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Arranca en la ULL un congreso que propone el enfoque queer como herramienta para analizar diferentes saberes

jueves 29 de enero de 2026 - 14:28 GMT+0000

De izquierda a derecha, Fernando Castro Brunetto, Francisco García, Javier Medina y Antonio Marrero durante el acto inaugural del congreso “Pensando en Queer: Masculinidades y Disidencias Sexuales”.

El congreso internacional “Pensando en Queer: Masculinidades y Disidencias Sexuales” ha sido inaugurada hoy, jueves 29 de enero en el Aula Elías Serra Ràfols de la Facultad de Humanidades de la Universidad de La Laguna. Lo dirige el profesor del Departamento de Historia del Arte y Filosofía Antonio Marrero, quien explicó que este encuentro propone el enfoque queer “no como una etiqueta cerrada ni como una posición ideológica, sino como una herramienta analítica” para revisar diferentes disciplinas. “El propósito no es provocar, sino hacer academia con rigor y compromiso intelectual en un espacio de diálogo tan exigente como inclusivo”: En suma, el congreso aboga por un diálogo transdisciplinar que aborde las masculinidades, la representación artística y las múltiples expresiones de las disidencias sexuales.

El rector de la institución académica, Francisco García, inauguró el congreso recordando que la universidad pública entiende “la investigación como un espacio de reflexión crítica y diálogo que tienen que darse desde la perspectiva de la diversidad para ser realmente útiles a la sociedad”. Esa pulsión es algo que también interpela a las instituciones y, en ese sentido, admitió que la universidad ha cambiado gracias a los impulsos internos. “No ha sido siempre un espacio que ha acogido la diversidad, por lo que la apertura que vivimos ha sido posible gracias a esas luchas internas”. Esto, aplicado al conocimiento académico, propicia “una convivencia de saberes y una apertura a nuevas líneas de investigación que enriquecen los resultados”.

El congreso está organizado por el grupo de investigación Arte, Moda e Identidad (a+m+d) y su director, el profesor Carlos Castro Brunetto, explicó durante la apertura que la idea de organizar esta primera edición del congreso es producto de las conversaciones contantes en el seno de este grupo, en las que el alumnado llevaba mucho tiempo manifestado su interés por, tal y como indica el título de este encuentro, “pensar en queer” en la sociedad de 2026. “Así nacen los congresos: con ideas que provienen del debate y con equipos que reman a favor. La universidad debe ser y es un punto de encuentro para transmitir no lo que ya sabemos, sino lo que vamos a saber en el futuro, y en ello el papel de los grupos de investigación es muy importante”.

El decano de la Facultad de Humanidades, Javier Medina, también se refirió al hecho de que este congreso aborda “un tema específico y novedoso” amparado por la rigurosidad que cabe esperar del “paraguas de la academia”. Alabó igualmente la imagen que sirve como cartel del congreso, que le recordó al concepto de “rostro” propuesto por el sociólogo Erving Goffman, es decir, las múltiples caras públicas que cada persona construye para su interacción social, “una iconografía sociológica que está en el fondo de esta reunión”.

Francisco Vázquez.

Francisco Vázquez.

El olor de la disidencia sexual

La conferencia inaugural fue dictada por Francisco Vázquez García, catedrático de Filosofía de la Universidad de Cádiz, titulada “El olor de la disidencia sexual. Genealogía de un estigma”, en la que abordó una línea de trabajo que lleva estudiándose desde hace décadas en ciencias sociales: cómo uno de los signos empleados para denigrar a los grupos es la estigmatización olfativa. “Se les asocia un olor distintivo normalmente repulsivo. Se han estudiado el caso de los ‘moros’, de los negros, de las mujeres, de las brujas, de las prostitutas, de los irlandeses, de los comunistas… Grupos muy variopintos. En mi caso, me interesan los disidentes de género, de sexo y de sexualidad, en especial los homoeróticos, que están apenas trabajados”.

Aunque pueda parecer una cuestión del pasado, el ponente señaló que es algo de plena actualidad y puso dos textos recientes como ejemplos: por un lado, el argumentario que el partido político Vox utilizó con motivo del Día del Orgullo de 2019 en Madrid, en el que criticaba la celebración “por el mal olor que desprende siempre esa manifestación y la falta de civismo y la insalubridad en las calles”; y, por otro, un escrito de un obispo chipriota que asegura que las personas homosexuales “emiten mal olor, pero si se convierten y abandonan la homosexualidad, empiezan a tener fragancia”.

El ponente hizo un repaso de diferentes momentos históricos en los que las autoridades políticas y religiosas estigmatizaron al colectivo homosexual por su supuesto hedor, basado ese juicio en supuestas causas de tipo espiritual o pseudo-científico. “En la actualidad, estas categorizaciones de considerar el mal olor atributo de un colectivo discriminado se ve como un anacronismo, porque el olor lo atribuimos al individuo, es una responsabilidad individual”.

Sin embargo, eso no elimina tal discriminación: “En las sociedades de individualismo liberal, los ganadores cuidan su imagen e higiene, mientras que los perdedores que abandonan su cuerpo emiten mal olor. Entonces, esas categorizaciones colectivas olfativas que aparentemente han desaparecido siguen operando, lo que pasa es que ya no para distinguir entre homosexuales y heterosexuales, sino que, dentro de los homosexuales, diferencian al gay que no huele —el integrado, que lleva una vida sexual estable, incluso conyugal, y posee capacidad de consumo— de “la loca” —que lleva una vida promiscua, en condiciones precarias y está en la calle y, además, es activista—. Ese es al que tachan como maloliente, que es un poco lo que aparece en el texto de Vox”.

En ese repaso histórico pasó por varios momentos: desde la Edad Media hasta el siglo XVIII esa discriminación tenía una causa de orden teológico, pues se estableció una relación entre la sodomía y la peste, una epidemia considerada castigo de Dios. En épocas posteriores ya no se daba esa vinculación entre epidemia y hedor y, ya en el XVIII, la sodomía era una cuestión privada no castigada por la ley, pero sí reprobada socialmente. Y de nuevo aparecen los prejuicios olfativos: los forenses creían que sodomitas y pederastas mostraban “una especie de duplicidad, porque tenían una apariencia muy perfumada porque dentro eran personas sucias” y con problemas de esfínteres a causa de su sexualidad, lo cual supuestamente produce hedor que debe ser tapado por perfumes.

El prejuicio vuelve a mutar cuando parece la sexología en el siglo XIX, que estableció la creencia en que los homosexuales “tienen una fijación erógena en el olfato” o, como decía Freud, estaban en “la fase sádico-anal”. Vázquez García detalló cómo los expertos decimonónicos “describen la atracción que sienten los homosexuales de la aristocracia— una clase considerada decadente y libertina— hacia las exudaciones de los proletarios, el gusto por el olor de soldados, marineros o trabajadores manuales, algo que está hasta en obras de Proust”.

 


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