La transformación de los barrios no depende únicamente de grandes intervenciones urbanísticas o decisiones institucionales. En muchos territorios, especialmente en contextos periféricos o vulnerables, el cambio también nace de los vínculos vecinales, de la participación colectiva y de la capacidad de la ciudadanía para imaginar y construir espacios más habitables, inclusivos y cohesionados. En ese proceso, disciplinas tradicionalmente asociadas a lo estético, como el diseño, comienzan a adquirir un papel cada vez más relevante como herramientas de mediación social, escucha comunitaria y construcción colectiva.
En este contexto se sitúa la tesis doctoral defendida recientemente en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Laguna por la investigadora Alicia Eva Morales Pereyra-García, titulada “Diseño para el desarrollo local comunitario en Canarias. Aportes desde la creación de laboratorios vivos a escala de barrios”. El trabajo, desarrollado dentro del programa de doctorado de Artes y Humanidades y dirigido por el profesor Carlos Jiménez Martínez, analiza cómo el diseño participativo puede contribuir al desarrollo local comunitario mediante procesos de colaboración entre universidad, ciudadanía y territorio. El tribunal encargado de evaluar la tesis estuvo presidido por Daniela Selloni, investigadora del Politécnico de Milán; contó como vocal con Carlos Casimiro da Costa, del Instituto Politécnico de Bragança, y como secretaria con la profesora de la Universidad de La Laguna María Teresa Arozena.
La tesis doctoral ha contado con el respaldo de la Agencia Canaria de Investigación, Innovación y Sociedad de la Información de la Consejería de Universidades, Ciencia e Innovación y Cultura y por el Fondo Social Europeo Plus (FSE+) a través del Programa Operativo Integrado de Canarias 2021-2027.
Diseño, participación y transformación social
El estudio parte de una trayectoria de casi diez años de trabajo vinculada especialmente al barrio de Las Moraditas, en Santa Cruz de Tenerife. La autora comenzó a desarrollar proyectos relacionados con este entorno desde su Trabajo de Fin de Grado y continuó posteriormente profundizando en esta línea a través de distintos estudios de posgrado y experiencias de intervención comunitaria.
Uno de los principales planteamientos del trabajo consiste en ampliar la visión tradicional del diseño, alejándose de una concepción centrada exclusivamente en la estética o en la creación de objetos. La autora defiende una mirada donde el diseño funciona como una práctica relacional capaz de activar cuidados, facilitar el diálogo y generar procesos colectivos de transformación social.
Desde esta perspectiva, el diseñador deja de ocupar únicamente un papel técnico para convertirse en mediador, facilitador y acompañante de dinámicas comunitarias. El documento aborda conceptos como diseño social, diseño participativo o codiseño, vinculándolos a metodologías que fomentan la implicación ciudadana, el fortalecimiento del tejido social y la construcción compartida de soluciones.
La tesis presta especial atención a los barrios periféricos, entendidos como espacios donde conviven desigualdades estructurales y fuertes capacidades de resiliencia comunitaria. Según plantea el trabajo, estos territorios constituyen escenarios clave para activar procesos colaborativos, recuperar memorias colectivas y reforzar el sentido de pertenencia local.
Entre los casos analizados destaca el desarrollado en Las Moraditas, un barrio autoconstruido sobre suelo rústico y caracterizado por una importante diversidad social y cultural. Allí se impulsaron
iniciativas orientadas a dignificar espacios públicos, recuperar el patrimonio comunitario y estrechar vínculos entre la universidad y el vecindario.
Las acciones desarrolladas incluyeron murales, señalética, encuentros comunitarios, rutas culturales, piezas audiovisuales y diferentes intervenciones urbanas planteadas desde la participación vecinal. Según recoge el estudio, este tipo de experiencias favorecen nuevas formas de aprendizaje conectadas con la realidad social y contribuyen a difuminar las fronteras entre el aula y el territorio.
El trabajo también recoge iniciativas surgidas durante el confinamiento provocado por la COVID-19, como “Telecafecito en Las Moraditas”, un espacio virtual semanal que permitió mantener el contacto comunitario en pleno aislamiento social. A través de encuentros digitales abiertos, el proyecto facilitó espacios de escucha y acompañamiento vecinal, además de acercar herramientas tecnológicas a personas mayores.
Otro de los proyectos analizados es “Mestura La Palma”, desarrollado tras la erupción del volcán Tajogaite. Mediante procesos colaborativos vinculados al diseño y la creación colectiva, la iniciativa trabajó sobre la recuperación de memorias, patrimonios y vínculos comunitarios afectados por la emergencia volcánica.
Impacto en la comunidad y en el alumnado
El estudio también evalúa el impacto de estas experiencias en el alumnado universitario participante. Los resultados reflejan que muchos estudiantes se enfrentaron por primera vez a proyectos reales de intervención comunitaria, desarrollando competencias metodológicas, pensamiento crítico, conciencia social y nuevas perspectivas profesionales vinculadas al diseño y la transformación social.
Asimismo, el trabajo señala que las comunidades implicadas reforzaron su capacidad de organización y comenzaron a reconocerse como agentes activos en la mejora de sus propios entornos. La autora destaca especialmente el papel de las mujeres dentro de estos procesos comunitarios, subrayando cómo gran parte de las dinámicas de escucha, cuidado y cohesión social estuvieron sostenidas por liderazgos femeninos.
Entre las principales conclusiones, la tesis defiende que el diseño puede actuar como herramienta de mediación y acompañamiento en procesos de desarrollo local comunitario, especialmente en territorios periféricos y contextos atravesados por desigualdades sociales. El documento también reivindica la necesidad de fortalecer modelos de aprendizaje conectados con el territorio y con las problemáticas reales de la ciudadanía.
La defensa reunió además a un numeroso público en la Facultad de Bellas Artes, algo poco habitual en este tipo de actos académicos. Familiares, amistades, alumnado y personas vinculadas a los barrios y proyectos comunitarios abordados en la tesis quisieron acompañar a la investigadora durante la exposición de un trabajo marcado por una fuerte dimensión social y una estrecha relación con el territorio. Durante el acto, el propio director de la tesis destacó el carácter excepcional de una asistencia que reflejaba el impacto humano y comunitario generado a lo largo de años de trabajo colaborativo.
La doctoranda obtuvo finalmente la calificación de sobresaliente cum laude y recibió además la felicitación del tribunal, que animó a la investigadora a continuar desarrollando proyectos e iniciativas de este tipo por su impacto académico, social y comunitario.


