien, pero nunca pensó que la recompensa sería tan grande. “Estoy muy contenta y agradecida. Al final, ver que todo el esfuerzo se recompensa hace mucha ilusión”, explica.

Dos años de esfuerzo

Los dos estudiantes recuerdan el Bachillerato como una etapa exigente, marcada por la constancia y por la necesidad de aprender a convivir con la presión. Si algo tienen claro es que un resultado de estas características no se improvisa en las semanas previas a la PAU.

Lucía se había marcado desde el principio un objetivo muy concreto. Con la vista puesta en Medicina y consciente de las elevadas notas de corte, decidió aprovechar al máximo cada curso. “No he parado en todo el año”, resume. La organización y la disciplina se convirtieron en dos de sus principales aliados.

David también tenía una meta ambiciosa: conseguir la máxima nota posible para disponer de libertad a la hora de elegir su futuro académico. Esa idea le acompañó durante todo el Bachillerato y le permitió afrontar una etapa que, reconoce, estuvo llena de momentos de incertidumbre.

Ambos coinciden en señalar que la clave ha sido mantener una rutina, llevar las materias al día y aprender a gestionar los momentos difíciles. Porque detrás de las mejores notas también se esconden dudas y resultados que no siempre están a la altura de las expectativas.

David recuerda especialmente uno de los primeros exámenes de análisis matemático de segundo de Bachillerato. Después de dedicar mucho tiempo a prepararlo, obtuvo un 6,9. La nota le dejó decepcionado y le hizo preguntarse si estaba trabajando de la manera adecuada. Sin embargo, decidió no quedarse con aquella sensación. “Hay que seguir y no rendirse”, resume.

Lucía también recuerda un episodio de incertidumbre durante las semanas previas a la PAU. En un momento determinado comenzó a pensar que las matemáticas no saldrían como esperaba. El miedo y los nervios hicieron acto de presencia, pero decidió confiar en el trabajo realizado durante los meses anteriores y reforzar la preparación resolviendo exámenes de convocatorias pasadas. Con el tiempo comprendió que, después de dos años estudiando los mismos contenidos, tenía más motivos para confiar en sí misma que para dejarse llevar por la inseguridad.

Precisamente, ambos coinciden en que uno de los factores que hizo más llevadera la recta final fue no dejarlo todo para el último momento. El trabajo acumulado durante los dos cursos permitió que las semanas previas a la prueba fueran intensas, pero no agobiantes. “Muchas veces recuerdas conceptos que llevas estudiando durante mucho tiempo y no resulta tan duro como habías imaginado”, explica David.

Aprender dentro y fuera del aula

Cuando se les pregunta por las primeras personas en las que pensaron al conocer las notas, las respuestas vuelven a coincidir. David vio las calificaciones junto a su madre y a su hermano mellizo, que también se presentó a la PAU y logró una de las mejores treinta notas de acceso. Lucía, por su parte, compartió inmediatamente la alegría con su familia y con su hermana melliza, quien también se examinó en esta convocatoria.

En los días más complicados, las conversaciones con sus madres y con sus hermanos se convirtieron en un refugio frente al estrés y la presión propios de una etapa tan exigente. En el caso de

Lucía Cabrera, del Colegio La Salle San Ildefonso.

Lucía, además, haber cursado Bachillerato al mismo tiempo que su hermana le permitió compartir dudas y afrontar juntas las dificultades del día a día. “Nos ayudábamos mutuamente”, recuerda.

David destaca también la complicidad con su hermano, con quien repasaba algunos contenidos y compartía conocimientos. Aunque ambos prefieren estudiar de manera individual para concentrarse mejor, coinciden en que explicar en voz alta lo aprendido les ayuda a fijar mejor los conceptos.

De hecho, tanto uno como otra tienen una costumbre muy parecida: caminar por la habitación mientras repasan. Si algo tienen claro es que sacar buenas notas no significa dedicar todo el tiempo al estudio. Encontrar espacios para desconectar ha sido una parte importante del proceso.

