El alumnado olvidado

FECHA: 27/09/2019

AUTORA ÁFRICA BORGES
ILUSTRACIÓN CARLA GARRIDO

Departamento de Psicología Clínica, Psicobiología y Metodología 
Universidad de La Laguna

El alumnado de altas capacidades demanda, por sus características cognitivas, especialmente su mayor velocidad de aprendizaje, programas educativos específicos. El porcentaje de estudiantes con talento de esta categoría oscila entre el 10% y el 20%. No obstante, el último informe publicado por Ministerio de Educación (curso 2016-17), el porcentaje de alumnado atendido por el programa de Necesidades Específicas de Apoyo Educativo (NEAE) por razón de su mayor dotación intelectual o talento está en tan solo del 0,33%. Y no porque falte legislación: tanto en las leyes estatales de educación (desde el año 2002) como en muchas de las comunidades autónomas (Canarias es una de ellas desde 2003) se recoge la necesidad de su diagnóstico y de ofrecerle una respuesta educativa. Entonces, ¿por qué se deja sin atender a la mayoría de estudiantes con talento?

Una respuesta es la existencia de mitos en torno a este alumnado, de entre los que cabe destacar dos. El primero, es la alarma social que genera el diagnóstico asociado a la sobredotación de venir acompañando de un desajuste personal y social. Esto hace que frecuentemente las familias consideren las altas capacidades como una mala noticia. Sin embargo, lo cierto es que no es así: este alumnado, como grupo, tiene el mismo ajuste personal y social que sus padres, si no más. Lo que no implica, sin embargo, que algunos sufran falta de apoyo y aislamiento; pero esto no es una característica exclusiva de las personas con alta capacidad intelectual.

El segundo mito es el de asimilar alta capacidad a alto rendimiento académico. Si bien el primer predictor de éxito académico es la inteligencia, otros factores son fundamentales, especialmente la motivación. Dada su mayor velocidad de aprendizaje, este alumnado capta rápidamente los contenidos por lo que, de repetirse, acaban por aburrirlos y desmotivarlos, produciendo resultados académicos deficientes. Una consecuencia de esto es que se dificulta su detección, por parte del profesorado, desde el momento que se esperan grandes logros académicos y descartando a quienes no destaquen por sus altas calificaciones.

Un problema adicional con el que nos enfrentamos a la hora de abordar esta cuestión es el concepto mismo de alta capacidad. De hecho, hay al menos cuatro propuestas de definición: la basada en la inteligencia; aquella en la que se ponderan otros factores, como la creatividad; aquella en la que se valoran aspectos de rendimiento y, por último, la que considera que el contexto social actúa como catalizador. El problema estriba en que adoptar un modelo u otro tiene consecuencias prácticas, pues determina la forma de identificación y de intervención. Es posible por tanto que, dependiendo de la zona geográfica, un mismo estudiante pueda ser o no considerado de altas capacidades.

Hay también un problema de capacitación del profesorado; se detecta falta de formación específica en esta materia, tanto en los grados en educación, en los que con suerte encuentra alguna asignatura en los programas de estudio, como en los posgrados; no existen en España títulos oficiales de máster de este campo, tan solo títulos propios en algunas universidades públicas o privadas.

Estas carencias en la formación del profesorado es grave, pues es éste el responsable de la detección temprana y de la atención educativa que debe recibir este colectivo; colectivo para el que en algunos casos se deben hacer adaptaciones curriculares específicas en relación a su implementación, diseño y contenidos. Es por tanto evidente la necesidad de contar con profesorado capaz de detectar e identificar a este alumnado; que conozca sus características y capacitado para intervenir eficazmente.

Es preciso poner remedio a las carencias de formación y educación de nuestros estudiantes más capaces y distinguir entre igualdad y equidad. La igualdad aquí es injusta, porque cada escolar debe recibir la formación que requiera para el aprovechamiento máximo de su dotación. La alta capacidad es una potencialidad, no un logro adquirido, y necesita programas específicos para que se haga realidad. Por tanto, hay que procurar, en base al principio de equidad, la adaptación de contenidos y competencias a sus características. Y ello por dos razones. Por justicia, pues merecen recibir la formación precisa acorde a su capacidad; y por el bien de la comunidad, para que su formación sea suficientemente estimulante para que alcancen su potencial y sirvan como motor de desarrollo.

En este sentido, la Universidad de La Laguna ha asumido un claro compromiso desde hace más de una década. Prueba de ello es el hecho de que se viene desarrollando tres programas en esta línea. Uno de ellos es el Programa Integral para Altas Capacidades, que desde el curso 2003-04 contribuye al desarrollo integral de la población afectada entre los 3 a los 18 años, y que incluye un programa específico para progenitores. Otro es COMPARTE-ULL, actualmente en su segunda edición, dirigido a estudiantes entre los 6 y 16 años, orientado, en este caso, a potenciar las vocaciones científicas. Este programa se despliega a través de talleres formativos mensuales impartidos por estudiantes de doctorado que exponen, lúdica y didácticamente, el tema de sus tesis doctorales. El tercer programa, es ATENEA-ULL, dirigido a alumnado universitario de todas las titulaciones y que cuenta con un diseño pionero y actualmente en su primera edición. El objetivo es aumentar la motivación y exponerles a temas que no figuran en los currículos formativos de sus grados. Para ello, se cuenta con más de 80 profesores de todas las áreas de conocimiento que han realizado 650 actividades, específicas para perfiles concretos y cinco lecciones magistrales, de carácter general.

El alumnado de altas capacidades intelectuales necesita programas específicos diseñados para potenciar sus capacidades. Es pues una exigencia que las instituciones educativas le ofrezca la educación que les corresponde y que la sociedad conozca su realidad, sin mitos. Saquémoslos del olvido.