La meteorología forma parte de la vida cotidiana mucho más de lo que parece. No solo determina si lloverá o hará sol, sino que influye directamente en la seguridad, la economía, la salud y el medio ambiente. En un contexto de cambio climático y en territorios especialmente vulnerables como Canarias, su papel resulta fundamental para anticiparnos a fenómenos extremos.
“La meteorología influye directamente en múltiples aspectos de la vida cotidiana, afectando a la seguridad pública, el transporte y la economía, especialmente a sectores como la agricultura, generación de energía y turismo”, explica Judith Carrillo, profesora ayudante doctora en Física en la Universidad de la Laguna. También, destaca que la capacidad para prever fenómenos meteorológicos se ha convertido en una herramienta esencial para la preparación ante riesgos y la toma de decisiones. “Cuando hay eventos extremos ya declarados, como en el caso de incendios, tener información detallada sobre condiciones como la dirección del viento y la temperatura facilita la actuación de los medios de extinción y de emergencia”, afirma.
Las predicciones que marcan la diferencia
Albano González, profesor titular del departamento de Física, señala que la meteorología ha sido fundamental incluso para enfrentarse a la gestión de fenómenos recientes, como la erupción del volcán de La Palma: “Ayudó a saber hacia dónde iban las cenizas y cómo se distribuían los contaminantes dependiendo de la estabilidad atmosférica y el viento”. Además, subraya que la precisión de las predicciones meteorológicas permitieron prever las zonas más afectadas para tomar decisiones como confinamientos o determinar el funcionamiento del aeropuerto de la isla.
Uno de los principales cambios que ya se están observando en la meteorología y la climatología es el aumento de los fenómenos extremos. No solo son más frecuentes, sino también más complejos. Carrillo y González enfatizan la creciente importancia de los denominados “eventos compuestos”, en los que coinciden varios episodios adversos (olas de calor, sequías e intrusiones de polvo sahariano), lo que incrementa de forma notable su impacto sobre la sociedad y el medio ambiente.
Ante este escenario, Pedro Dorta, profesor titular del área de Geografía Física y responsable del grupo de investigación GEORIESGOS, subraya que “el grado de acierto de la predicción meteorológica es muy alto”. No obstante, insiste que uno de los principales problemas no reside solo en la ciencia, sino en la planificación territorial: “Nuestra debilidad está en la ordenación del territorio, en haber construido en lugares donde hay peligro, sobre todo de inundaciones”.
Canarias frente a fenómenos extremos
Las proyecciones climáticas para Canarias apuntan a un escenario marcado por el aumento de las temperaturas, la disminución de las precipitaciones y una mayor frecuencia de episodios de sequía. “Va a ser uno de los problemas más acuciantes en Canarias”, advierte Albano González, que relaciona esta situación con la combinación de menos lluvia y más calor. “Más temperatura implica mayor evaporación, lo que reduce la disponibilidad de agua”, explica.
El cambio climático está afectando más a las zonas de alta montaña de Canarias. Dorta señala que, aunque el sistema climático cambia de forma global, “las temperaturas están subiendo de una forma más acusada en la alta montaña que por debajo del mar de nubes”. Esto se debe a la inversión térmica, el nivel donde se sitúa el mar de nubes, que provoca que las condiciones climáticas sobre las cumbres cambien de forma más rápida que en las zonas bajas.
Además, Judith Carrillo afirma que “por ese incremento de temperatura y esa disminución de precipitaciones, las zonas altas van a ser las más afectadas por la sequía”. Albano González añade que esto se debe a un fenómeno termodinámico: “A medida que aumenta la temperatura general, el gradiente térmico vertical se reduce, haciendo que la diferencia de temperatura con la altura sea menor”. Esto explica por qué, aunque históricamente las islas orientales son las más secas, los cambios más intensos se están registrando precisamente en los picos y cumbres del archipiélago.
El mar de nubes en el punto de mira
Por otro lado, el calentamiento global podría modificar patrones atmosféricos regionales, incluyendo la intensidad de los vientos alisios, la frecuencia deintrusiones de aire sahariano o la altura del mar de nubes, un fenómeno clave para los ecosistemas de alta montaña en Canarias. Pilar Martín, investigadora del departamento de Física, explica que “gracias a ese aporte del alisio, con la humedad del mar de nubes, se mantiene la laurisilva”. Esto permite que la vegetación de altura sobreviva durante los meses más secos, asegurando la acumulación de agua que alimenta los acuíferos. Martín advierte que “si el mar de nubes llegara a desaparecer, la laurisilva se muere y no se sabe qué pasaría con las reservas de agua”. También, indica que el desplazamiento de la vegetación hacia las partes más altas de las islas puede generar problemas de espacio para los ecosistemas de cumbre: “Cuando el pinar llega a las zonas más altas, el matorral de cumbre se queda sin espacio”. Esta interacción entre altura, vegetación y humedad muestra la delicadeza del equilibrio ecológico en las montañas canarias.
