
Sergio Bonaque-González, investigador posdoctoral Viera y Clavijo de la Universidad de La Laguna y autor principal del trabajo.
Un grupo de investigación de la Universidad de La Laguna ha desarrollado una tecnología con potencial para cambiar una de las rutinas más básicas de la astrofísica moderna: medir la temperatura de las estrellas. El trabajo, titulado “Diffraction-driven photometry: a novel method for stellar temperature determination”, ha sido aceptado en la revista Astronomy & Astrophysics, una de las más prestigiosas del campo, y plantea una idea tan sencilla de explicar como difícil de imaginar hasta ahora: obtener esa información a partir de una sola imagen de la estrella.
Conocer la temperatura de una estrella no es algo trivial y constituye uno de los primeros pasos para entender su naturaleza. A partir de ese dato, los astrónomos y astrónomas pueden empezar a deducir otras propiedades fundamentales, como su tamaño, su estado evolutivo o estimaciones relacionadas con su distancia y características físicas.
Desde hace cerca de un siglo, la forma habitual de estimar la temperatura de una estrella consiste en observarla al menos dos veces en condiciones diferentes, normalmente usando filtros distintos. Después, se comparan ambas imágenes y, a partir de esa diferencia, se calcula su temperatura. Es un método robusto y muy consolidado, pero obliga a repetir observaciones y a incorporar filtros, mecanismos de cambio y una mayor complejidad instrumental.
El nuevo trabajo propone una alternativa novedosa: en lugar de depender de dos imágenes, el equipo investigador ha demostrado que la información térmica de la estrella estaba ya contenida en una sola toma, codificada en la propia estructura de la imagen.
“La calidad de las imágenes astronómicas está limitada por un fenómeno físico inevitable y natural llamado difracción, que se produce porque la luz se comporta como una onda”, explica el doctor Sergio Bonaque González, investigador posdoctoral Viera y Clavijo de la Universidad de La Laguna y autor principal del trabajo. “Eso hace que una estrella, que idealmente debería verse como un punto, aparezca en la cámara como una pequeña mancha luminosa. Durante mucho tiempo esa mancha se ha considerado únicamente una limitación de la imagen. Lo que hemos descubierto es que no es simplemente ruido: su estructura contiene información física sobre la estrella, incluida su temperatura, y hemos demostrado que esa información puede recuperarse de manera relativamente sencilla y con los telescopios que ya existen, sin necesidad de añadir nuevos elementos”.
La propuesta cambia la forma de interpretar ese efecto óptico, convirtiendo lo que hasta ahora se trataba como una limitación en una nueva fuente de información. Si esta tecnología logra consolidarse, sus aplicaciones podrían ser especialmente relevantes en el ámbito espacial, ya que permitiría a los telescopios dedicar más tiempo a observar nuevos objetos en lugar de repetir medidas sobre los mismos.
“Si podemos extraer con una sola imagen información que antes exigía varias observaciones, el impacto en eficiencia puede ser enorme. En términos científicos, eso equivale a disparar el rendimiento y, en ciertos escenarios, a doblar virtualmente su capacidad útil de observación”, señala Bonaque González. “Eso significa más ciencia con menos tiempo, menos complejidad instrumental y sistemas potencialmente más ligeros, compactos y económicos. En plataformas espaciales pequeñas, esta idea puede ser especialmente potente”.
El investigador insiste, no obstante, en que se trata de un trabajo fundacional. “Este resultado abre una puerta, pero ahora toca recorrer el camino. Los métodos clásicos han sido calibrados y refinados durante décadas, así que cualquier nueva técnica tendrá que pasar por un proceso similar de validación. El potencial es muy alto, pero será el tiempo, las pruebas experimentales y los retos de ingeniería los que dirán hasta dónde puede llegar”.
El avance refuerza el papel de la Universidad de La Laguna en el desarrollo de nuevas tecnologías fotónicas en un momento en el que la ciencia depende cada vez más de instrumentos más precisos y eficientes, y demuestra que incluso en un campo tan maduro como la astronomía todavía quedan formas nuevas de mirar al cielo.
“Aunque el trabajo nace en el contexto de la astrofísica, sus fundamentos físicos tienen aplicaciones más amplias. De hecho, la Universidad de La Laguna ya ha tramitado una patente asociada a uno de sus posibles usos tecnológicos, y esperamos poder dar noticias relevantes sobre ello en el futuro próximo”, añade el investigador.
Este trabajo científico ha sido posible gracias a la financiación de la Agencia Canaria de Investigación, Innovación y Sociedad de la Información.
