Este monográfico examina la persistencia de la dominación masculina. Se aborda la diferencia como eje central del feminismo, defendiendo la ambigüedad, la pluralidad de identidades y la necesidad de un sujeto feminista excéntrico frente al orden heterosexual. Se reconstruye la evolución del concepto de violación mostrando cómo la víctima tardó siglos en ser reconocida como sujeto autónomo. Se analiza el paso de una concepción moral y patrimonial de la violación a una noción centrada en el daño físico y psicológico. Se denuncia la normalización social de la violencia contra las mujeres y la define como una violencia estructural del patriarcado. Se desmontan mitos como los celos, el alcohol o la provocación femenina, que justifican al agresor y culpabilizan a la víctima.