Natalia Sierra, investigadora del departamento de Botánica, Ecología y Fisiología Vegetal, añade que la vegetación también influye en la humedad del aire a través de la evapotranspiración. Explica que los cambios climáticos podrían afectar no solo a la distribución de los ecosistemas, sino también a los ciclos de carbono: “Si se reduce la presencia de los árboles, ya no van a poder secuestrar ese carbón, por lo que deja de formar parte del suelo y se devuelve a la atmósfera”.
En este contexto, el pinar canario se presenta como una de las especies más resilientes frente al cambio climático. Sierra señala que “el pino puede encontrarse en sitios muy distintos, desde zonas secas hasta cumbres húmedas”, lo que refleja su gran capacidad de adaptación. Sin embargo, matiza que su expansión depende de su velocidad de adaptación, ya que “aunque tengan las condiciones climáticas, necesitan un tipo de suelo, y los microorganismos que viven en él”.
Noches tropicales que afectan nuestra salud
Los efectos del cambio climático en Canarias no se limitan solo a los ecosistemas, sino que tienen consecuencias directas sobre la salud de la población. En el archipiélago, el aumento de las temperaturas no se manifiesta de la misma manera en los valores diurnos como en las mínimas nocturnas. Pedro Dorta pone de relieve que “las temperaturas suben, pero sobre todo lo hacen las mínimas y las nocturnas”, y advierte que son precisamente estas las que más afectan al bienestar de las personas. De hecho, resalta que “Canarias registra las temperaturas nocturnas más altas de todo el país”.
Este incremento se refleja en el aumento de las llamadas noches tropicales, aquellas en las que las temperaturas no bajan de los 20 grados. “A nivel del mar, el número de noches tropicales se ha duplicado», apunta Dorta. Mientras que en zonas de mayor altitud este fenómeno es aún más acusado: “Por encima del mar de nubes se ha multiplicado por cinco o seis”. Además, el investigador avisa de la aparición de episodios más extremos, como las noches ecuatoriales (por encima de 25 grados) o incluso noches tórridas, en las que las temperaturas de la noche no bajan de 30 grados.
Más allá de las cifras, el impacto en la salud es significativo. Dorta subraya que las temperaturas nocturnas tienen más influencia en la salud de laspersonas que las diurnas, ya que impiden realizar el descanso de una forma adecuada. “La mortalidad y la morbilidad, sobre todo en población mayor, está mucho más afectada por las temperaturas durante la noche”, afirma. La falta de descanso genera fatiga, aumenta la vulnerabilidad y puede derivar en enfermedades e incluso en un mayor riesgo de muerte.
El calor extremo también repercute en la actividad laboral y la economía. “Hemos visto en los últimos años hasta fallecimientos por olas de calor, gente que ha estado trabajando”, añade Albano González, lo que hace necesaria la regulación de los tiempos de descanso y la adaptación de los horarios para trabajar al aire libre. Según González, “si sube mucho la temperatura, se tienen que hacer descansos mayores”, destacando que estas medidas no solo protegen la salud de las personas, sino que también influyen directamente en la productividad y la economía del archipiélago.
Turismo bajo el cambio climático
En el ámbito turístico, el cambio climático está modificando las condiciones de confortabilidad que tradicionalmente han hecho de destinos como Canarias un referente internacional. Judith Carrillo explica que el clima determina la elección del destino en el que los turistas disfrutarán sus vacaciones: “Las personas van a un lugar porque hay buena temperatura, no hay demasiadas lluvias, nubes o viento”. Actualmente, las islas presentan valores “muy buenos y estables a lo largo de todo el año”, especialmente en las zonas costeras. Sin embargo, las proyecciones apuntan a un empeoramiento en verano, ya que “con el aumento de la temperatura, esa confortabilidad desciende en la época estival”, lo que haría que estos destinos sean “menos óptimos durante estos meses”, afirma.
En esa misma línea, Albano González y Pedro Dorta coinciden en que el cambio climático no solo afecta a las condiciones locales, sino también a los flujos turísticos globales. González destaca que en invierno «vamos a tener unas condiciones muy buenas en Canarias” para los turistas procedentes de climas fríos. No obstante, advierte que, si el verano pierde confortabilidad, “podría descender el turismo justamente en ese periodo”. Por su parte, Dorta subraya el impacto a mayor escala, señalando que “un planeta más caliente puede llegar a cambiar o a modificar los flujos turísticos”, hasta el punto de que “el Mediterráneo, a medio plazo, puede ser un lugar excesivamente hostil para la llegada de turismo durante el verano”. De hecho, indica que ya se observan cambios en las tendencias, con un aumento del interés por destinos más templados, lo que confirma que el cambio climático está redefiniendo tanto los destinos como las decisiones de los viajeros.
Agricultura y ecosistemas en transformación
En este escenario, la agricultura también se enfrenta a importantes retos derivados del cambio climático y de la transformación de los ecosistemas. Natalia Sierra subraya la necesidad de anticiparse a estos cambios a través del conocimiento científico: “Es importante hacer estudios ahora y saber cómo se comportan las especies”. Un monitoreo del ecosistema permite proyectar cómo podrían cambiar los cultivos en el futuro, aunque advierte que “no es solo el clima”, ya que factores como el suelo, las relaciones entre especies o la dispersión de semillas también condicionan la adaptación de la vegetación.
