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Coto a las especies invasoras

viernes 05 de octubre de 2018 - 12:01 UTC

Poner freno al Ulex europaeus, popularmente conocido como tojo, es el objetivo que persigue el proyecto capitaneado por el director del Departamento de Botánica, Ecología y Fisiología Vegetal de la Universidad de La Laguna, José Ramón Arévalo, y que se desarrolla a la par con Francia, Nueva Zelanda e Isla Reunión. Se trata de un programa de investigación coordinado, de tres años de duración y financiado por la Fundación CajaCanarias, que busca generar las propuestas de actuación más adecuadas para controlar la proliferación de esta planta invasora, extendida en la actualidad por todo el mundo.

En el caso de Canarias, el tojo se localiza solo en Tenerife, y concretamente en norte de la isla, donde se le conoce como espino por los numerosos pinchos que tiene este arbusto de bonitas flores amarillas, perteneciente a la familia de las leguminosas. Aun así, y pese a su aspecto floreado, “es una de las pestes de las plantas invasoras”, ‒aclara José Ramón Arévalo‒, “que llegó a Tenerife en el siglo XIX y, por lo que sospechamos, en una época en la que se repobló terreno con brinzales de eucalyptus procedentes de Galicia, aunque es una suposición especulativa”.

Ese hecho, unido al interés puntual de algunos agricultores locales para darle el uso que tiene en Asturias y Galicia, ‒de donde es originaria y se utiliza como forraje y delimitadora de fincas‒, propició una “expansión espontánea” que la ha convertido en una especie abundante en los municipios de Buenavista y San Juan de La Rambla, así como en el barrio de Icod el Alto (Los Realejos). La razón es que la zona se quemó y posteriormente se limpió con la intención de que se volvieran a trabajar los campos, y fue “ese manejo humano del terreno lo que ayudó a su dispersión”.

Impacto controlado

Estas circunstancias evidencian que “la especie no es lo suficientemente adecuada para Canarias pero sí lo suficientemente competitiva para establecerse, ya que también es capaz de hacer colonización de lavas”. No obstante, el director del proyecto puntualiza que se trata de una planta que no produce ningún daño, ni inhibe el crecimiento de otras especies, lo único que hace es ocupar el espacio que debería habitar la vegetación potencial de la isla: “Es leguminosa y fijadora de nitrógeno, pero ni siquiera desplaza a otras especies”. Pese a esto, lo cierto es que una vez que la planta se ha establecido, se imbrica y se hace parte del ecosistema, es imposible erradicarla, por lo que el trabajo que se está desarrollando desde marzo (fecha de inicio del proyecto) se centra en ver qué posibilidades hay de controlarla y, sobre todo, de evitar que aparezca en otras islas.

En ello trabajan un estudiante posdoctoral y una becaria de la ULL, dirigidos por José Ramón Arévalo, a los que se suman el personal de los centros internacionales implicados, como  el Bordeaux Sicences Agro de Francia, el centro de gestión forestal de Nueva Zelanda y el grupo de investigación de Isla Reunión, con la participación también de profesores de la ULPGC. En total, un equipo de 14 personas completamente coordinadas que mantiene reuniones regularmente y cuenta con un método de trabajo muy parecido para poder comparar los resultados obtenidos.

En estos momentos se están haciendo experimentos de trasplante porque se ha comprobado que al coger plantas nativas (norte de la Península) y ponerlas a crecer junto a las de Nueva Zelanda o Isla de Reunión, ‒donde el espino lleva 200 años introducido, es muy abundante y de alguna manera lo aprovechan‒, la agresividad es mayor en las nuevas zonas de acogida que en las originarias, probablemente debido a que “adquieren ciertas ventajas competitivas”.

Por este motivo, es primordial identificar el grado de agresividad del Ulex europaeus, averiguar cómo se puede controlar, qué mecanismos de erradicación usar para limpiar determinadas zonas y qué tipo de tratamientos posteriores a las actuaciones son los más adecuados. Una de las opciones que se baraja es retirar la planta y restaurar la zona plantando especies endémicas que ocupen ese espacio. Y es que, aunque no es el caso del espino, al menos en Tenerife, las plantas invasoras son la segunda causa de pérdida de biodiversidad en el Planeta después del deterioro de los hábitats.

Protocolo de actuación

El proyecto, dotado con 46.000 euros, está claramente definido desde el principio. A la fase de trasplantes mencionada anteriormente, con semillas que están germinando en campos a distintos niveles longitudinales para comprobar qué planta es más agresiva, se une la distribución potencial de la especie, es decir, la búsqueda de una cartografía donde la planta invasora aún no figura, de cara a una posible prevención. Finalmente, se procede a la erradicación o fase de tala.

Paralelamente a estas fases se han realizado estudios para profundizar en la biología de la especie y conocer a qué temperatura germina mejor la semilla o qué foto-periodos favorecen su crecimiento, aspectos que no solo han sido objeto de brillantes Trabajos de Fin de Grado (TFG) por parte de alumnos de la ULL, sino que han sido abordados en tesis doctorales o en colaboraciones internacionales.

En estos trabajos previos al arranque del proyecto ‘Análisis y gestión de riesgo de una especie invasora (Ulex europaeus)’ ha sido muy importante (además de la financiación de la Fundación CajaCanarias) el apoyo del Cabildo de Tenerife, con el que se tiene una línea directa de colaboración, y que ha cedido personal y medios materiales, sobre todo en las etapas de tala. Otros colaboradores que prestan su apoyo son la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio del Gobierno de Canarias y el Ayuntamiento de San Juan de La Rambla, que ha ofertado el uso de terrenos durante el tiempo que dure el estudio, hasta marzo de 2021.

José Ramón Arévalo es consciente de que no se puede “hablar alegremente de erradicar”. Antes hay que conocer bien la especie, y eso es lo que se pretende con este proyecto, ‒que tiene aún por delante más de dos años de duración‒, y con el que se espera profundizar hasta el punto de realizar publicaciones internacionales con todos los datos que se obtengan y editar algún manual de trabajo que sea útil en posteriores trabajos de erradicación de especies.

También está en contra del alarmismo que a veces se crea respecto a las especies exóticas, que en su opinión son “pasto mediático de populismo científico, falto de datos que lo corroboren. Las interpretaciones deben centrarse más en los datos y menos en la ideología”.

Gabinete de Comunicación


Archivado en: Botánica, Ecología y Fisiología Vegetal, Ciencia ULL, Facultad de Ciencias, Investigación, Protagonistas

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