Skip to main content

Francisco Sánchez muestra su preocupación por el cambio climático y sus consecuencias naturales

miércoles 12 de diciembre de 2007 - 00:00 GMT+0000

La Universidad de La Laguna entregó hoy, miércoles 12 de diciembre, su Medalla de Oro a Francisco Sánchez Martínez, prestigioso científico que fue impulsor y actualmente dirige el Instituto Astrofísico de Canarias. En su discurso de agradecimiento, el científico aprovecho la oportunidad para manifestar en voz alta algunos de los asuntos que, como científico pero también como persona, le preocupaban del futuro. En concreto, señaló que las consecuencias sociales y naturales del cambio climático le provocan inquietud, hasta el punto de considerar que éstas traerán con toda seguridad el fin del modo de vida occidental actual.

Antes de la intervención de Sánchez, el Secretario General de la ULL, Fernando Rosa González, leyó el acuerdo de Consejo de Gobierno en el que se resolvió conceder la Medalla de Oro de la institución al agasajado. A continuación tomó la palabra el catedrático del departamento de Astrofísica Teodoro Roca Cortés, quien glosó la figura de Francisco Sánchez desde los inicios de su carrera en los años 60 hasta la actualidad, pasando por todos los hitos de su biografía, como la fundación del IAC o la instalación en Tenerife de los grandes observatorios internacionales. «Ha mostrado fehacientemente cómo, a través de la práctica de una ciencia a nivel de excelencia, es posible impulsar el avance científico, tecnológico, cultural y social», indicó Roca sobre el homenajeado.

Tras una breve proyección de imágenes que resumían la carrera del astrofísico, fue el propio Francisco Sánchez quien ocupó el atril para pronunciar un discurso con dos partes bien diferentes: en la primera agradeció la concesión de la medalla e hizo un breve repaso a su carrera, aunque sin entrar en detalles: «No les quiero cansar ahora con mis peripecias. No se preocupen. En algún momento, cuando tenga tiempo, las escribiré, porque algunas anécdotas son hasta divertidas», indicó.

También aprovechó para reivindicar la importancia de Canarias en el panorama astronómico nacional e internacional: «Quiero subrayar, porque es de justicia y porque suelen olvidarse en la Península con frecuencia de ello, que la Astrofísica en España nace en la Universidad de La Laguna, a quien pertenecía el Observatorio del Teide, que fue el antecesor del Instituto de Astrofísica de Canarias. Y el primer grupo de astrofísica español se formó en La Laguna y todos sus rectores se ocuparon, de una manera u otra, de que el proyecto cuajara. () A partir de entonces, la cooperación entre las dos instituciones se ha mantenido íntima y muy fructífera. Hoy día el IAC sigue siendo, en su esencia, Universidad de La Laguna, y el núcleo básico de sus investigadores son profesores universitarios».

En la segunda mitad del discurso, Sánchez se permitió disertar acerca de asuntos que le preocupan del futuro. «Empezaré declarando que no soy catastrofista, pero no quiero tampoco ser avestruz. El cambio climático es un hecho () y lo primero que todos tenemos que hacer (y ya!) es aceptar esta realidad, para desde ella buscar soluciones. Me refiero no sólo a lo que debamos hacer para aminorarlo, sino sobre todo a lo que podamos hacer para vivir con él. únicamente poniendo los pies en el suelo de la realidad y mirando de frente el fenómeno, tendremos posibilidades de sobrevivir, adaptándonos a esta desconcertante naturaleza, y sacarle hasta partido. Desde luego, la universidad en general, y la de La Laguna en particular, debería ponerse a ello sin dilación»

Para el homenajeado, además de las ya conocidas consecuencias de índole geográfica y ecológica, este problema puede acarrear otras de tipo social, ya que los ciudadanos de los países pobres que se sabe que van a sufrir especialmente el cambio climático, previsiblemente aumentarán el volumen de migraciones hacia los países ricos. «Nadie va a poder frenar la avalancha de quienes no les importa morir en el empeño, porque vienen huyendo de la muerte. Esto no va a ser un asalto limitado a la Bastilla, sino una irrupción generalizada y el desmantelamiento de todas las Bastillas. No creo que nadie sepa lo que va a pasar entonces, ni lo que sucederá inmediatamente después, pero yo no tengo duda de que nuestro mundo occidental actual va a ser dinamitado. Estoy convencido de que esta «onda de choque» humana no va a permitir un reajuste lento, una asimilación cultural pausada, la evolución será violenta».