Además, Sierra pone el foco en el papel del suelo, directamente vinculado a la agricultura. “Si cambia la composición de especies, también van a cambiar las propiedades del suelo”, explica, lo que afecta a su fertilidad y a la disponibilidad de nutrientes. En este sentido, destaca el potencial de los terrenos que no están siendo utilizados desde hace mucho tiempo en Canarias: “Hay mucha potencialidad de restauración”, ya que algunos espacios podrían recuperarse para uso agrícola y contribuir a reducir así la dependencia exterior, mientras que otros podrían destinarse a la regeneración ecológica. Para ello, considera fundamental una buena planificación territorial que determine “qué parte vamos a destinar a la agricultura y qué parte a restauración”, combinando estrategias pasivas y activas para garantizar tanto la producción como la salud de los ecosistemas.
El aumento de la sequía y las altas temperaturas también está vinculado al riesgo de incendios en Canarias, especialmente en los pinares. Pilar Ramos indica que, en lo que respecta al pinar, “hay mucha discusión sobre si los incendios pueden tener un rol natural o no, ya que es una especie que está bastante adaptada al fuego, produce resina y pinocha que se prende fácil”. Sin embargo, no todas las especies reaccionan igual: “Algunas parecen necesitar el fuego y otras que no les gusta”. Además, recuerda que el régimen de incendios no solo depende de la frecuencia, sino también de la intensidad, extensión y estacionalidad.
Ramos también subraya que el manejo humano del territorio influye decisivamente en la intensidad y frecuencia de los incendios. “Si te dedicas a apagarlos sistemáticamente, se va acumulando mucha biomasa y luego un pequeño fuego puede propagarse mucho más”, explica. Por ello, apuesta por estrategias de prevención basadas en un enfoque integral del territorio: “La idea es tener un territorio heterogéneo, con bosque, áreas cultivadas y zonas de pastoreo; así el fuego no se desplaza fácilmente y se puede gestionar mejor”. Con ello, se busca un equilibrio entre la protección de los ecosistemas y la actividad humana, evitando soluciones únicas que no consideren la complejidad del paisaje canario.
Mirando hacia el futuro
El cambio climático es una realidad que no se puede revertir de inmediato, pero que sí puede ser mitigada y adaptada mediante decisiones estratégicas. Judith Carrillo recuerda que ya “no podemos evitar el cambio climático, pero tampoco estamos en una situación límite, todo dependerá de las decisiones que se tomen en el futuro en cuanto a emisiones de gases de efecto invernadero”. Albano González señala que la trayectoria del calentamiento global dependerá de estas decisiones: “Si seguimos igual con las emisiones, la temperatura aumentará mucho más; mientras que, si reducimos los gases de efecto invernadero y apostamos por energías renovables, el incremento será menor”. Por su parte, Pedro Dorta explica que, aunque los gases ya emitidos seguirán calentando el planeta durante décadas, aún queda margen de acción: “Hemos perdido ya muchas batallas, pero la guerra sigue ahí, no podemos perder la esperanza ni la fuerza de cambiar”.
Pilar Ramos enfatiza que adaptarse al cambio climático es la estrategia que más urge implementar en Canarias: “Ya no hay nada que podamos hacer para pararlo, pero sí podemos prepararnos”, con medidas que van desde la infraestructura de viviendas hasta la protección de la costa frente al aumento del nivel del mar. Natalia Sierra añade que los cambios climáticos afectan a todos los procesos ecológicos: “Si cambia el clima, van a cambiar las condiciones y la velocidad de todas las reacciones metabólicas, y las plantas tendrán que adaptarse o desplazarse a condiciones favorables”. La combinación de mitigación y adaptación, en todos los sectores, desde el agua y los ecosistemas hasta el turismo y la agricultura, será clave para enfrentar los desafíos del futuro.
La meteorología no solo determina el día a día de las personas, sino que se ha convertido en una herramienta esencial para anticipar riesgos, proteger la salud, gestionar los recursos y planificar la actividad económica y turística, especialmente en un territorio tan vulnerable como Canarias. Los efectos del cambio climático ya son visibles en fenómenos extremos, alteraciones en la vegetación, temperaturas nocturnas elevadas y mayor riesgo de incendios, lo que evidencia la necesidad urgente de combinar mitigación y adaptación. Con decisiones estratégicas fundamentadas en la ciencia y una planificación territorial adecuada, es posible reducir los impactos y garantizar un futuro más seguro y sostenible para la población, los ecosistemas y la economía del archipiélago.
Este reportaje es una iniciativa enmarcada en el Calendario de Conmemoraciones InvestigaULL, proyecto de divulgación científica promovido por la Universidad de La Laguna.
Unidad de Cultura Científica y de la Innovación (Cienci@ULL)







