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Campus América aborda el bucle conformado por la migración canaria y venezolana de ida y vuelta

lunes 26 de octubre de 2026 - 18:40 CET

Dora Dávila Mendoza, de la Universidad Católica Andrés Bello (Venezuela), fue la primera ponente de este seminario de Campus América 2026 que analiza las migraciones de ida y vuelta Canarias-América.

La profesora Dora Dávila Mendoza, de la Universidad Católica Andrés Bello de Venezuela, ha disertado sobre conceptos como diáspora e identidad referidos al proceso migratorio que relaciona desde mediados del siglo XX a Canarias con el país caribeño. Con un enfoque que incorpora matices antropológicos al análisis puramente histórico, la docente propuso un marco metodológico que permite extrapolar ideas generales sobre el fenómeno de la movilidad humana a partir de casos particulares, analizados a partir de archivos familiares.

Dávila Mendoza ha sido la primera pénete del seminario titulado “La emigración venezolana a Latinoamérica y España. El caso canario, que se desarrolla desde hoy, lunes 26, hasta mañana, martes 27 de octubre en ñaFacultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación, coordinado por las profesoras e investigadoras Carmen Ascanio y Bárbara Rostecka, ambas del Departamento de Sociología y Antropología de la Universidad de La Laguna.

La conferencia, titulada “El bucle del tiempo. Diáspora, identidad e historia circular: el espejo histórico entre el archipiélago canario y Venezuela”, expuso que en le caso de la migración Canarias-Venezuela la historia no avanza en línea recta, sino en círculos; no es una historia de partidas y retornos definitivos, sino un bucle incesante de idas y venidas. “Los canarios llevaron en su maleta sus recuerdos, sus giros idiomáticos y sus lamentos. En la Venezuela acogedora generaron una nueva identidad mestiza. Y varias décadas después, el espejo ofrece una imagen reflejada” cuando son ahora los y las venezolanas quienes vuelvan a las islas desde donde salieron sus abuelos y padres.

En opinión de Dávila Mendoza, proceso migratorio no puede explicarse únicamente a través de la frialdad de la estadística y el dato propios de la historia, pues es necesario incorporar aspectos más antropológicos para analizar la memoria afectiva que ayuda a configurar la identidad en un proceso de diáspora. Por ello, señaló que desde ese punt d Evista, la gastronomía y la cocina supone el primero memoria de resistencia de la población migrante, que seguramente modificó parte de sus atributos personales  para adaptarse al nuevo contexto, pero permanece fiel a los sabores y olores de su tierra natal. “Los recetarios familiares son verdaderos focos de supervivencia de identidad. Cada guiso es un acto político de afirmación identitaria porque la gastronomía es el puente más honesto y duradero entre ambas orillas del Atlántico”.

El fenómeno migratorio venezolano es de una magnitud considerable en España, con unas 84.000 personas de dicho origen residiendo en Canarias, lo cual sitúa a esta comunidad autónoma entre las tres españolas que acogen a más migrantes de ese país. Sin embargo, esos fríos guarismos no sirven para explicar otras realidades de la migración, como la homologación de titulaciones y saberes y la lucha contra la desigualdad. En esos ámbitos, cuando fallan las instituciones, cobran importancia las redes informales que sirven como apoyo contra fenómenos como la xenofobia y la agorafobia. “Los migrantes son convertidos en chivos expiatorios de mucho problemas, pero la respuesta no puede ser el repliegue”.

La ponente puso cara al fenómeno de la migración a través del relato de Andrés del Rosario, un agricultor de Icod de los Vinos nacido en Icod de los Vinos que, al cumplir dieciocho años se convirtió en desertor del servicio militar y recaló en Caracas, en donde pasaría a convectores en Delfino del Rosario, pues en su nuevo hogar comprendió que su identidad podía ser líquida y moldeable. A partir del archivo fotográfico familiar de este hombre que trabajó en el transporte y la restauración y, según algunas fuentes, fue el primer repartidor de carbón de la capital venezolana, Dora Dávila explicó el proceso de adaptación que experimentan las personas que recalan en otros lugares, de tal modo que terminan construyendo una nueva identidad. La migración es, pues, también un proceso de reinicio.

Carmen Ascanio, Dora Mendoza y Bárbara Rostecka en la apertura del seminario.

Carmen Ascanio, Dora Mendoza y Bárbara Rostecka en la apertura del seminario.

Un análisis de la migración venezolana

Carmen Ascanio, una de las codirectoras del seminario, explica que el objetivo perseguido con esta actividad es abordar la emigración e inmigración tanto venezolana como española, partiendo de la nacional de todas las provincias -aunque con especial afluencia canaria- en los años 40 y 50; y el proceso contrario desde hace quince años, cuando alrededor de 2015 siete millones de personas salieron de Venezuela para asentarse por toda Europa. “Aunque aquí nos parece que han emigrado sobre todo a España, no es así: en torno a un 80% aproximadamente ha terminado en otros países de América Latina como Perú, Ecuador, Chile y, sobre todo, Colombia, que es el país donde más venezolanos hay”.

Precisamente, hoy iba a participar como ponente inaugural del seminario la profesora de la Universidad Católica Andrés Bello Anitza Dolores Freitez Landaeta, para hablar de la inmigración venezolana en Chile, el país protagonista de la edición 2026 de Campus América, pero finalmente no ha podido acudir a la cita a causa de un percance personal. En total, participarán en este seminario de dos días más de una decena de investigadores de la Universidad de La Laguna e instituciones venezolanas.

Ascanio recuerda que a presencia de población de origen canario en Venezuela es considerable, superando a la procedente de otras comunidades como Galicia y Asturias, que son las siguientes en relevancia cuantitativa. La socióloga destaca el asociacionismo canario en Venezuela, con más de 80 asociaciones isleñas en el país latinoamericano. También recuerda la problemática de los hijos y nietos de esa primera oleada Canaria, que no siempre tuvieron nacionalidad española por diversos problemas, una situación solventada recientemente gracias a la leyes de Memoria Histórica y, posteriormente, Memoria Democrática.

Este dato es muy relevante para determinar el retorno a España de esta población, que diferirá mucho según se tenga o no la nacionalidad, e influye además en los procesos de integración, las posibilidades de trabajo y otros factores. “En Canarias se ve dónde se ubica en diferentes áreas ese tipo de población, que en muchas casos no son emigración, sino retorno porque, aunque hayan sido nacionalizados en Venezuela y nunca hayan pisado Canarias, se les considera españoles. Es una situación bastante compleja que debe abordarse desde diferentes vértices”.

Según Ascanio, todo ese proceso circular migratorio no ha propiciado únicamente una movilidad física: “Nos ha dado una movilidad simbólica y cultural. Aquí arepas ha habido desde los años 60, del mismo modo que Venezuela tiene el fororo, que viene a ser gofio. Ese trasvase de patrimonio cultural es básico para entender que aquí no consideramos extraños a los venezolanos”.


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