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Campus América revive la emocionante historia del Winnipeg y su estreno en Canarias

jueves 29 de octubre de 2026 - 14:33 CET

Esta quinta edición de Campus América, el evento internacional organizado por la Universidad de La Laguna, vivió ayer 28 de octubre uno de sus momentos más emocionantes: la presentación en Canarias de la película ‘Winnipeg, el barco de la esperanza’, que relata el viaje en barco durante un mes desde la costa francesa hasta Chile, un navío fletado por Pablo Neruda para ofrecer una nueva oportunidad de vida a 2.500 pasajeros españoles que huyeron del país con el final de la Guerra Civil.

Los directores Elio Quiroga y Beñat Beitia, junto al compositor de la banda sonora, Diego Navarro, participaron ayer en Multicines Tenerife en un coloquio posterior al visionado, en que compartieron con el público lo vivido durante el transcurso de este filme de animación. También resultó emotiva la asistencia en la sala tanto de familiares de personas que viajaron en ese barco como del Coro de Voces Blancas del Conservatorio Superior de Santa Cruz de Tenerife, con una importante presencia en la música de la película.

El barco zarpa de las costas francesas repleto de españoles disidentes que pasaron a Francia a través de Los Pirineos, en un duro invierno y corriendo un gran riesgo. Cerca de medio millón de personas huyó por esa vía, y a su llegada muchos de ellos fueron interceptados por la policía francesa, quien los anegó durante meses en un campamento insalobre en la costa de Argelés-sur-Mer, en el Pirineo oriental, donde la disentería, el tifus, el frío y el hambre eran permanentes.

“La película relata esta tremenda gesta del siglo XX y muestra el enorme talento de los creadores españoles, chilenos y argentinos”, sostuvo Manuel Díaz Noda, miembro del Aula de Cine de la Universidad de La Laguna y moderador del coloquio. “Es un ejercicio de verdad histórica, de transmisión de lo ocurrido sobre unos hechos poco conocidos en nuestro país”, sostuvo Elio Quiroga, quien contó junto a Beñat Beitia el proceloso trabajo de investigación previa, de consulta de fuentes y de entrevistas con algunos de los protagonistas de ese viaje y de sus descendientes, “desde el respeto a las personas que lo vivieron, pero sin falsear ningún dato y basado en hechos refutados”, agregó.

Tras un mes de travesía con todo tipo de eventualidades, entre ellas un intento fallido del golpe de estado en Chile, el barco llega a Valparaíso el 3 de septiembre de 1939, justo el día en el que estalla la II Guerra Mundial en Europa. Se trató de un viaje repleto de experiencias que no pudieron contarse al completo en la película: “Cuando haces cine de animación muchas escenas se quedan fuera, porque hay que ser muy sintético e ir directamente a la acción, si no, no funciona”, explicó Beitia, para añadir que momentos como las noches de representaciones de teatro en el barco o el coro formado por varias personas vascas, que amenizaba muchas veladas, hubo de dejarlas fuera del filme.

La obra da buena cuenta de los bulos que, como sucede hoy, se propagan y parecen imparables. Entre ellos que el barco estaba lleno de infectados de enfermedades contagiosas, lo que no era verdad, o la evidente xenofobia de parte de la población chilena ante la llegada de los inmigrantes, unos izquierdistas que venían a quitarles el trabajo.
El filme relata parte de la red internacional de acogida que se montó entre Chile y España para que el navío, cargado de esperanza, llegara a buen puerto. En esta operación de apoyo jugó un papel decisivo Delia del Carril, la entonces compañera de Neruda, cuando vio la situación insostenible en la que se encontraban cientos de familias españolas.

Es un barco hacia la esperanza, hacia el futuro, y que refleja momentos en los que países que hoy son aliados “en su momento no se portaron tan bien con los españoles”, todo ello desde la mirada de una niña, la protagonista de la historia, testigo de momentos crueles y decisivos que no tenía que haber vivido, y de su padre, un ingeniero que luego resultó ser años más tarde el responsable del puerto chileno de Arica, donde hizo el barco su primera parada. Esta producción ha llevado cinco años de trabajo. “Es para verla y llevársela a casa”, señaló Quiroga, “para hablarla en familia, ahora que cada vez se dialoga menos”.


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