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El acompañamiento emocional se convierte en un pilar para el tratamiento de cáncer infantil

lunes 27 de abril de 2026 - 13:29 GMT+0000

El pasado jueves 23 de abril, Irene Roch, psicóloga clínica del Complejo Hospitalario Universitario de Canarias, durante su participación en el III Congreso de Cáncer Infantil en Canarias: Fortaleciendo vidas, centró su intervención en visibilizar el acompañamiento emocional a niños con cáncer y sus familias. Su objetivo fue poner en valor la dimensión psicológica del proceso y reivindicar el “amor” como una herramienta esencial dentro del entorno sanitario.

Durante su ponencia, titulada Acompañar cuando todo cambia, Roch sorprendió al introducir un concepto poco habitual en un congreso científico: “Vengo como mensajera del amor”, afirmó ante un auditorio lleno. Lejos de restar rigor, explicó que este término define la base del trabajo clínico en contextos de alta vulnerabilidad. “Cuando hablamos de cáncer infantil pensamos en sufrimiento, que lo hay, pero también hay muchísimo amor”, subrayó.

La psicóloga describió el diagnóstico de una enfermedad grave en la infancia como “un meteorito que cae en la vida de una familia y lo cambia todo”. No solo se pierde la salud, explicó, sino también la rutina, la identidad y la sensación de control. Ante este escenario, defendió la necesidad de entender el proceso como un duelo continuo: “Es el duelo de la salud, de la normalidad, de la autonomía”.

Roch abordó este duelo desde un enfoque activo, basado en tareas emocionales como aceptar la realidad, expresar las emociones, adaptarse a la nueva situación y recolocar la experiencia para poder seguir viviendo. En este sentido, hizo hincapié en la importancia de permitir que tanto adultos como niños expresen sus emociones sin censura. “No darles ese espacio no les protege, al contrario, los deja solos con lo que sienten”, advirtió.

Uno de los puntos clave de su intervención fue la necesidad de incluir a los menores en la información sobre su enfermedad, adaptándola a su edad. Frente a la tendencia a ocultar el diagnóstico para “proteger”, Roch defendió que los niños perciben lo que ocurre y necesitan comprenderlo. “Si sienten que se les oculta algo, la angustia es aún mayor”, explicó.

El acompañamiento psicológico, según detalló, se articula a través de una red multidisciplinar que incluye personal sanitario, familias, entorno educativo y asociaciones. El objetivo es reducir el impacto emocional del proceso, ofrecer herramientas de adaptación y devolver, en la medida de lo posible, cierta sensación de control a los pacientes. “A veces son pequeños gestos, como preguntarles cuándo quieren hablar o simplemente llamar a la puerta antes de entrar”, señaló.

La intervención también puso el foco en los hermanos de los pacientes, a menudo “los grandes olvidados”, y en la necesidad de acompañar a toda la familia durante y después del tratamiento. Roch destacó que, aunque muchas familias esperan “volver a la normalidad” tras la enfermedad, la experiencia transforma profundamente su forma de vivir. “La vida cambia y hay que aprender a recolocar todo lo vivido”, afirmó.

En la parte final de su ponencia, la psicóloga abordó el acompañamiento en situaciones en las que la curación no es posible, destacando el trabajo del equipo de cuidados paliativos pediátricos. Subrayó la importancia de garantizar calidad de vida hasta el final y de permitir, cuando las familias lo desean, que los menores puedan pasar sus últimos días en casa.

La intervención concluyó con un emotivo homenaje a un niño paciente, cuya historia sirvió para ejemplificar la capacidad de los menores para afrontar la enfermedad desde la alegría, la valentía y el amor. “Hay historias que no se miden en años, sino en huellas”, leyó Roch, visiblemente emocionada.

Con su intervención, Irene Roch dejó claro que el abordaje del cáncer infantil no puede limitarse al tratamiento médico. El acompañamiento emocional, desde la empatía, la escucha y el amor se consolida como un elemento imprescindible para hacer frente a uno de los procesos más complejos que puede atravesar una familia.

La Cátedra de Infancia y Adolescencia fue entidad colaboradora de este importante Congreso, codirigido por uno de sus miembros, el Prof. Dr. Sergio Hernández Expósito.


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