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Antonio Moliner trata en su ponencia la necesidad de unidades de adolescente para el tratamiento del cáncer

lunes 27 de abril de 2026 - 13:41 GMT+0000

Los adolescentes con cáncer han sido históricamente un grupo invisibilizado dentro del sistema sanitario, una realidad que centró una de las ponencias del III Congreso de Cáncer Infantil en Canarias: Fortaleciendo Vidas, celebrado el pasado 24 de abril. Bajo el título “Especificidades del adolescente con cáncer: la necesidad de unidades de adolescentes”, el doctor Antonio Moliner Honrubia, coordinador del congreso, expuso las principales carencias en la atención a este colectivo y defendió la urgencia de adaptar los modelos asistenciales a sus necesidades.

Durante su intervención, el especialista explicó que los adolescentes han quedado durante años en un “territorio intermedio” entre la oncología pediátrica y la de adultos, lo que ha provocado desigualdades en el acceso a tratamientos y falta de homogeneidad en la atención. Dependiendo del lugar de residencia, estos pacientes pueden ser tratados en unidades pediátricas o en servicios de adultos, sin que exista un criterio uniforme, lo que repercute directamente en su pronóstico.

El impacto del cáncer en esta etapa, señaló, es especialmente significativo, ya que coincide con un momento clave del desarrollo personal. La enfermedad irrumpe en una fase en la que se construyen la identidad, la independencia y las relaciones sociales, interrumpiendo de forma brusca este proceso vital. En el ámbito clínico, el ponente destacó que los tipos de cáncer que afectan a los adolescentes difieren tanto de los de la infancia como de los de la edad adulta. Entre los más frecuentes se encuentran los tumores hematológicos, como leucemias y linfomas, aunque con el aumento de la edad comienzan a aparecer otros como los de tiroides o mama. Esta particularidad implica la necesidad de estrategias terapéuticas específicas.

Además, recordó que, de forma histórica, este grupo ha presentado peores tasas de supervivencia en determinados tumores, como la leucemia linfoblástica aguda. Esta diferencia se ha relacionado tanto con factores biológicos, como la menor presencia de características genéticas favorables, como con la aplicación de protocolos de tratamiento diseñados para adultos, menos eficaces en este perfil de pacientes.

En los últimos años, distintos estudios han demostrado que el uso de protocolos pediátricos mejora los resultados en adolescentes, lo que ha impulsado un cambio en la práctica clínica. En este sentido, el especialista subrayó la importancia de adaptar los tratamientos a las características específicas de este grupo. Uno de los ejes centrales de la ponencia fue la necesidad de crear unidades específicas para adolescentes y adultos jóvenes, un modelo ya implantado en varios países europeos. Estas unidades permiten ofrecer una atención más especializada, integrando tanto el abordaje médico como el psicológico y social. En España, sin embargo, este modelo aún se encuentra en desarrollo y se enfrenta a limitaciones estructurales, como la división por edad entre pediatría y medicina de adultos, con una barrera que se sitúa en torno a los 18-19 años.

Para ilustrar estas dificultades, Moliner presentó el caso clínico de un adolescente diagnosticado con linfoma de Hodgkin, cuyo proceso evidenció múltiples obstáculos dentro del sistema sanitario. El paciente experimentó un retraso en el diagnóstico tras acudir en varias ocasiones a urgencias sin obtener una valoración concluyente, una situación que refleja uno de los problemas habituales en este grupo de edad: la detección tardía.

A lo largo de su tratamiento, el caso mostró la complejidad de la atención, con derivaciones entre distintos centros y la participación de equipos tanto pediátricos como de adultos. El paciente fue sometido a diversas líneas terapéuticas, incluyendo quimioterapia, radioterapia, inmunoterapia y trasplantes, hasta lograr una remisión completa, lo que evidenció tanto la dureza del proceso como la importancia de la coordinación entre profesionales.

Otro de los aspectos abordados fue la limitada participación de los adolescentes en ensayos clínicos, considerados clave para mejorar la supervivencia. Factores como las restricciones de edad, la falta de coordinación entre especialistas y el desconocimiento de estudios disponibles han dificultado históricamente su acceso. No obstante, iniciativas internacionales recientes han comenzado a reducir estas barreras, ampliando los criterios de inclusión y fomentando la colaboración entre oncología pediátrica y de adultos.

Más allá del tratamiento médico, la ponencia puso el foco en las necesidades psicosociales de los adolescentes con cáncer, que difieren de las de otros grupos de edad. Entre ellas destacan la preocupación por la imagen corporal, la construcción de la identidad, la necesidad de independencia y la importancia del entorno social. En este sentido, el especialista subrayó la necesidad de un apoyo psicológico específico y de respetar la privacidad de estos pacientes. Asimismo, se abordó la importancia de la preservación de la fertilidad, una cuestión especialmente relevante en esta etapa de la vida, que requiere planificación e intervención temprana siempre que las condiciones clínicas lo permitan.

El experto también destacó la necesidad de un seguimiento integral tras la superación de la enfermedad, ya que muchos pacientes desarrollan secuelas derivadas de los tratamientos. Este proceso requiere la participación de equipos multidisciplinares y una adecuada transición desde los servicios pediátricos a los de adultos, evitando la pérdida de seguimiento.

Moliner defendió un modelo de atención integral, multidisciplinar y adaptado a las características del adolescente, que incluya espacios hospitalarios adecuados, profesionales formados específicamente y una mayor participación del paciente en la toma de decisiones. La ponencia evidenció que, aunque se han producido avances significativos en los últimos años, los adolescentes con cáncer siguen enfrentando importantes desafíos dentro del sistema sanitario, lo que hace necesario continuar desarrollando estrategias específicas que garanticen una atención equitativa y de calidad.

La Cátedra de Infancia y Adolescencia fue entidad colaboradora de este importante Congreso, codirigido por uno de sus miembros, el Prof. Dr. Sergio Hernández Expósito.

 


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