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Investigadoras de la ULL y Perú colaboran en la detección de parásitos potencialmente peligrosos para la salud humana

viernes 16 de noviembre de 2018 - 14:37 UTC

Fotografía de las dos investigadoras

La doctora en Biología María Antonieta Quispe Ricalde, profesora de la Universidad de San Antonio Abad de Cusco (Perú), está en estos momentos realizando una estancia de dos meses de duración en el Instituto de Enfermedades Tropicales y Salud Pública de Canarias de la Universidad de La Laguna, invitada por la investigadora adscrita a dicho centro, la doctora en Biología Pilar Foronda Rodríguez. Ambas están colaborando en varios proyectos sobre detección y prevención de organismos patógenos zoonóticos, es decir, que están relacionados con animales y con capacidad para transmitir enfermedades a humanos.

Las investigadoras están trabajando en aspectos relacionados con varios parásitos como el Angiostrongylus cantonensis, Plasmodium sp. y Mesocestoides sp., y bacterias como Yersinia pestis y Bartonella, entre otras. Como explican, Perú es un país con alta incidencia de parasitosis con serios problemas en salud pública, por lo que es especialmente relevante las investigaciones para su detección, diagnóstico y vigilancia. Fruto de estos trabajos ha sido la publicación de varios artículos en revistas de gran impacto, como Emerging Infectious Diseases, Plos One y Scientific Reports.

De forma particular, Quispe Ricalde ha venido a trabajar en el desarrollo de una técnica de detección de la bacteria patógena Yersinia, en vectores transmisores, “cuyos reservorios están prácticamente conviviendo con las personas”. En 2014, las investigadoras publicaron un estudio sobre detección de esta bacteria en roedores de una población rural de Perú con resultados positivos, en la que identificaron tres especies de roedores que la albergan, y ahora el objetivo es hacerlo en zonas urbanas.

Con respecto a Yersinia pestis, la bacteria causante de la peste, actualmente se considera re-emergente, pues ya se han producido brotes de gran impacto en países como Madagascar. “Según la Organización Mundial de la Salud, los tres países más endémicos actualmente son Madagascar, la República Democrática del Congo y Perú”, explica Foronda.

Los estudios que se realizan están enfocados a posibles métodos de control, para lo cual el primer paso es detectar exactamente qué hay en la zona: prevalencia, especies de roedores que albergan la bacteria y artrópodos transmisores. Por ejemplo, en Perú todavía hay que buscar las especies de pulgas que las transmiten.

Quispe Ricalde explica que en 2009 hubo casos de peste en Perú. El problema es que, probablemente, los casos están infradiagnosticados, porque hay carencias en el diagnóstico y la vigilancia de los transmisores.

Foronda añade que dicha vigilancia es cuestión de planificación, pero que siempre será rentable: “si previenes, evitas gastos de tratamientos posteriores; si adoptas un método de control el beneficio está asegurado”. Revela que en Canarias también han realizado estudios en roedores confirmando la presencia de parásitos no esperados.

Otros proyectos sobre patógenos zoonóticos de este equipo está enfocado en el Angiostrongylus cantonensis, un gusano que está en los pulmones de las ratas y puede producir daños en el sistema nerviosos central que deriven en meningitis eosinofílica. Se han extraído proteínas de este parásito como método de diagnóstico, para detectar la presencia de anticuerpos en otros animales.

Normalmente, Angiostrongylus cantonensis se transmite a través de la ingestión de moluscos crudos, por lo que en Canarias a priori no hay gran peligro porque no es una práctica habitual, pero sí en otras zonas como en Asia, el Caribe o Sudamérica. “En Ecuador ha habido muchos brotes en niños porque se comen los caracoles de camino a la escuela”, explica la investigadora peruana. Por ello, está planificada su búsqueda en el país andino, porque ha entrado muy fácilmente en Sudamérica al ser una especie invasora con una capacidad de adaptación enorme.

Quispe Ricalde no es una desconocida en la Universidad de La Laguna, pues realizó su tesis doctoral en el centro tinerfeño a partir de 1999 y permaneció algunos años en el instituto que ahora la acoge. Ha podido venir estos dos meses gracias a una ayuda del Vicerrectorado de Internacionalización. Y, aunque parece un periodo relativamente largo, “no da para mucho. En biología, las cosas no son tan predecibles, a veces fallan y hay que repetirlas. Estamos colaborando continuamente y hacemos estancias cuando podemos, porque, aunque mucho trabajo se hace a distancia, siempre se avanza más presencialmente”.


Archivado en: Destacado, Instituto Universitario de Enfermedades Tropicales y Salud Pública de Canarias, Investigación, Portada ULL

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