El crecimiento extraordinario del empleo en Canarias durante los últimos años ha tenido a su vez consecuencias muy negativas para las islas, ya que se trata de trabajos de poca calidad, inestables, mal retribuidos y de escasa cualificación. La consecuencia de todo ello es la caída de la productividad, desde 1996 hasta ahora, y la intensidad con que este fenómeno se ha instalado en la región. Tanto es así que el 80% de los contratos que se firman en las islas no exige formación.
Esta es una de las conclusiones extraídas hoy lunes 26 de abril por el presidente del Consejo Económico y Social de Canarias (CES), José Luis Rivero, que intervino en la clausura de un curso de dinamizadores empresariales que la Universidad de La Laguna ha impartido durante un mes a cincuenta alumnos para que en mayo se incorporen a otras tantas empresas y logren activar su potencial de innovación tecnológica.
Para el ponente, el empleo de poca calidad en Canarias ha abierto una fractura social entre los que acceden a puestos con formación, y el resto, además de grandes diferencias en los niveles de renta entre unos y otros. Además, este hecho aumenta la competitividad entre economías de baja cualificación, «porque siempre habrá regiones que oferten trabajos con peores condiciones, lo que supondría, en definitiva, competir a la baja», explicó.
Esta descapitalización de los recursos humanos es un hecho grave al que hay que prestar importancia, indicó el economista y también profesor de la Universidad de La Laguna, y que por ende lleva aparejado la pérdida de inversión pública que las administraciones hacen en formación. En cualquier caso, agregó, se hace imprescindible contar con un plan integral de empleo, apoyado por los empresarios y las administraciones.
El presidente del CES aclaró que aunque la situación económica del archipiélago no es mala, y de hecho se sigue produciendo un crecimiento moderado -por encima de la media europea pero por debajo de la española, precisó-, hay una serie de bienes preferentes, es decir, de primer orden, que no pueden quedar desatendidos y que, históricamente, siempre se han visto relegados ante otro tipo de crecimientos.
Así, sanidad, educación, cultura, vivienda o justicia tienen que crecer al mismo ritmo que el entorno. Es más: no se puede hacer previsiones de crecimiento sin prever el crecimiento de los bienes preferentes que la sociedad va a demandar.
En cuanto a los problemas en educación, Rivero dijo que uno de los más graves es que la tasa de abandono a los 12 y 16 años está por encima de la media española, en lo que influye la calidad del entorno, es decir, que los alumnos tengan un ambiente favorable a los estudios, por lo que el problema va más allá de las aulas. Si bien el número de alumnos extranjeros ha aumentado espectacularmente -hecho que consideró como positivo-, esta situación requiere más inversión.
Sobre la universidad, el ponente matizó que el número de matriculados se ve afectado por varios factores: cohortes de edad cada vez más jóvenes y que merman el ingreso en la educación superior, la renta y el nivel educativo de los padres (como factores limitativos) y la existencia de un ciclo superior de Formación Profesional.
Si bien es verdad que en el archipiélago la media de estudiantes universitarios con más de 29 años está por encima de la nacional, el presidente del CES apuntó otras posibles vías para lograr que la universidad no pierda alumnos, como el desarrollo de las segundas oportunidades o el fomento del tercer ciclo. En este punto, el rector, ángel M. Gutiérrez, intervino para aclarar que en el año 2000 los alumnos de bachillerato y del extinto COU eran tres mil más que en la actualidad.

