Comprender cómo se informa la ciudadanía sobre el cambio climático es el punto de partida de una investigación desarrollada en la Universidad de La Laguna, que analiza las dinámicas de evitación informativa y consumo superficial de noticias en torno a este fenómeno y los factores que influyen en estos comportamientos.
El trabajo, liderado por Alberto Ardèvol-Abreu y Patricia Adriana Delponti, profesores titulares de la institución académica y miembros del Laboratorio de Investigación sobre Medios y sus Efectos (LIME), ha sido publicado en la revista Journalism Studies. Está apoyado en una encuesta longitudinal a población adulta residente en España con dos oleadas de recogida de datos entre abril y julio de 2024.
Los resultados muestran que cerca del 88% de las personas reconoce evitar en alguna medida las noticias sobre cambio climático, mientras que más del 90% admite consumir este tipo de información de forma superficial, a través de titulares o fragmentos breves. Estas cifras confirman que ambas prácticas forman parte de los patrones habituales de consumo informativo en el actual ecosistema mediático.
El análisis distingue entre la evitación informativa —apartarse deliberadamente de determinados contenidos— y el denominado news snacking, un consumo rápido que permite mantenerse al tanto sin profundizar en los detalles. Según Ardèvol-Abreu, no son comportamientos nuevos sino dinámicas que se han intensificado con la transformación del acceso a la información, cada vez más mediado por el teléfono móvil y las redes sociales.
No obstante, el equipo investigador subraya que estas conductas no son necesariamente negativas en todos los contextos: la evitación puede cumplir una función de regulación emocional en situaciones de saturación informativa. En el caso del cambio climático, sin embargo, una implicación limitada puede dificultar la comprensión profunda y la participación informada.
Uno de los hallazgos más llamativos es la relación entre la confianza en la ciencia y el consumo superficial. El equipo partía de la hipótesis de que una mayor confianza favorecería una lectura más detallada, pero los datos apuntan en sentido contrario: cuanto mayor es la confianza declarada en la ciencia, mayor es la tendencia al “picoteo”. Ardèvol-Abreu interpreta este resultado como una forma de “delegación cognitiva”: si existen expertos que estudian el fenómeno, algunas personas consideran innecesario implicarse personalmente en el detalle informativo.
Para Delponti, este resultado obliga a revisar ciertos supuestos en comunicación científica: “No basta con confiar en la ciencia; hace falta algo más para que exista una implicación real”. La investigadora subraya que la confianza es necesaria, pero no suficiente para garantizar una ciudadanía informada y participativa.
El factor que más peso tiene en la explicación de estos comportamientos es la percepción conocida como news-finds-me —“las noticias me encuentran”—, concepto desarrollado por varios investigadores en trabajos previos. Se trata de la idea extendida de que no es necesario realizar un esfuerzo activo para informarse porque la actualidad llegará igualmente a través de redes sociales o del entorno personal.
El equipo investigador matiza que esta no es una realidad objetiva, sino una percepción errónea que puede generar una falsa sensación de estar suficientemente informado. Según los resultados, esta percepción es el predictor más fuerte tanto de la evitación como del consumo superficial en el caso del cambio climático. Cuando se asume que la información relevante aparecerá sin buscarla, disminuye la motivación para acudir a fuentes directas o profundizar en los contenidos.
Estos resultados se ubican en un contexto más amplio marcado por la polarización del debate público y por la complejidad intrínseca del fenómeno climático. Delponti señala que la cobertura mediática del cambio climático suele estar asociada a episodios concretos o acontecimientos extremos, lo que puede contribuir a una percepción fragmentada del problema. Además, recuerda que se trata de un tema que en los últimos años se ha incorporado con fuerza al debate político, lo que también influye en la forma en que es recibido por la ciudadanía.
Ardèvol-Abreu añade que, pese al amplio consenso científico existente desde hace décadas sobre el origen antropogénico del cambio climático, la percepción social no siempre refleja ese acuerdo, especialmente en determinados contextos internacionales.
La investigación se enmarca en un proyecto más amplio iniciado en 2019 en colaboración con la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, el Gobierno de Canarias y Loro Parque Fundación, centrado en el estudio de los efectos del cambio climático sobre la biodiversidad amenazada de Canarias. Posteriormente, la continuidad del proyecto contó con financiación de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), incorporando una línea específica de comunicación y sensibilización basada en evidencia empírica.
“Antes de diseñar acciones de diseminación, necesitábamos entender qué estaba ocurriendo con la recepción del mensaje”, explica Delponti. La investigadora defiende una comunicación basada en datos, que no solo tenga en cuenta la evidencia científica del fenómeno, sino también la evidencia sobre cómo se informa y cómo se reciben los mensajes.
Este enfoque ha permitido orientar la comunicación hacia formatos adaptados a los actuales patrones de consumo, combinando información y entretenimiento, promoviendo actividades de ciencia ciudadana y explorando narrativas que buscan generar comunidad en torno a la protección del entorno. Para Delponti, diseñar estrategias a partir de resultados empíricos contribuye a que la inversión en divulgación sea más eficaz y ajustada a la realidad comunicativa.
Ambos coinciden en que los resultados tienen implicaciones directas para el periodismo y la divulgación científica. Además de fomentar la confianza, consideran necesario despertar interés y reforzar la alfabetización mediática y el pensamiento crítico desde edades tempranas, especialmente en un entorno marcado por algoritmos, fragmentación informativa e inteligencia artificial.
El trabajo de Ardèvol-Abreu y Delponti abre además líneas de investigación futuras sobre cómo los medios y las plataformas digitales pueden adaptar sus formatos para mejorar la atención y la comprensión de temas complejos como el cambio climático. Comprender estos patrones, concluyen, no implica ofrecer soluciones inmediatas, sino aportar evidencia que permita diseñar estrategias de comunicación más eficaces y sostenidas en el tiempo.

