Las Islas Canarias, reconocidas internacionalmente como un punto caliente de biodiversidad, no son solo un tesoro natural, también constituyen una reserva estratégica de moléculas con un alto potencial terapéutico y agrícola. Así lo demuestra, una vez más, la tesis doctoral de Eduardo Hernández Álvarez, defendida recientemente en el Instituto Universitario de Bio-orgánica Antonio Gonzalez de la Universidad de La Laguna, que propone transformar compuestos de plantas locales en herramientas avanzadas para la salud humana y la protección de cultivos.
La investigación, titulada “Búsqueda de nuevas plataformas de origen vegetal en el diseño de biopesticidas y/o agentes antiinfecciosos”, ha sido dirigida por Isabel López Bazzocchi y Ignacio Antonio Jiménez Díaz, logrando un “puente entre la sabiduría popular y la química de vanguardia”. Uno de los pilares de la tesis es el desarrollo de agentes antiparasitarios para tratar enfermedades tropicales desatendidas, como la leishmaniasis y la enfermedad de Chagas, patógenos que afectan a millones de personas en el mundo y que cuentan con opciones de tratamiento que en estos momentos son limitadas o tóxicas.
Partiendo de la witaferina A, un compuesto obtenido de la planta endémica Withania aristata, conocida como Orobal, el investigador utilizó técnicas de quimiomodulación para generar una librería de compuestos. A través de modificaciones estructurales precisas, se sintetizaron 18 nuevos derivados, 14 de los cuales son totalmente inéditos para la ciencia. Los resultados son prometedores: las nuevas sustancias han demostrado ser más potentes y selectivas que los fármacos de referencia, induciendo la muerte celular programada de parásitos.
En el ámbito de la agricultura, el trabajo de Hernández Álvarez se alinea con el Pacto Verde Europeo, que establece como meta para el año 2030 una reducción del 50% en el uso de pesticidas químicos. La alternativa propuesta son los biopesticidas, compuestos de origen natural que han demostrado ser menos tóxicos, se degradan con rapidez en el medio ambiente y evitan la contaminación de los acuíferos.
Mediante un proceso denominado fraccionamiento bioguiado, el equipo identificó los principios activos de dos especies clave, la Salvia morisca (Salvia canariensis) de la cual se aisló el salviol como un potente fungicida y de la Magarza (Argyranthemum frutescens) obtuvieron compuestos con alta capacidad bioactiva. Estos extractos han sido probados con éxito contra hongos fitopatógenos que causan graves pérdidas económicas en el archipiélago, como la fusariosis en plataneras, la botritis en la uva y la alternaria en cultivos de tomate y papa.
Según los miembros del tribunal, conformado por Francisco Macías (UCA), Ana Maria Loureiro da Seca (U. Azores) y Javier Fernández Castro (ULL), la tesis destaca por su enfoque práctico y su colaboración con entidades clave, ya que los resultados están siendo aplicados en entornos reales en el Centro Medioambiental de La Tahonilla, del Cabildo de Tenerife y bajo el marco del proyecto europeo MacBioPest. Además, ensayos realizados en colaboración con la empresa Coplaca han demostrado la eficacia de los extractos de magarza como fungicida natural para proteger la corona de las piñas de plátano durante su comercialización, ofreciendo una alternativa ecológica a los tratamientos actuales.

