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Campus América enseña a internacionalizar desde el aula para fomentar las competencias interculturales

viernes 23 de octubre de 2026 - 13:52 CEST

Uno de los seminarios de Campus América, el evento internacional organizado por la Universidad de La Laguna, enseña estos días cómo lograr una educación internacional desde casa, es decir, cómo tener un currículo global sin tener que estar viajando por múltiples países constantemente, sino lograrlo desde el propio campus universitario. La receta es clara y sencilla: democratizar el uso de las tecnologías y formar parte de redes globales.

Ricardo Valera, profesor de la Universidad Politécnica de Monterrey, y Sara González, de la Universidad de La Laguna, ofrecieron algunos ejemplos que tienen que ver con la flexibilidad horaria, las ganas de relacionarse con gente de otras latitudes y el afán por aprender en un mundo cada vez más conectado.

El método utilizado es el COIL, el aprendizaje colaborativo internacional en línea, que provee el intercambio internacional de conocimientos, con un aprendizaje basado en ejemplos reales, ofreciendo un cambio dinámico de roles y el desarrollo de competencias científicas, interculturales y de comunicación, a través de las denominadas clases espejo.

El proyecto COIL, relató Ricardo Valera, muestra que no hay barreras académicas entre las áreas de conocimiento, ofrece una colaboración internacional y fuerza un aprendizaje más intensivo del estudiante en competencias transversales. También facilita comprender cómo una iniciativa local puede afectar a un sistema mayor, además de un dominio más sólido del trabajo asíncrono en plataformas compartidas.

Pero, con todo, esta forma de aprendizaje con una clase espejo al otro lado del Atlántico, por ejemplo, ofrece una gran competencia intercultural, porque dota de la capacidad de ejercer una negociación empática y afectiva con alguien que piensa y trabaja de forma diferente a la nuestra. 

Cómo lo viven los estudiantes

Los estudiantes experimentan un viaje emocional muy relevante en estos procesos de aprendizaje, desde el desfase horario, la emoción de ponerse en contacto a alumnado de diferentes continentes para formar grupos de trabajo sobre una misma materia o la ansiedad por recibir respuestas de los docentes. Es muy oportuno entonces negociar algunos acuerdos en lo que tiene que ver con la plataforma de conexión y los usos horarios, para no llamar al desasosiego. Las barreras tecnológicas también se producen, ya que hablamos de estudiantes de contextos socioculturales muy diferentes o de ecosistemas institucionales muy dispares.

Con todo, recalcó Valera, el núcleo gordiano se centra en el factor humano, dada las cuestiones culturales tan distintas, lo que al final redunda en un entendimiento intercultural muy satisfactorio. También entra en juego la evaluación y el rol de los docentes, para todo lo cual es importante el apoyo institucional, de manera que estas iniciativas no sean hechos al margen de las organizaciones, sino que formen parte de sus planes de estudio.

Los estudiantes lo viven como una experiencia muy emocionante, en la que negocian con estudiantes de otros países y se forman amistades para siempre. “El COIL busca reducir las desigualdades globales, sin tener en cuenta el origen socioeconómico del alumnado”, aseguró el ponente, quien reveló que el alumnado que trabaja junto en un proyecto como este luego mantiene la relación den grupos de chats privados y la conexión llega por tanto mucho más allá del aula.

Ricardo Lyle, también de la misma institución mexicana y que intervino online, colabora con Valera en la elaboración y puesta en marcha de los COIL en su universidad de Monterrey. “Va más allá de conectar aulas, porque buscamos una colaboración real entre los estudiantes de uno y otro sitio, además de la necesaria interdisciplinariedad de las materias”.

Ambos docentes ven esta experiencia como una forma de aprendizaje colaborativo internacional, donde estudiantes de distintos contextos culturales trabajen en actividades compartidas con objetivos académicos definidos. “Para ello, no basta con usar una plataforma digital, tener un socio extranjero y conectar dos aulas, porque lo más importante reside en la interacción intercultural que se construye entre los estudiantes”, sostuvo Lyle.

Para poner un proyecto de este tipo en marcha hay que buscar socios internacionales compatibles, en primer lugar, alinear objetivos con ellos, actividades y metodología. También es importante acompañar a los docentes involucrados en el programa y definir las herramientas digitales, además de resolver los retos y monitorear los avances. Es preciso visibilizar la participación y, finalmente, evaluar y ajustar las futuras colaboraciones.


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