Lucía encuentra ese equilibrio en el deporte. Practica tenis y pádel prácticamente todos los días, una actividad que le permite despejar la mente y afrontar con más energía las jornadas de estudio. “Me ayuda mucho a desconectar”, asegura. David, por su parte, encuentra esa pausa en la lectura y, en ocasiones, en los videojuegos. Leer le permite sumergirse en un mundo completamente distinto y alejarse durante un tiempo de la presión académica.

Tampoco sorprende que las asignaturas que más han disfrutado durante el Bachillerato sean precisamente aquellas que marcarán sus futuras decisiones. Lucía destaca Biología, Química y Matemáticas, mientras que David reconoce su predilección por Matemáticas y Física.

Un futuro para ayudar a los demás

A pesar de su juventud, tanto Lucía como David tienen bastante claro hacia dónde quieren dirigir sus pasos. La alumna del Colegio La Salle San Ildefonso no recuerda un momento concreto en el que decidiera estudiar Medicina. Simplemente, siempre ha estado ahí. Desde los siete años ha imaginado su futuro vinculado a la profesión médica y, aunque en su familia no hay facultativos, nunca ha dudado de cuál era su camino.

Su objetivo es especializarse en Neurocirugía y, cuando se proyecta una década hacia adelante, se ve trabajando en el Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria. “Poder ayudar a una persona que está sufriendo o incluso salvarle la vida es una satisfacción que no se puede comparar con nada”, afirma.

David Marrero, del IES Mencey Acaymo.

David tampoco recuerda una etapa de su vida en la que las matemáticas no estuvieran presentes. Aunque durante el último curso se interesó también por ámbitos como la ingeniería informática y el análisis de datos, cree que finalmente se decantará por una disciplina que siempre le ha despertado curiosidad.

Lo que más le atrae es comprender el razonamiento que hay detrás de las cosas y seguir profundizando en un campo que le apasiona desde hace años. Su futuro profesional aún está por definir, pero entre las opciones que contempla se encuentran la investigación, la docencia y las aplicaciones vinculadas a la inteligencia artificial.

Pese a la diferencia entre ambas vocaciones, existe un punto en común que los une: el deseo de ayudar a otras personas. Mientras Lucía sueña con mejorar la vida de sus pacientes desde la medicina, David confía en que aquello que aprenda pueda servir para aportar soluciones y contribuir al bienestar de la sociedad desde cualquier ámbito en el que finalmente desarrolle su carrera.

Hay una última pregunta que provoca una coincidencia inesperada. Cuando se les pide que nombren a la persona que más les ha inspirado durante estos años, tanto Lucía como David responden prácticamente al mismo tiempo: sus madres. La estudiante del Colegio La Salle San Ildefonso la describe como un ejemplo de esfuerzo y sacrificio. Admirar la forma en la que ha trabajado para ofrecer lo mejor a su familia ha hecho que aspire a seguir sus pasos y a convertirse, algún día, en una persona capaz de transmitir esos mismos valores.

David comparte ese sentimiento. Para él, su madre ha sido la persona que siempre ha estado presente en los momentos difíciles y quien le ha ayudado a afrontar las etapas de mayor incertidumbre. Por eso, considera que gran parte de lo conseguido también le pertenece a ella. No deja de resultar curioso que ambos hayan recorrido estos dos años acompañados por sus respectivos hermanos mellizos y que, al mirar atrás, señalen a sus madres como la figura que más les ha marcado.

Con apenas dieciocho años, todavía tienen muchas decisiones por tomar. Lucía sueña con convertirse en neurocirujana y trabajar en uno de los principales hospitales del Archipiélago. David continúa descubriendo las posibilidades que le ofrece el universo de las matemáticas, desde la investigación hasta la inteligencia artificial.

Sus trayectorias profesionales aún están por escribirse, pero ambos comparten una misma convicción: que el conocimiento solo cobra verdadero sentido cuando sirve para mejorar la vida de otras personas.

Gabinete de Comunicación

 

 


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