El astrofísico piensa que esa crisis violenta va a ser inevitable y que, en cierta medida, es algo natural como la propia evolución. Por ello, su esperanza se centra en el futuro más a largo plazo: «Como soy un optimista patológico, quiero pensar que el amor podría tener un peso determinante en el nuevo concierto social que surja detrás de este punto singular que se avecina. Dios lo quiera!». Ahondando en este planteamiento, en otro momento anterior había señalado: «Hasta los más cegatos pueden comprender que todos estamos en el mismo barco y que este barco, no nos engañemos, no tiene botes salvavidas pese a los avances en la carrera espacial. Terminaremos los humanos con la Tierra? Terminará la Tierra con los humanos? O Terminaremos los humanos con nosotros mismos? La ciencia no es capaz aún de predecir cuál de estas alternativas es la correcta».

El discurso sin duda demostró la preocupación entre científica y humana de una persona habituada a manejar datos sobre galaxias lejanas y que, por un momento, se ha detenido a observar lo que tiene más cerca. Pese a que su tono pudo parecer catastrofista, la actitud racional y científica de Sánchez prevaleció, y hacia el final de su locución planteó lo útil y «abordable» que resultaría diseñar un modelo científico sobre «la colmena humana global», para así «dejar a un lado las especulaciones filosóficas y las dialécticas ideológicas como procedimiento, y entrar por la estrecha senda del método científico, para llegar a poder aventurar soluciones menos tendenciosas que las que nos venden».

Ese modelo teórico debería, a su juicio, comenzar por modelos simples, con un mínimo de variables y de interacciones. «Pienso que, puesto que los humanos somos unos animalitos gregarios, como las hormigas o las abejas, habría que acertar con el más mínimo número de parámetros determinantes de esta fuerte relación social. Partir del escenario actual, meter variables e interacciones y dejar evolucionar el modelo, como lo que hacemos en Astrofísica con las estrellas de una galaxia, o las galaxias del Universo. Habría que producir un modelo capaz de responder preguntas que nos inquietan: nuestra colmena global degenerará en un régimen caótico destructivo o mejorará alcanzando un grado mayor de complejidad? Bajo qué condiciones el choque humano del que hablamos produciría estructuras de convivencia constructivas? Y de ser así, cuáles serían? También, cómo se podría influir en las «condiciones iniciales» ahora para que tal cosa sucediese?»

Palabras del rector

Tras la intensa locución de Francisco Sánchez, el rector de la Universidad de La Laguna, Eduardo Doménech, cerró el acto con un discurso en el que, nuevamente, se resaltó la grandeza científica y la labor divulgadita del astrofísico. Además, indicó que la distinción que supone la medalla es bidireccional: «Quiero hacerle saber que este acto no sólo tiene por objetivo honrarle a usted, sino que es un honor para esta Universidad que pase a figurar en la nómina de la decena de agasajados con esta medalla, un galardón que sin duda contribuirá a reforzar los estrechos lazos que le unen a esta casa de estudios».

En su ponencia el rector recordó a las otras instituciones y personalidades que, hasta la fecha, han recibido la distinción: Felipe González Vicén, Severo Ochoa, Jorge Fuentes Duchemín, Antonio Bethencourt Massieu, Juan álvarez Delgado, Agustín Arévalo Medina, Nácere Hayek Calil, Jesús Hernández Perera, José Manuel de Armas Núñez y el Cabildo Insular de Tenerife, en 2003.

El rector destacó de Francisco Sánchez, además de su capacidad como investigador y gestor científico, su habilidad para convertir un proyecto inicialmente tan ambicioso como el IAC en una realidad tan sólida como la actual: «Su habilidad como comunicador puede también hacerse extensiva a su capacidad para convencer a políticos y a toda la comunidad científica de las bondades del cielo de Canarias, lo que ha propiciado, como todo el mundo sabe, la instalación de los observatorios. Su tesón, en fin, y su clarividencia sobre las capacidades científicas de esta tierra están ya, a estas alturas, fuera de discusión».


Archivado en: Institución