La Universidad de La Laguna ha recibido recientemente a uno de los seis estudiantes gazatíes que continuarán sus estudios universitarios en España. Llegado en vuelo directo desde Amán (Jordania) permanecerá en este centro académico durante todo el próximo curso. Por motivos de seguridad, esta nota de prensa no desvelará ni su nombre verdadero ni la formación específica que cursará.
En sus primeras semanas en la isla M.J.J. está residiendo en el domicilio de uno de los docentes de esta universidad, pero próximamente se trasladará a uno de los centros de alojamiento de la institución. Su llegada se enmarca en la tercera evacuación de universitarios realizada por el Ministerio de Asuntos Exteriores y, en nuestro caso, promovida por el Vicerrectorado de Internacionalización y Cooperación, con el apoyo de la Asociación Comunidad Palestina en Canarias.
“La visita de M. emerge de una propuesta de los presupuestos participativos de la Universidad de La Laguna en 2024”, explica la vicerrectora, Inmaculada González. “Se aprobaron tres becas de estudiantes y estamos trabajando para la llegada, en este mismo verano, de la segunda persona”, añade, mientras que la tercera finalmente desistió por motivos personales y la Universidad de La Laguna ha destinado estos últimos recursos a apoyar las matrículas de los estudiantes gazatíes en su lugar de origen.
“La Universidad de La Laguna cursó su solicitud al Consulado de España en Jerusalén”, prosigue la vicerrectora, al tiempo que también evacuó consultas y pidió asesoramiento a multitud de entidades como ACNUR, Médicos del Mundo, la agencia UNRWA para refugiados de Palestina, CEAR, entre otros, al tiempo que se inscribió en el Corredor Humanitario organizado por la Conferencia de Rectores y Rectoras de Universidades Españolas. “Es un trabajo de varios años en el que nos hemos preparado a fondo”.
De los seis universitarios evacuados en esta ocasión, las tres mujeres irán a Barcelona para estudiar, en la Universidad de Barcelona, en la Autónoma y en la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña, según publica ElDiario.es. En cuanto a los hombres, dos se quedarán en Madrid, para estudiar uno en la Complutense y otro en la Escuela de Escritores, mientras que el tercero iniciará estudios en la Universidad de La Laguna.
Viviendo un sueño
El propio M.J.J todavía no puede creer que haya salido de Gaza y considera que “está viviendo un sueño”, porque ha pasado de estar en muy malas condiciones a estar como en el cielo. “Aquí hay personas amables, apoyo y un buen estilo de vida. Estoy feliz de estar aquí porque mi esperanza es mayor que la que tenía en Gaza y puedo tener una oportunidad”.
En ese futuro ideal, se ve convertido en un gran neurocirujano, “el mejor del mundo”, ya que esa siempre fue su aspiración, empujado por sus circunstancias familiares: nacido en 2001, cuando apenas tenía seis meses su padre murió de un aneurisma en el cerebro y, diez años después, sería su madre la que falleciera a causa de un tumor cerebral. Por eso desea tanto convertirse en un buen neurocirujano y, de hecho, estaba muy avanzado en sus estudios médicos cuando estalló la última ofensiva de Israel contra su territorio.
“Cuando comenzó el conflicto, dejé mis libros y me fui al hospital a ayudar. Es una guerra devastadora y he tenido que trabajar con mucha presión bajo condiciones inimaginables”, explica. “He hecho docenas de neurocirugías para toda clase de personas en condiciones muy difíciles. Y llegué a estar agotado porque tenía hambre, carecíamos de recursos y tampoco había apoyo psicológico”. Aunque era solo un estudiante, uno de los quirófanos estaba bajo su responsabilidad pese a la precariedad: “No teníamos máquina de succión, ni tubos, ni ningún equipamiento”.
Durante ese tiempo continuó formándose, aunque era cada vez más difícil porque “todas las universidades fueron destruidas” y tampoco quedaban hospitales ni ninguna clase de apoyo docente. “Tuve que autoformarme. Tenía muchos libros, pero quedaron sepultados bajo los restos de mi casa familiar. Seguí buscando libros en PDF para seguir leyendo y mejorando mi conocimiento”.
Dada la situación, buscó alguna oportunidad para salir de Gaza y conoció este programa de evacuación que le ha permitido alejarse de la guerra para continuar sus estudios. Atrás ha dejado a su familia, siete hermanos y cinco hermanas, que ahora mismo viven en una precaria tienda de campaña, rodeados de escombros porque “ya no quedan edificios alrededor”, afectados por el frío, el calor y la polución de las ruinas.
“No hay futuro en Gaza, en absoluto”, lamenta. “Muchas personas allá ya solo esperan morir, porque no hay futuro y sufren a todas horas. No sé si hay solución o no [para la situación], pero creo que el mudo debería buscarla. Mi gente necesita una vida y creo que se la merecen. ¿Por qué la ignora el mundo?”.

