El catedrático Eduardo Parra reflexionó acerca del concepto de la sostenibilidad referido en las publicaciones científicas de los últimos 20 años y relacionado con la actividad turística, todo ello dentro de un contexto de estancamiento metodológico que se ha analizado hoy en un seminario de Campus América. La propuesta del experto es avanzar hacia un modelo más regenerativo y justo en la aportación de valor. “La sostenibilidad sigue siendo un concepto central, pero lo cierto es que la transformación real se ha demostrado limitada”, indicó.
El concepto se ha trabajado de las publicaciones científicas y en indicadores, pero no ha acabado de aterrizar en el plano real. De hecho, comentó que la agenda debería de ampliarse, porque persisten muchos obstáculos que la coartan, dado que no transforma la vida de las comunidades.
Está por tanto en estudio el camino hacia destinos turísticos más inclusivos y justos, frente al rechazo actual de un modelo depredador que no aporta soluciones al entorno. Desde el punto de vista investigador, Parra sostiene que se ha crecido en volumen de publicaciones, pero estirando el concepto. Hemos visto así el despegue de los ODS en los años 2015 y siguientes, con una concentración en la revista ‘Sustainability’ que encabezó la producción sobre ODS en Scopus entre 2015 y 2019. Y también hemos sido testigos de la fragmentación, dado que buena parte de los artículos concluyen que la regeneración, la suficiencia y el decrecimiento no son integrables debido a motivaciones diversas.
“La conclusión es que la sostenibilidad tiene que salir del ámbito del turismo habitual para irse a un modelo regenerativo”. La aportación de Parra se sitúa en el denominado Marco de Inercia Estructural (MIE), que trata de evidenciar por qué el campo de investigación reproduce un conocimiento incremental y no sale de ahí hacia nuevos paradigmas.
El MIE se sostiene en cuatro patas: una tiene que ver con la gestión, frente a un sistema colapsado en el que no se transforma nada. Si tanto genera el turismo, ¿por qué o se distribuye mejor?, se preguntó. Otra pata se adentra en el estrechamiento conceptual, cuando sostenibilidad solo se restringe al color verde. ¿Puede un destino ser ambientalmente eficiente y socialmente insostenible?, se cuestionó.
Una tercera vertiente tiene que ver con la metodología, relacionada con la homogeneidad, es decir, que el problema aparece cuando la herramienta no está determinando las preguntas que somos capaces de formular. Y, por último, el ponente señaló una interdisciplinariedad limitada, puesto que un problema socio ecológico no puede resolverse desde un solo ámbito académico.
En opinión del catedrático, la investigación ha caído en un círculo vicioso, siempre planteando las mismas preguntas. “Se ha producido un desequilibrio entre flujos, capacidad, distribución y legitimidad”. La presión turística se convierte en un problema cuando el territorio pierde la capacidad de absorber todo ese flujo.
Romper la inercia
El catedrático lanzó siete propuestas para romper la inercia, centradas en el turismo regenerativo, el propósito de digitalización, la justicia territorial, la economía circular, la resiliencia climática (calor, agua, fuegos, costa, aviación, todos los elementos conectados), el futuro del empleo (habilidades digitales, habilidades ecológicas, calidad del puesto, colaboración humana-IA) y la gobernanza ética (limitada por la capacidad real de decisión). “Tenemos que estudiar estos pasos para ver cuáles pueden transformar el sistema”.
Para Eduardo Parra se vislumbran dos futuros plausibles. Uno centrado en una “inercia sostenible”, con más datos, pero en un mismo modelo estructural, más eficiencia, más turismo y más ecológica. El otro escenario se centra en una “transformación sistémica”, más regenerativo, con una IA legitimada por las personas, una comunidad integrada y resiliente con el clima. “Este debate hay que encararlo sin miedo, porque nadie está pensando en esto para los próximos 25 años”.
¿Podemos optimizar, podemos reducir el daño, podemos aprender y adaptarnos o puede el turismo mejorar el territorio? Parra se preguntó qué deberíamos medir en 2030 o 2035: el bienestar de los residentes, la accesibilidad de la vivienda, la biovidersidad, el estrés hídrico y la retención local de valor. “Todo ello aportaría calidad del trabajo, mayor distribución del beneficio, agencia comunitaria y adicionalidad regenerativa”.
“Se trata de sostener y regenerar los lugares donde ese hace el turismo, no solo de mantenerlo, sino de conectarlo con nuestros valores”. Concluyó señalando que se investiga sobre medio ambiente, comunidad, reputación, comportamiento y gobernanza, pero que “el problema no es el tema, sino una repetición del concepto, y así no hay avance conceptual”.
El seminario continúa de forma híbrida, de manera que muchos estudiantes se han conectado virtualmente y otros han ido apareciendo a lo largo de la mañana en función de sus horarios de clase. Participan igualmente la profesora ecuatoriana Leydy Cevallos y la doctora serbia Irena Travar.

