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Blanca Vila: “Muchas veces se patenta tan solo por tener curriculum”

jueves 26 de abril de 2018 - 14:25 UTC

Con motivo del Día Mundial de la Propiedad Intelectual, el Vicerrectorado de Investigación de la Universidad de La Laguna, a través de su Oficina de Transferencia de Resultados de la Investigación (OTRI), ha celebrado hoy 26 de abril una ponencia dedicada al mundo de las patentes en el ámbito universitario, que ha sido impartida por Blanca Vila, jefa del Área de Búsquedas de la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM).

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El vicerrector de Investigación, Francisco Almeida, destacó al inicio de la conferencia, a la que asistieron cerca de un centenar de personas, la apuesta institucional que se está llevando a cabo para potenciar la transferencia al tejido productivo desde el centro académico. Ejemplo de ello es la reciente puesta en marcha del programa Agustín de Betancourt, financiado por el Cabildo de Tenerife, o el nuevo impulso dado a la OTRI, prácticamente cerrada durante años y ahora dotada de nuevo personal técnico.

Antes de su conferencia, el Gabinete de Comunicación tuvo ocasión de entrevistar brevemente a la ponente. La práctica de la comercialización de la tecnología en las universidades no está precisamente muy extendida. Los investigadores hacen su trabajo, algunos lo patentan pero en la mayoría de los casos esas patentes no se traducen en una explotación comercial. “Es que no es fácil, tiene que haber una labor por parte de la universidad o de otro organismo ligado a ella, se trata de una labor casi comercial, hay que buscar dónde esa innovación puede tener desarrollo”, explica Vila.

A veces parece que se patenta por una cuestión reputacional, es decir, los investigadores, para poder acercarse a una empresa y que ésta se interese por su desarrollo, se ven obligados a patentar primero. “Lo cierto es que muchas veces se patenta también tan solo por tener curriculum, porque se entiende como un rasgo de prestigio personal, pero lo que ocurre es que el sistema de patentes no está pensado para eso”.

Con la nueva Ley de Patentes de abril de 2017 la exención de tasas del 100% que tenían las universidades para la solicitud de patentes se ha reducido al 50%, si bien es cierto que pueden llegar al 100% si luego se explota la invención. “Lo que se quiere es que se presenten solicitudes de patente realmente buenas, porque muchas de las cosas que se presentan no son realmente innovaciones”.

En la evaluación de la actividad de profesorado a la hora de la consecución de sexenios, lo que se valora no es tener una patente concedida, sino que haya sido explotada. “El sistema de patentes lo que pretende es que las invenciones se publiquen y a cambio se le da al inventor el monopolio de explotación de esa invención, pero tiene que divulgarla y darla a conocer, con el propósito de que vengan otros detrás y la mejoren. Así avanza la soicedad”, añade la experta.

Vila reconoce que de todo lo que se patenta en general el porcentaje de explotación es bajo. “Hay innovaciones que cuando se quieren llevar a la práctica a lo mejor ya no son rentables comercialmente, el consumidor no las acepta como tal porque no funcionan como se pensaba…. Hay muchas patentes que no están en el mercado por diversas razones: comerciales, de fabricación o de gustos del consumidor”.

¿Cabría pensar que fueron mal patentadas? La respuesta es que no. “De hecho lo primero que hay que hacer es patentarlo y luego ya se verá si se explota o no. Pese a los últimos años de crisis económica y de recorte de presupuestos en I+D, en el caso de las universidades se ha producido un aumento de solicitud de patentes de más de un 20%. Blanca Vila valora esa evolución, al tiempo que afirma que también se trata de una tendencia natural dentro de la sociedad, pese a que estemos todavía en unos niveles bajos. “Lo importante no es patentar mucho, sino bien, y luego transferir”.

Son las grandes universidades metropolitanas de Madrid y Barcelona las que ocupan el mayor espacio en patentes de centros de educación superior. Preguntada la ponente acerca de qué lugar ocupan los centros medianos o de provincias, Vila afirma sin tapujos que mucho. “Hay muchas universidades de tamaño mediano con muchas patentes”. En el caso canario, todo lo relacionado con ciencias marinas, energías renovables, productos naturales y agroalimentarios es susceptible de dar pie a nuevas innovaciones, aseguró.

Vila explicó a los participantes en su charla que resulta vital consultar la información sobre patentes antes de iniciar la investigación para no llegar a resultados redundantes, que ya existen. Muchas veces se obvia la información de patentes porque se piensa que es información que no está disponible y no se puede consultar, y no es cierto. De hecho, existen bases de datos gratuitas de patentes en Internet. Las oficinas de patentes tenemos la obligación de difundirlas y dar a conocer su contenido”.

Se patenta cuando se tiene un resultado novedoso, ni antes ni después. Si se hace mucho antes luego la patente no contiene los últimos descubrimientos, “por lo tanto se trata de un momento crítico que hay que decidir con calma”. Todavía siguen llegando a las oficinas de patentes investigadores que primero publican y luego quieren patentar, cuando es al revés. “Yo pensaba que esto ya lo sabía todo el mundo, pero no, sigue habiendo gente que lo hace al revés y luego se llevan un disgusto, porque ya no pueden patentarlo”.

En la oficina nacional manejan del orden de unas dos mil o tres mil patentes al año. Reciben modelos de utilidad, también cifrados en otros dos mil, y además gestionan las patentes concedidas ya por la Oficina Europea de Patentes, del orden de 20.000, que deben recibir validez en España. “Nuestro reto es que se proteja más y mejor la propiedad industrial e intelectual, en la idea de luego poder compartirlo con todos”.

 


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