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Investigar en clave botánica

viernes 22 de febrero de 2019 - 14:16 UTC

Podría decirse que es una persona a contracorriente, a la que no le asustan los cambios o que sabe exactamente lo que quiere, porque ¿quién es capaz de

Fotos: Emeterio Suárez

renunciar a ser un investigador Marie Curie, o más exactamente, a una beca Marie Skłodowska-Curie? Él, Jairo Patiño, licenciado en Biología y especializado en Botánica, lo hizo. Renunció. Y renunció porque quería volver a casa, a su casa, la Universidad de La Laguna, de la que estuvo ocho años alejado, ‒salvo un paréntesis que lo trajo de vuelta un tiempo‒, haciendo ‘postdoc’ tras ‘postdoc’ en universidades europeas y americanas con las que ha tendido puentes y sigue desarrollando interesantes proyectos.

Y el suyo ha sido un regreso por la puerta grande. Nada más y nada menos que con un contrato Ramón y Cajal bajo el brazo que le permitirá, de aquí a cinco años, desarrollar sus propias líneas de investigación y familiarizarse con el mundo académico y la docencia para acabar ocupando una plaza en la ULL, donde quiere quedarse y consolidar su carrera científica. Durante el tiempo que tiene por delante (cuatro años hasta que lo evalúen) intentará acreditarse como profesor titular ‒ese es su objetivo‒, y tendrá que dar forma a sus investigaciones presentes y futuras: “Lo bueno que tiene el programa Ramón y Cajal es que puedes empezar a planificar a medio y largo plazo y no tienes que acoplarte a investigaciones ya iniciadas. Eres tú el que decide qué programa de investigación quieres desarrollar en la institución que te acoge”.

Jairo Patiño es uno de los ocho investigadores que se han incorporado recientemente a la ULL con las ayudas del programa Ramón y Cajal, financiadas por el Ministerio de Economía y Empresa, cuyo fin no es otro que la integración de investigadores nacionales e internacionales (con una trayectoria destacada en centros de I + D) en universidades y centros científicos españoles. Sin duda, un valioso activo implantado hace 18 años que vivió sus horas bajas durante la crisis económica, pero que sigue siendo fundamental a la hora de crear puestos de carácter permanente que repercutan en el desarrollo científico de nuestro país.

Convertirse en un ‘ramón y cajal’ no es nada fácil. Además de enfrentarse a una selección tremendamente rigurosa en la que se valoran los méritos curriculares y las aportaciones científicas y profesionales, se tiene muy en cuenta la capacidad de liderazgo de los candidatos en proyectos científicos, motivo por el que la mayoría de los seleccionados suele tener una media de siete u ocho años de experiencia en su campo. Aunque si de algo es consciente este biólogo es de que llegar hasta este punto era uno de los múltiples pasos profesionales que tenía que dar desde que finalizó su tesis doctoral. No hay nada escrito al respecto, pero este es “el camino natural que hay que recorrer” si lo que uno quiere es dedicarse la investigación. “Recibí ofertas de seis universidades españolas cuando me concedieron el contrato, pero tenía claro que quería desarrollar mis proyectos en la Universidad de La Laguna”.

Investigaciones versus proyectos

De momento, más que hablar de proyectos, Jairo habla de las posibles líneas de investigación en las que se mueve hasta que estén perfectamente definidas en proyectos que pueda solicitar, bien al Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, bien al Gobierno de Canarias o a otros organismos. El caso es abordar la que considera, por ahora, su línea central: la ecología y evolución de plantas en islas, siempre con un enfoque hacia la conservación. Eso sin olvidar los insectos, otro de los ejes de su trabajo.

Es una línea de investigación muy genérica y se distancia un poco de lo abordado hasta el momento: los grupos de las plantas sin flores o criptógamas (División Bryophyta), que durante años han centrado sus investigaciones. Ahora son las plantas con flores, las fanerógamas (División Spermatophyta), las que por primera vez acaparan casi toda su atención y estudio. Y especialmente las denominadas compuestas o asteráceas (Asteraceae), una de las familias de plantas con más riqueza y diversidad biológica, capaces de conquistar todos los territorios, desde los polos hasta el mismísimo trópico.

Una de las más populares y conocidas es la margarita, pero hay muchas más: el incienso canario, los cabezones, los cardos, las cerrajas, los cerrajones o las lechuguillas. Así hasta sumar 370 especies (en el archipiélago), de las que 140 son endémicas y conforman el grupo ‘estrella’ del estudio. “Dentro del mismo marco de trabajo estudiaremos las distintas familias que componen la flora de Canarias, que son numerosísimas. Como hay muchísimas especies para muestrear y analizar, mi idea es empezar a trabajar con una familia en concreto”.

Uno de los objetos de este estudio es definir y entender las denominadas relaciones filogenéticas, es decir, las relaciones de parentesco entre las distintas especies de asteráceas presentes en Canarias, porque a pesar de que se ha profundizado mucho en este campo (especialmente de 2000 a 2010) esas relaciones de parentesco “no lograron resolverse y ahora tenemos la posibilidad de hacerlo usando técnicas genómicas nuevas. Me he especializado en técnicas que te permiten mirar a muchas partes del genoma, extrayendo mucha información”.

