El investigador británico Matt Folley, perteneciente a la Queens University de Belfast, apuntó hoy en las jornadas de la Universidad de La Laguna las enormes posibilidades que podría tener el aprovechamiento de la fuerza de las olas en el archipiélago canario. «Las constancia del oleaje en Canarias y su clima harían posible utilizar esa energía para desalar agua», señaló. Además, especificó, en términos de rendimiento energético, las variables con las que se cuenta en nuestra tierra para este tipo de nuevas tecnologías vinculadas a las energías renovables.
Actualmente, este investigador está afincado en Gran Canaria y colabora en un programa del Instituto Tecnológico de Canarias (ITC), que entre otros objetivos persigue lograr la desalación de agua, gracias a la electricidad generada por las olas del mar. «Lo que la gente debería comenzar a pensar es en cómo aprovechar los excedentes energéticos de este tipo de tecnologías, por eso es tan interesante la integración con sistemas de desalación del agua», apuntó.
«La gran diferencia con otro tipo de oleajes que existen en Europa es evidente, aunque aquí las olas son menos potentes y generan la mitad de la energía que, por ejemplo, en Escocia, son mucho más constantes y al final teniendo en cuenta parámetros de mantenimiento, coste y reducción de las pérdidas sería muy interesante aprovecharlo», explicó Folley. Junto a estas palabras el investigador recordó «lo importante es determinar cuanto cuesta capturar la energía que acumulan las olas, tanto en su movimiento de arriba hacia abajo, como de adelante hacia atrás».
Con los datos expuestos por Folley, aprovechando el ejemplo de Escocia, aseguró que si bien allí se generan 50 kilowatios por metro de ola, y en Canarias exactamente la mitad, al analizar los datos de un año entero se descubre que hay poca diferencia. «En este archipiélago hay olas más pequeñas, pero todo el año, apenas se producen tormentas, y eso hace que los equipos sobrevivan más tiempo», comentó. Como curiosidad subrayó que en Escocia en un día de fuerte oleaje se puede obtener, con olas de 10 a 15 metros, el 10 por ciento de la energía total que se logra durante todo el año, «pero en términos de las instalaciones que soporten esas condiciones resulta todo un desafío».
En la actualidad existen dos grandes sistemas tecnológicos para aprovechar la energía de las olas. «Lo ideal es que al final sólo apostemos por uno, pero creo que para eso aún habrá que esperar algunos años», manifestó Folley. Por un lado está el modelo PELAMIS, utilizado especialmente en Portugal, que es una gran estructura de 120 metros de largo con cilindros de 3,5 metros de diámetro instalada en alta mar. La potencia de cada instalación puede alcanzar los 750 kilowatios y suelen estar a una distancia de la costa que oscila entre los 5 y los 10 kilómetros.
La otra opción son los prototipos OYSTER, que se desarrollaron en Belfast y en el que Folley colaboró. A grandes rasgos, la diferencia con el anterior ejemplo estriba en que este sistema se instala más cerca de la costa y su estructura sobresale dos metros por encima del nivel del mar. Estas condiciones lo hacen más competitivo en términos de pérdidas energéticas, mantenimiento y cercanía, en definitiva reduciendo en parte los costes.
Matt Folley participa, como ponente destacado, en las I Jornadas Técnicas sobre Aprovechamiento de las Energías renovables en Mares Archipielágicos que se celebran en la Escuela Técnica Superior de Náutica, Máquinas y Radioelectrónica Naval de la Universidad de La Laguna.

