La investigadora del departamento de Historia del Arte de la Universidad de La Laguna M Isabel Navarro Segura impartió hoy, viernes 5 de diciembre, una conferencia que se integra en los actos conmemorativos del XXV aniversario de la Facultad de Bellas Artes. En ella argumentó las razones legales e incluso estéticas por las cuales considera que el proyecto de intervención sobre la montaña majorera de Tindaya debe rechazarse. La ponente consideró que el escultor Eduardo Chillida fue utilizado por los poderes políticos en lo que calificó como «operación macabra».
Navarro comenzó manifestando su admiración por el fallecido artista vasco, para despejar toda duda de que su rechazo a la obra en Tindaya se deba a una posible animadversión hacia él. Seguidamente, anunció que su locución iba a ser un resumen de un amplio dossier sobre el asunto que aparecerá publicado en el próximo número de la revista Basa del Colegio Oficial de Arquitectos de Santa Cruz de Tenerife, que será presentado la próxima semana en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.
La ponente recordó la numerosa legislación autonómica, nacional e incluso europea que protege Tindaya desde antes de que se ideara el proyecto escultórico en 1995. Así, mencionó que ya la Ley de Patrimonio de 16 de junio de 1985 recoge que se debe proteger no sólo los restos prehistóricos, sino «los lugares que los contengan». Cabe recordar que en la montaña existen un total de 268 relieves podomorfos, disgregados en 57 placas, de origen aborigen e incuestionable valor arqueológico, y que por tanto se inscribe perfectamente en ese supuesto.
Además, instituciones europeas han considerado que Tindaya es un «bien intergeneracional», es decir, de la que los habitantes del presente «son sólo usufructuarios que tienen el deber de conservarlo para las futuras generaciones». La Ley de Conservación de Espacios Naturales y Fauna y Flora Silvestre de 1989 incluyó en su inventario de lugares protegidos la montaña por su interés geológico, y en un estudio regional de impacto medioambiental de 1990 se reconoció la zona como «de interés ecológico» por sus endemismos. En suma, con todo ello la ponente demostró que la isla era intocable desde varios puntos de vista desde mucho antes de 1995, año en el que se anunció el proyecto.
Según la conferenciante, en el ‘caso Tindaya’ el poder político regional ha demostrado una actitud incoherente, por querer «vaciar algo que previamente había dicho que no se podía tocar». El Cabildo de Fuerteventura organizó en 1996 una comisión de investigación formada por especialistas en derecho y arqueólogos que, tras emitir conclusiones de tipo técnico, solicitó que se parara el proyecto y, en todo caso, que se utilizara otra montaña de la isla libre de protección legal.
La reclamación fue desoída, y en ese momento comenzó una campaña mediática que, según la ponente, sirvió a las autoridades para enmascarar el problema y justificar la existencia del proyecto. En ese momento Navarro Segura parafraseó a Noam Chomsky, quien expuso que «la propaganda es a la democracia lo que la violencia es a la dictadura», es decir, una parte consustancial. Por ello a la ponente no le extraña que se desatara tal saturación de testimonios favorables en los medios, que abarcó no sólo artículos en prensa, sino un pabellón en la feria de arte ARCO de 1997 y un documental laudatorio con el proyecto firmado por Gonzalo Suárez.
En un momento dado, la ponente reconoció la gran dificultad que entraña todo el asunto: «Aunque desde el principio sabía que todo esto era una locura, no sabía cómo explicarlo», dijo al respecto, y agregó que no ha sido hasta hace poco cuando ha podido organizar toda la información que lleva recopilada desde hace ocho años para comprender la naturaleza de la cuestión. Fruto de esa reflexión es el artículo que aparecerá próximamente en Basa.
Lahistoriadora del arteno quiso entrar en otras vertientes del problema, como el «pelotazo económico» derivado de la obra, pero apuntó que una de sus claves es de índole estética. Las autoridades han basado la legitimidad del proyecto en una consideración romántica del artista como creador supremo que se arroba el derecho de actuar incluso sobre el patrimonio común. Esa idea del artista «genio» o «dogmático» tiene su mayor fundamento en la filosofía de Friedrich Nietzsche, y ha sido utilizada anteriormente en otros casos de obras artísticas tas polémicas como las de Chillida. Para la ponente, esta concepción es inadmisible en los tiempos actuales, que calificó como los del «humanismo global».

