Una investigación sobre educación digital sostiene que integrar el pensamiento crítico, la alfabetización mediática y el discernimiento ético del lenguaje puede contribuir a prevenir el discurso de odio en redes sociales y otros espacios digitales. El estudio propone que el problema no radica únicamente en la desinformación o en el contenido de los mensajes, sino también en la forma en que se deteriora la relación comunicativa con los demás en los entornos digitales.
El trabajo, publicado en la revista Frontiers in Education, se basa en un enfoque teórico que analiza cómo se construye la comunicación en internet y plantea que el discurso de odio surge cuando el lenguaje es utilizado de manera puramente instrumental, orientado al impacto o a la confrontación, y no como un medio de diálogo y reconocimiento del otro. Para desarrollar este planteamiento, el estudio se apoya en el marco filosófico de Alfonso López Quintás, especialmente en su teoría de los niveles de realidad aplicada al ámbito de la comunicación. Se trata de una investigación realizada por Juan Pedro Rivero, investigador del departamento de Didácticas Específicas de la Universidad de La Laguna.
Según este modelo, la interacción humana puede desarrollarse en distintos niveles. En el más básico, el lenguaje se utiliza de forma utilitaria, buscando efectos inmediatos como la viralidad o la polarización. En niveles más profundos, la comunicación se orienta al encuentro con el otro, al diálogo y a la reflexión ética. El estudio interpreta que muchas manifestaciones del discurso de odio en redes sociales reflejan una regresión hacia ese nivel más superficial de la comunicación.
En el ámbito educativo, el estudio destaca que el pensamiento crítico no debe limitarse a analizar información o detectar noticias falsas, sino que también debe incluir la evaluación ética de los discursos y su impacto en la convivencia social. Por ello, se subraya la importancia de desarrollar habilidades de juicio, argumentación y reflexión en los estudiantes.
Asimismo, el trabajo incorpora perspectivas de la alfabetización mediática, así como marcos educativos promovidos por organizaciones internacionales como la UNESCO. Estas iniciativas refuerzan la necesidad de que la ciudadanía comprenda el funcionamiento de los medios digitales, cómo se construyen los mensajes y su influencia en la opinión pública.
A partir de este enfoque, el estudio propone que la educación digital debe fomentar no solo habilidades técnicas, sino también una comprensión más profunda del lenguaje y de sus implicaciones sociales. Entre las estrategias educativas sugeridas se incluyen el análisis de debates en redes sociales, la discusión de casos reales de controversias digitales, la elaboración de contraargumentos frente a discursos discriminatorios y la reflexión colectiva sobre el impacto de las palabras en la convivencia.
De este modo, el autor concluye que estas prácticas pueden contribuir a fortalecer competencias como la argumentación, la escucha activa, la responsabilidad comunicativa y el respeto hacia la diversidad de opiniones. El artículo plantea así que una educación orientada al pensamiento crítico y al discernimiento ético del lenguaje puede ayudar a construir una ciudadanía digital más responsable y capaz de afrontar los retos comunicativos de la sociedad contemporánea.

