La educación en la II República

LAS MILICIAS DE LA CULTURA

Con el Golpe de Estado y el inicio de la Guerra Civil, el gobierno se plantea la necesidad de atender la formación de los milicianos que combatían en la defensa del régimen constitucional republicano. Las Milicias de la Cultura, como señala Fernández Soria, “[…] nacen al amparo de dos creencias repetidamente expresadas en discursos,disposiciones legales y frases de propaganda, a saber: la lucha que la República sostiene es también, en buena parte, una lucha por la cultura del pueblo; y ello es así porque anteriores regímenes despóticos han impedido que el pueblo reciba las enseñanzas más fundamentales […]”1

Esto es lo que básicamente recoge el Decreto de 30 de enero de 1937 y lo que da lugar a que el Ministerio de Instrucción Pública organice un cuerpo de maestros e instructores encargados de impartir a los soldados que lo precisan enseñanzas de tipo elemental. Para cumplir esta misión no hizo falta realizar el reclutamiento previsto sino que fue suficiente con los numerosos voluntarios que se presentaron, la mayoría maestros y estudiantes. El Cuerpo de Milicianos de la Cultura enseñaba a leer y a escribir a los soldados analfabetos; a los combatientes que poseían unas bases de instrucción les repasaban su cultura primaria, ampliándola con lecciones de Historia, Matemáticas, Geografía y otros conocimientos de las ciencias y las artes; facilitaban libros y revistas a los soldados para que, a la vez que les servían de recreo les ayudaran como ejercicio y ampliación de las enseñanzas recibidas, entre otras actividades.

Los “libros escolares” utilizados por las Milicias de la Cultura son una muestra de la formación militante llevada a cabo; la Cartilla escolar antifascista y el complemento de la misma la Cartilla aritmética antifascista, publicadas por el Ministerio de Instrucción Pública del Frente Popular son algunos ejemplos de esta fase en la que se encuentra la difusión de la cultura republicana. Sencillamente se trata de publicaciones “de trinchera” destinadas al combatiente iletrado republicano a quien, hasta en los momentos mas difíciles de la Guerra Civil, se le brindó la oportunidad de aprender a leer y a escribir. El contenido de estas cartillas se puso al servicio de la defensa ideológica y militar de la República.

A pesar de su contenido ideológico o precisamente por ello, la Cartilla escolar antifascista no descuidó la vertiente didáctica. Este aspecto se resalta en su “Explicación e Instrucciones” cuando afirma que se ha desechado el viejo y desacreditado procedimiento que comenzaba con el alfabeto ya que las letras sueltas, por sí solas, no dicen nada. La explicación continúa con que “cada ejercicio comienza con una frase, que luego se analiza y descompone en sus sílabas y letras. Estos elementos se utilizan después para formar nuevas palabras y frases”.

Este otro aspecto del legado educativo y cultural de la España republicana refleja la incuestionable voluntad política de erradicar el analfabetismo del país, de llevar esta campaña incluso a lugares tan hostiles como el frente de guerra. La amplia mirada educativa republicana protagonizada por el Ministerio de Instrucción Pública afectó decisivamente a los sectores sociales tradicionalmente olvidados por la política educativa española; por ello estas medidas medidas de alfabetización en la trinchera, por ello los Institutos para Obreros, por ello las Misiones Pedagógicas, por ello también las Bibliotecas Populares y tantas otras medidas con que la República afrontó la construcción de una nueva nación.

1 Fernández, Soria, Juan Manuel. (1984). La educación en la España republicana durante la guerra civil (1936-1939). Bordón: Revista de Pedagogía, 252