Las limitaciones metodológicas de hace años no son ahora un impedimento para llegar “adonde queremos llegar”, indica Patiño, y contestar así a preguntas que se quedaron sin respuesta: ¿Cuáles fueron las primeras especies que llegaron a Canarias?, ¿en qué ámbitos se dispersaron o qué especies evolucionaron en una isla y cuáles lo hicieron en otra? Mucho trabajo por delante que se diversificará en dos propuestas (proyectos) íntimamente ligadas, pero con claras diferencias: una analizará el aspecto macroevolutivo (el parentesco), y la otra abordará los procesos demográficos experimentados por las distintas especies, la variación del tamaño poblacional de cada una de ellas y las características de su proceso de dispersión en las islas.

Conociendo más del cardo

Para empezar, al amplísimo campo de estudio que se abre con las asteráceas se le ha puesto, de momento, coto y nombre propio: «Usando filogenómica para resolver radiaciones de especies en archipiélagos volcánicos: el caso del género Carduus en las Islas Canarias». O de manera simplificada, un estudio piloto sobre el cardo, una planta silvestre de bonito color que suele ser una de las habituales en el campo. Pero ¿por qué los cardos para comenzar este estudio de plantas compuestas? Por dos razones. Porque en las islas existen varias especies de esta planta que son endémicas y porque hay que averiguar si llegaron de forma natural o no, algo que hasta la fecha no está del todo claro.

Para averiguarlo, y debido al ciclo de vida rápido de los cardos, el muestreo hay que realizarlo en primavera, tras las lluvias, cuando se dan las condiciones adecuadas para que comiencen su desarrollo. En esta fase es mejor recoger ejemplares con flores que, posteriormente, se trasladan al laboratorio. Allí se procesan para extraer el ADN que permitirá obtener toda la información, una vez hechos los análisis pertinentes. En esta labor, y “como estoy empezando a iniciarme en las plantas con flores”, comenta Patiño, “colaboro con Marcelino del Arco, profesor y compañero del Departamento de Botánica, y con el doctor Alfredo Reyes, integrante del Jardín Botánico Viera y Clavijo, quienes me van a ayudar en la parte de identificación de las especies”.

En este trabajo de comprensión de la evolución de especias en el archipiélago se ha dado un salto cualitativo, ya que gracias al apoyo del Vicerrectorado de Investigación de la ULL, Jairo se está ocupando, en estos momentos, de acondicionar y acabar de montar un laboratorio de genética y genómica en el Departamento de Botánica, Ecología y Fisiología Vegetal. “Estamos esperando a colocar el material que necesitamos para trabajar; es una ayuda enorme porque podremos hacer aquí las primeras fases de la secuenciación”. Hay que tener en cuenta que Canarias es un referente mundial en términos de diversidad de plantas con flores endémicas. “Probablemente el único archipiélago que tenga las mayores tasas de endemicidad, después del de Hawái”, indica.

El universo briófito

Su incursión en el universo de las plantas compuestas es de ahora, no así su conquista del universo de los briófitos, o los musgos, como se les conoce popularmente, que han acaparado gran parte de su carrera investigadora, ya desde sus inicios, en su tesis doctoral. De hecho, fue con uno de los mayores especialistas en este grupo de especies, Alain Vanderpoorten, investigador de la Universidad de Lieja (Bélgica), con quien realizó una de sus investigaciones postdoctorales.

Los caminos evolutivos que han seguido briófitos y asteráceas son muy diferentes. “Los briófitos tienen una serie de rasgos de vida que son únicos y eso hace que en términos de patrones biogeográficos y evolutivos puedan seguir caminos muy diferentes a los que siguen otro tipo de plantas”. Estas pequeñas plantas que habitan en lugares húmedos tienen una capacidad de dispersión más amplia y una diversidad endémica más limitada si se las compara con las asteráceas.

Tan apasionantes le resultan los briófitos como los insectos, especialmente las arañas, que tuvo ocasión de estudiar cuando realizaba un ‘postdoc’ en la Universidad de Berkeley (Estados Unidos), una de las numerosas instituciones en las que ha trabajado y con la que colabora actualmente en un proyecto que compara los patrones evolutivos canarios con los de Hawái. Trabajaba en este prestigioso centro académico con una beca Marie Curie cuando le concedieron el ‘ramón y cajal’ y decidió regresar a La Laguna, el pasado mes de septiembre.

Desde entonces compagina su recién iniciada labor investigadora en la ULL con la impartición de clases en asignaturas muy diversas, como flora y vegetación canaria, biodiversidad florística o botánica general; dirige un TFM y dos tesis doctorales, y trabaja en otras muchas cosas. Entre ellas, una línea de investigación en la que colabora con el doctor Brent Emerson, científico del CSIC en el Instituto de Productos Naturales y de Agrobiología, y con la que se intenta esclarecer cómo los factores geográficos o las variables topográficas pueden ejercer de barrera a la migración de un grupo determinado de especies. En este caso, los escarabajos.

Este botánico comenzó como ecólogo para luego volverse biogeógrafo. Ahora, y analizando su progresión profesional, cree que está en la senda que conduce hacia la biología evolutiva de las islas, un proceso “casi natural” con el que trata de seguir respondiendo preguntas. “Hay muchas especies de las que aún no sabemos nada, a qué ritmo se están dispersando y cómo están colonizando nuevos territorios”.

Sin abandonar del todo los musgos y los insectos, y muy centrado en la planificación de sus nuevos proyectos, Jairo Patiño tiene también en mente comenzar a trabajar en la rama ecológica, con plantas exóticas e invasoras, que generan numerosos problemas a la flora nativa. Un paso más en una trayectoria en la que reconoce que tuvo la suerte de estar donde quería en cada momento, por “una razón concreta”. Pero la suerte, en su caso, pesa muy poco. La excelencia, el talento, el trabajo duro y la constancia sí que pesan. Y mucho.

Gabinete de Comunicación


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